martes 31 de enero de 2023

Análisis

El Mundial, la fiesta, el alcohol

Fernando Fernández Herrero realiza una observación sobre el después de los festejos tras los partidos del Mundial.

miércoles 07 de diciembre de 2022
El Mundial, la fiesta, el alcohol
Foto: archivo.
Foto: archivo.
Por Fernando Fernández Herrero*

Estamos atravesando días de enorme alegría popular, de esas tan grandes que hasta se suman los que no se consideran parte de lo popular. Para algunos estas alegrías son de los pocos momentos en que la vida les permite sentir que ganaron, por eso figuras como Maradona y Messi son tan queridas, porque nos llevaron hasta la puerta del arco y nos dejaron empujar la pelota, por eso tengamos la edad que tengamos los relacionamos en nuestro cerebro con un momento de felicidad, de los pocos que tal vez tuvimos en años.

No es respetable el discurso de que la alegría del futbol durante el Mundial es una forma de alienación por la que la sociedad es distraída por un nefasto poder superior para que no se indigne lo suficiente por lo que el que esgrime ese argumento piensa que debería indignarse. No es respetable porque el mundial sucede un mes cada 4 años, no es respetable porque para que alguien pudiera arrogarse el derecho a decidir que alguien no sea feliz, debería ponerlo en práctica primero en su propia vida, anulando cualquier motivo de disfrute mientras haya algún problema en el mundo por el que indignarse. Por último, no es respetable porque estando en democracia, no se puede construir una sociedad mejor, si no es desde la alegría.

El problema no es la alegría, el problema no es el futbol, y por supuesto el problema no es la selección, el problema sí son los sufrimientos y frustraciones contenidas a través del tiempo, que en ese momento salen en algunas personas violentamente para fuera como la erupción del Puyehue, escupiendo piedras y rayos, tantos días de sentirse abrumado, discriminado, no reconocido, oprimido, con el futuro robado, ninguneado, explotan al terminar el partido, y crean un cauce que puede tornarse violento si no se desnaturaliza esa violencia de cuajo, en el primer instante.

Este coctel social, como pasa siempre, es potenciado con el alcohol, como dijimos hace unos años, la mayoría de los crímenes que se purgan en el penal fueron cometidos en estado de intoxicación, también la gran mayoría de las muertes en accidentes de tránsito son producidos por el consumo problemático de alcohol.

En los últimos festejos de la selección hubo en Bariloche momentos de violencia, algunas personas intoxicadas produjeron agresiones y destrozos, esta situación, además de empañar la fiesta, y dejar como noticia lo negativo, es observada y aprendida por los menores que ven a sus padres, madres, hermanos/as, tíos/as, vecinos/as, emborracharse para manifestar la alegría, y ese mensaje tristemente incidirá en sus vidas para siempre.

Hoy le conté a los chicos y chicas de la Fábrica de Futuro, en el saludo de la mañana, que mi vecino Palito Linares, eterno dirigente de los bomberos, siempre se asoma y me reta si me ve haciendo un asado sin una botella de agua al lado, porque el fuego, como la violencia, si se corta de entrada es mucho más fácil de manejar, no naturalicemos ver gente tomando alcohol en medio de una muchedumbre, y mucho menos si hay familia, chiquitos, y abuelos, presentes.

Apaguemos el incendio de entrada, con el chorro de agua de una frase cortés que explique que una fiesta popular no es lugar para emborracharse y violentarse. Si todos los que rodean una situación así actúan rápidamente, el fuego se aísla y se apaga.

 

*Director Fábrica de Futuro – Fundación San José Obrero

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