2026-02-15

Ayuda humanitaria

La experiencia de una barilochense en Sudán del Sur como parte de Médicos sin Fronteras

Jessica Gallardo es trabajadora social y desde hace tiempo anhelaba ser parte de una iniciativa humanitaria. Cómo fue su experiencia en África.

Jéssica Gallardo es trabajadora social. Durante años, se desempeñó en distintas áreas en Bariloche, pero tiempo atrás comenzó a sentir la necesidad de ser parte de alguna iniciativa humanitaria, diferente, solidaria. En esta búsqueda, se encontró con Médicos Sin Fronteras y pasó un largo período en África, en medio de una realidad totalmente diferente, de la que volvió siendo otra persona. 

Médicos Sin Fronteras es una ONG independiente cuya principal misión es facilitar el acceso a la salud a la población de distintos lugares en los que se presentan dificultades. Actualmente, la organización está presente en más de 70 países y en cada uno, tiene un proyecto diferente que se adecúa a las necesidades del sitio.

Al ser una ONG independiente, sin intervención de ningún gobierno ni empresa o laboratorio vinculado a la salud, se sustentan de donaciones particulares de personas de todo el mundo. Esto garantiza, además, una libertad de trabajo en donde sea que estén. 

Equipo de promoción de la Salud en sesión sobre prevención del cólera en zonas rurales. Foto: Jéssica Gallardo

“Hace años tenía ganas de ser parte de un proyecto similar, y sabía que Médicos sin Fronteras está conformado por distintos perfiles, no solo profesionales de la salud”, indicó Gallardo en diálogo con ANB. De esta manera, dio el primer paso a lo que sería una experiencia trascendental en su vida. “Hay antropólogos, sociólogos, abogados, arquitectos, ingenieros, matemáticos; hay personas de las más variadas profesiones, ya que es una ONG enorme que tiene muchas implicancias”, detalló.

Así, se inscribió a través de la página web sin saber qué pasaría y poco tiempo después, ya se encontraba realizando la primera entrevista. Hubo varios pasos que son parte del proceso de selección, hasta que finalmente le informaron que era parte de la ONG, aunque restaba saber hacia dónde tendría que ir. 

“El proceso de reclutamiento es largo, no es que inmediatamente vas a terreno. Hay una primera entrevista, una segunda, un test y examen para evaluar capacidades técnicas, otra entrevista más y me designaron el lugar”, contó. Sudán del Sur era su destino. La incertidumbre era enorme, pues era un país desconocido por completo, un continente en el que nunca había estado y una cultura totalmente diferente, pero nada la amedrentó.

Reunión con grupo de mujeres. Foto: Jéssica Gallardo.

“Al principio me generó un poco de dudas, porque sentía que era un lugar demasiado inabarcable, muy remoto, muy lejano. Lo pensé, respiré hondo y bueno, dije: "Vamos, ya me anoté". Antes de su viaje, recordó que “tuve que hacer un curso de preparación de dos semanas” y luego partió hacia África. 

“Primero llegué a Yuba, la capital, después de un vuelo larguísimo. Lo que vi no me generó tanto extrañamiento; es una ciudad que tiene sus cosas, pero no tan diferente a lo conocido. Estuve unos días, me prepararon, me dieron todas las normas de seguridad, prioridades, etc.”, recordó.

Tras su paso por la capital, Jéssica Gallardo finalmente viajó al primer destino. “Eso fue más impactante, una zona más inhóspita, rural, viendo de qué se trataba”, relató. En su estadía en Sudán del Sur estuvo en tres proyectos diferentes, de acuerdo a la necesidad que tenía cada región. 

Integrantes de MSF en una actividad de prevención sobre el lavado de manos. Foto: Jéssica Gallardo.

“Cada uno tuvo su complejidad; el primero era muy remoto, con mucho conflicto de seguridad. En el otro destino, la complejidad estaba dada por una emergencia de cólera, por lo que había que actuar rápido y eficientemente. El otro es complejo técnicamente, muy grande, muchas dimensiones”, señaló.

El cambio de vida para la barilochense, sin dudas, fue grande e impactante. “Quizás lo vinculado a cuestiones de seguridad fue lo más desafiante, porque hay un horario límite para estar en la calle, no se puede caminar sola, hay lugares a los que directamente no se puede ir”, dijo y agregó que “antes de ir pensaba que iba a poder salir a correr como acá, algo que no ocurrió nunca”. 

En este sentido, añadió que fue vivir en una “cultura absolutamente diferente, donde se hablan lenguas locales, tienen otras creencias, existe la poligamia, todo lo que ves es distinto, el acceso a la telefonía celular no está disponible, entre otras cosas”.

Actividad de sensibilización con la comunidad por el Día Mundial de Prevención del SIDA. Foto: Jessica Gallardo. 

Jéssica recuerda momentos o hechos que le quedaron marcados, como “haber salido a acompañar al equipo, a los agentes sanitarios, ver ese trabajo que hacen yendo casa por casa. El equipo recorriendo, trabajando, me impactó muchísimo”.

“Los equipos internacionales vivimos en especies de albergues y nos traen comida de la capital, aunque hay momentos en que no llega por problemas de seguridad o por factores climáticos, y ahí es vivir a arroz y porotos”, remarcó.

La complejidad de los países donde tiene presencia Médicos Sin Fronteras suele ser lo que más marca a los integrantes de la ONG, que llegan desde y a todo el mundo con el objetivo de acercar servicios de salud y atención. 

“Es hermoso el vínculo con la gente de la ONG y con la gente local, uno comparte un montón. Para mí todas las despedidas fueron durísimas, algunas terminaban con un llanto tremendo, porque se comparte mucho. Son personas con las que vivís y trabajás, y se forman vínculos muy fuertes”, finalizó. (ANB)

 

Si querés donar un aporte a Médicos Sin Fronteras, podés hacerlo a través de este link.

 

Te puede interesar