Cambio climático
¿Cuáles serán las consecuencias del invierno seco?
La región vuelve a estar marcada por un invierno seco, con muy pocas precipitaciones, sin nieve y con temperaturas poco usuales para el invierno. Pero más allá de la preocupación actual, esto genera consecuencias en el futuro, a corto y largo plazo, advirtiendo por la llegada un verano complicado para el ambiente, especialmente, con alta probabilidad de incendios forestales.
El invierno atípico en la Patagonia, no es, sino, otra muestra del cambio climático que afecta al planeta. La falta de nieve fue noticia nacional, debido al impacto que genera en la industria turística, pero la preocupación va mucho más allá, con los ojos puestos en una temporada estival compleja, con bosques secos, tormentas eléctricas en aumento y un riesgo de incendio latente.
Siguiendo las estadísticas relevadas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), actualmente estamos a menos del 50% de las precipitaciones esperadas para esta época del año.
“El SMN estima una media de 800 milímetros por año para Bariloche (estación meteorológica del aeropuerto). Lo normal es que unos 600 milímetros, o el 75% aproximadamente, caiga en otoño e invierno. Este año, si bien queda más de un mes de invierno, se registró menos del 50% de lo que debería haber caído”, detalló Juan Paritsis, biólogo, especialista en ecología de bosques e investigador del Inibioma - Conicet.
Hasta el momento, las precipitaciones no superaron el 50% de lo que promedia en esta época del año. Foto: Marcelo Martínez.
Paritsis remarcó que si bien se suele estudiar la sequía en épocas de verano o primavera, la sequía en invierno representa una gran preocupación para los especialistas , ya que “causa una reducción en las napas que utilizan los árboles para crecer e hidratarse” cuando finaliza esta estación y comienzan las temperaturas más altas.
Esto tiene un impacto directo en el ambiente. “Al no tener la suficiente humedad en las napas, los árboles comienzan la temporada de calor con un déficit hídrico, y a esta situación se le suma la sequía natural de la zona en verano”, señaló el experto.
En verano, el calor se combina con un ambiente seco y “se genera lo que llamamos aridez, es decir, una combinación de altas temperaturas y bajas precipitaciones”. Según explicó, este panorama afecta de forma directa a los bosques, ya que se dificulta el sistema de hidratación y nutrición de las plantas y esto puede derivar en la muerte de especies arbóreas nativas.
Paritsis manifestó que ante las temperaturas altas de verano, con largos períodos sin precipitaciones, los árboles recién establecidos, es decir, los más jóvenes con raíces menos profundas, sufren mucho más el impacto y esto trae consecuencias a largo plazo, ya que son “el futuro de los bosques”.
La región se ve afectada por la falta de nieve durante el invierno. Foto: Marcelo Martínez.
Con este panorama, y por el momento, un invierno seco como hace años no se registraba, “ocurre que el combustible forestal está seco de forma más temprana en la temporada y ante cualquier foco de ignición, como una fogata mal apagada o un rayo, el fuego se propaga más rápido”, señaló
Si bien un invierno con intensas nevadas tampoco es garantía de que en verano haya menos incendios forestales, la sequía aumenta las preocupaciones. Paritsis explicó que las lluvias que se registraron en los últimos días, ayudan, aunque la falta de nieve en las montañas augura un verano sin deshielos, fenómeno imprescindible para mantener el nivel de las cuencas hídricas de los alrededores.
“Las lluvias ahora colaboran, pero un porcentaje de esas precipitaciones, se escurre, por lo que las napas siguen sin tener la humedad necesaria para los bosques”, manifestó y agregó que si bien las previsiones a largo plazo se pueden modificar, “las predicciones para los próximos meses, son precipitaciones normales a bajas en primavera”.
“Un invierno seco siempre levanta alertas con relación a la temporada de incendios”, manifestó y añadió que a esto se suma también otro efecto del cambio climático, que es el aumento de las tormentas convectivas en nuestra región.
La falta de precipitaciones y de nieve afecta a las cuencas hídricas de la región. Foto: Marcelo Martínez.
Siguiendo esta línea, Paritsis indicó que “si tenemos la vegetación más predispuesta a quemarse y le sumamos las tormentas con rayos, el panorama se vuelve aún más complicado”. Con relación a esto, el experto además diferenció entre los incendios producidos por la acción humana, ya que se dan en zonas que, típicamente tienen un más fácil acceso, mientras que “los rayos pueden caer en lugares muy remotos y cuando se detecta un incendio, por lo general, ya es difícil de controlar”.
Así como el clima ha cambiado, también lo han hecho otros factores vinculados. Cuando normalmente acostumbrábamos a tener la “temporada de incendios” entre diciembre y febrero, esto también fue cambiando.
“Al tener inviernos con menos precipitación, otra consecuencia es que la temporada de incendios puede adelantarse, y por ende, también es más prolongada”, manifestó. Ejemplo de esto pasó semanas atrás, en Mallín Ahogado fue escenario de una quema de residuos forestales que se descontroló y avanzó rápidamente hacia un sector boscoso, en pleno invierno.
Sobre esto, remarcó que “por todo esto es imprescindible hablar de incendios antes de verano. Es necesario pensar en prevención y no en reacción. Los grandes incendios que se dieron en los últimos años, solo los frena el factor meteorológico”.
“Tenemos que tomar y generar conciencia, ya que cada vez va a ser un fenómeno de mayor magnitud No podemos intervenir en el clima, al menos no localmente, pero sí en los combustibles y en las igniciones. Si uno mantiene un entorno de interfase urbano-natural, con menos combustible forestal, planta especies menos combustibles, entre otros factores, podemos reducir los riesgos e impactos, especialmente en zonas con población humana”, finalizó.