Historias
Entre la vocación y la crítica: el trabajo de los bomberos voluntarios
“Era Navidad. Pasada la medianoche, estaba jugando con mi hijo después de abrir los regalitos de Papá Noel y sonó la sirena. Ni lo pensé. Salí corriendo”. La historia de Emanuel Marcos se hace eco en miles de historias que tienen en su haber las decenas de Bomberos Voluntarios que componen actualmente el cuerpo barilochense y los que formaron parte de sus filas.
No son más de 200, distribuidos en distintos cuarteles y destacamentos. No reciben un pago, contrario a lo que muchos piensan. Incluso, a veces, salen a combatir el fuego en las condiciones más inseguras. “En el incendio del barrio El Mallín, a uno de los chicos se le quemó todo el traje. Cuando lo revisamos, había vencido en 2010”, relató Natalia Ibáñez.
En las últimas semanas, el saldo de incendios deja números tristes, que a su vez, en muchos casos, desnudan otras realidades. Casas precarias, conexiones clandestinas y sin ningún parámetro de seguridad, sobrepoblación, hacinamiento, vulnerabilidad.
Natalia Ibáñez junto a Ara, una perrita rescatada en el basurero municipal. Foto: Marcelo Martínez.
Suena la sirena y alarma a la ciudad. Los vecinos buscan, desde donde tienen visión, a ver dónde está el incendio. A veces el humo lo delata. Suena la sirena y se arman los equipos de trabajo, con quienes pueden llegar más rápido al cuartel.
“Tenemos una ley que nos ampara, pero nadie quiere descuidar su trabajo hoy por hoy. Es lo que nos da de comer, somos Bomberos por vocación, pero todos tenemos nuestros horarios y laburos”, remarca Mauricio Ibáñez.
La mayoría de las personas que conforman los cuerpos de Bomberos Voluntarios, comparten la pasión por lo que hacen. Verdadera vocación que, en gran parte de los casos, se despertó siendo niños. Una fascinación que los llevó a ser parte de un equipo que sale a combatir las llamas, atender accidentes o participar en rescates por el simple hecho de que los apasiona.
En el cuartel de Ruca Cura, tienen turnos y trabajos asignados para todos. Foto: Marcelo Martínez.
“Vivimos más acá (en el cuartel) que en nuestras casas. A veces cuesta para las familias”, dice Mariela Ayala, integrante del cuartel de Bomberos Ruca Cura, mientras se toma un descanso de las tareas pautadas para mantener limpio el lugar, los vehículos y las herramientas.
Natalia es bombero hace 20 años. Sabe que hay prejuicios e ideas preconcebidas en la sociedad y pese a que intentan hacer caso omiso a las críticas, hay cosas que no dejan de sorprenderla. “Cuando conocí a mi pareja y me tocaba salir a alguna emergencia, un día me preguntó “¿pero cuánto cobras vos por esto?”, desde el desconocimiento total, él y así mucha gente, piensa de verdad que nos pagan”, cuenta.
Con relación a este tema, y a las ideas que hay en la sociedad, señala como ejemplo, que en el último curso para ingresar al cuartel central de Bomberos Voluntarios, se inscribieron unas 100 personas. “En las charlas, al saber que no se pagaba nada, se fueron cuarenta. De los sesenta restantes, ocho aprobaron el curso”.
Desde hace un tiempo, Natalia, decidió dejar su trabajo en relación de dependencia y ahora, realiza costuras, un oficio que heredó de su madre y que intenta continuar con el mismo compromiso. “Ahora no me pierdo de nada. Antes miraba la hora y si se acercaba mi horario de entrar a trabajar, no salía ante el toque de sirena”, recuerda.
En cada emergencia, cuando salen sin importar la hora o la situación en la que estén, queda el entorno. La familia o amigos que se mantienen alertas para saber que volvieron bien, que están sanos y salvos. “Preocupación”, dice Florencia, la pareja de Emanuel, al preguntarle cómo queda ella cuando su compañero sale a una emergencia. “Es mirar las noticias y las redes todo el tiempo, para ver qué pasa”, agregó.
Karen contrajo matrimonio con Mauricio hace pocos meses. Nieta de bomberos, siempre pensó que no se casaría con uno, pero la vida quiso lo contrario. “Tiene su lado bueno y su lado malo. Me gusta acompañarlo y ver el corazón y el coraje que tiene, pero siempre tengo miedo de no saber cómo va a volver”, señaló y ante las críticas, manifestó que “la gente no toma conciencia de nada, no ven el esfuerzo que hacen”.
Mauricio es bombero desde hace casi dos décadas. Foto: Marcelo Martínez.
“Me ha tocado estar en cumpleaños o reuniones familiares y tener que salir corriendo cuando suena la sirena”, contó Facundo Parada, integrante del destacamento de Bomberos Voluntarios de Colonia Suiza (perteneciente al cuartel Ruca Cura). El joven heredó la pasión de su familia. Vive con su mamá, también bombero, e incluso, compartieron salidas juntos.
Antonella Ramírez es bombero hace tres años. Cuando comenzó con la idea, su madre “no quería saber nada”, por el temor que genera para el entorno cada salida, cada intervención, el no saber con qué se encontrarán ni cómo volverán. “Un día sufrió un accidente en una caminata y la socorrieron los chicos de cuartel Ruca Cura. Cuando la vi, me dijo ‘si querés ser bombero, adelante’, aunque todavía se preocupa cuando me ve salir”, recordó.
Antonella Ramírez se sumó al cuartel Ruca Cura hace tres años. Foto: Marcelo Martínez.
Bariloche tiene, además del cuartel central, los cuarteles Melipal, Ruca Cura, Campanario. Cada uno tiene sus particularidades, aunque es sabido que en el cuartel del centro es donde más llamados por emergencias reciben, debido a que cubren una jurisdicción más grande y poblada. Los hechos varían y pueden ir desde accidentes vehiculares a incendios, desde lo más mínimo a lo más grave y difícil.
“Con el tiempo vas trabajando cómo te impactan las cosas, pero siempre te afecta. Nos ha tocado dar la noticia a padres de que sus hijos fallecieron o encontrarnos con gente sin vida y es difícil. Pero trabajamos mucho la contención en equipo”, señaló Mauricio y agregó que “por eso nos pone mal que nos critiquen tanto, porque no saben todo lo que hay detrás”.
Los bomberos concuerdan con que siempre, de forma casi histórica, recibieron críticas. Demoras en llegar, falta de herramientas, camiones sin agua. Se difunde información, muchas veces incorrecta, y quienes quedan en el medio, son los voluntarios.
Emanuel Marcos, además de ser bombero, es paramédico en el hospital zonal. Foto: Marcelo Martínez.
“En los incendios, más que algún que otro insulto, no suele pasar, pero en las redes sociales la gente escribe cada cosa”, señaló Natalia.
En el cuartel de Ruca Cura, cuentan que si bien no les ha pasado en el último tiempo, saben de intervenciones en las que hubo agresiones por parte de vecinos, pero además, “están los comentarios y nos llegan…cuando dicen esas cosas, duele y da bronca”.
“Las emergencias no son planificadas. No podemos estar antes de que ocurra un incendio. Además, hay personas que no entienden que esto lo hacemos en nuestro tiempo libre. Elegimos destinar nuestro tiempo a ser bomberos voluntarios”, remarcó Luciano Guerrero.
Algo en lo que coincidieron todos los bomberos, es que “la gente ve lo que se quemó, pero no se dan cuenta de lo que no se quemó gracias al trabajo en conjunto”. En este sentido, Emanuel remarcó que “hay un montón de veces que se salvan las casas, pero no es noticia”.
“Nos ha pasado de estar en situaciones muy hostiles, con gente que agrede, que insulta. A veces te da un poco de miedo, pero vamos enfocados en nuestro trabajo”, señaló el joven del cuartel central.
Hay una cosa que es segura. Ser bombero voluntario es una vocación. Durante años, se dedican a estar al pie del cañón en caso de una emergencia. Salen sin dudarlo, cada vez que pueden. En sus venas corre la adrenalina y la pasión por estar ahí, dándolo todo, sabiendo que no habrá salario ni nada a cambio, pero “no lo cambiaría por nada”, resumen todos. (ANB)