2025-03-08

Educación rural

La escuela agrotécnica que trajo una oportunidad distinta a los parajes rionegrinos 

Un total de 75 estudiantes de los parajes más recónditos, estudian a la vera de la ruta 23 en una escuela que festejó su tercer aniversario con el anhelo de seguir creciendo.

Allí, al costado de la ruta 23 donde la estepa es protagonista, con los paisajes que van del dorado al gris, allí se yergue el Centro Educativo Rural de Pilca Viejo, casi como recordando la escuela que hubo hace más de 30 años en ese mismo lugar. 

Este es el cuarto año de la institución que nació impulsada por la Fundación Cruzada Patagónica, con el objetivo de dar una oportunidad de educación diferente a habitantes de parajes y poblaciones rurales. 

Ahora son 75 chicas y chicos que el pasado 19 de febrero dieron inicio a un nuevo ciclo lectivo. Además, 42 de ellos viven en la residencia, porque llegan de parajes lejanos y el ir y volver a diario, es imposible. 

El cambio de aquel primer día de clases de 2022, es notorio. Todo empezó con un puñado de adolescentes que comenzaban 1° año sin más compañeros, porque ellos inauguraban la escuela. Ahora, las aulas están llenas y de hecho, necesitan más espacio con urgencia.

Alumnos en clases antes de finalizar la semana de clases. Foto: Marcelo Martínez.

El CER es una escuela de gestión social, y la Fundación que le dio inicio, cuenta con otras dos en Neuquén y Chubut. Entre sus objetivos principales, se destacan el fomento de la vida rural, para incentivar la permanencia en los parajes y evitar el desarraigo y éxodo ante la falta de oportunidades. 

La idea, que se concretó hace cuatro años, comenzó en realidad mucho tiempo atrás. Allá por 2009, en la escuela ubicada en el paraje neuquino San Ignacio, comenzaron a llegar chicos de la región sur rionegrina y esto hizo germinar el deseo de tener otro establecimiento en esta provincia. 

Ahora, allí, en este lugar donde supo estar el paraje hace muchos, muchos años, hay 75 estudiantes que 8,30 horas comienzan la jornada que se extiende hasta las 17 horas. En las clases, tienen todo tipo de materias orientadas a la vida rural y al agro. 

En el predio, además del edificio donde los chicos asisten a clases, duermen y comen, también hay sectores productivos diferenciados por temática. Los gallineros, conejeras, la huerta y un poco más alejado, el chiquero, son parte de los espacios de aprendizaje también.

Los estudiantes se encargan de alimentar animales y mantener la zona productiva. Foto: Marcelo Martínez.

Dentro del pequeño invernadero, Mónica Navarro, profesora de Producción Vegetal, separa unas ramas de apio del resto del verdeo que cosecharon ese día. Allí, los estudiantes de 1° y 2° año dan sus primeros pasos en la siembra y la cosecha, para luego perfeccionar conocimientos en Horticultura y otras materias de años más avanzados. 

“Es muy lindo dar clases acá”, dice sin dudarlo la profe que llega desde Comallo a diario. “Los chicos son muy entusiastas, quieren aprender y también traen conocimientos de sus casas, así que es un aprendizaje mutuo”, cuenta.

Todo lo que se ve, lo hacen los estudiantes como parte de las mismas materias que cursan. Los gallineros, el invernadero, un disecador de hierbas, entre otros trabajos. “Es una cadena, en la que ellos están presentes desde el momento cero”, dice la docente.

Luciana y Tobías, estudiantes de 2° año, también de Comallo, hacen un recorrido por las áreas donde, cada semana, se organizan en comisiones para atender y mantener. A las 9,30 horas es el turno matutino de darle comida a las gallinas, conejos y chanchos, y lo hacen los mismos estudiantes. 

Este año ingresaron 19 estudiantes, aunque dos no pudieron continuar por la falta de transporte. Foto: Marcelo Martínez.

Suena el timbre del recreo y el patio de la escuela se llena de adolescentes. Algunos juegan al metegol, otros se sientan a conversar mate en mano, ya esperando terminar la jornada que, además, marca el regreso a casa por dos días. El lunes, y cada lunes del ciclo lectivo, volverán a este espacio en el que, por seis años, estudiarán para salir con un título de técnicos agropecuarios con trayecto formativo en cooperativismo y agroturismo.

A pesar de destacar el balance positivo que hacen de estos años recorridos, Federico Mutti, director de la escuela, remarca que “tenemos un montón de cosas por cumplir, cuestiones que tienen que ver con la infraestructura que nos permita recibir a más estudiantes”. 

Además de la ampliación del edificio, una de las cosas más necesarias es el acompañamiento con el transporte para los chicos y chicas que llegan de parajes alejados hasta por 200 kilómetros de la escuela, cuyas familias muchas veces no cuentan con recursos ni movilidad para llevarlos cada semana. 

Este año, la matrícula de ingresantes era de 19 alumnos, pero dos de ellos no pudieron continuar por no contar con un transporte que los acerque. Provincia cuenta con el servicio, pero al ser una escuela de gestión privada, no lo ofrece para los estudiantes del CER. 

42 de los 74 estudiantes, viven en la escuela de lunes a viernes. Foto: Marcelo Martínez.

Mutti  remarcó que desde que inauguraron el establecimiento realizan gestiones para contar con el acompañamiento de transporte, pero por ahora, no hay respuestas. No sucede lo mismo con los municipios de Comallo y Pilcaniyeu, desde donde se encargan de buscar y llevar a un total de cinco estudiantes de parajes muy alejados, que no cuentan con los recursos para llegar a la escuela por sus propios medios. 

“Tenemos estudiantes de Mencué, Laguna Blanca, Pilquiniyeu del Limay, de Corralito, de Cerro Alto, de Cuyin Manzano, de Arroyo Chacay, de Ñirihuau, de Comallo y Pilcaniyeu, entre otros”, contó. 

Este año, priorizaron la inscripción para adolescentes de los parajes en lugar de Bariloche, “eso también tiene que ver con las oportunidades. Si bien en Bariloche no está la modalidad agrotécnica, hay un montón de posibilidades para los estudiantes. Tenemos que pensar que hay chicos y chicas de los parajes que, con suerte, tienen la ESRN virtual, pero en muchas escuelas no hay y pierden la posibilidad de estudiar”, remarcó.

Por otro lado, los proyectos de crecimiento no paran en el CER. Este año tienen la intención de sumar producción ovina, “con un pastoreo racional, porque nuestra idea igual es mostrar una forma distinta de producir”, señaló el director.

Los recreos se disfrutan en el predio de la escuela. Foto: Marcelo Martínez.

La Sala de Industria es otro gran proyecto que anhelan concretar. En este caso, el objetivo es “que sirva como cocina comunitaria para que no solo los estudiantes con sus docentes elaboren productos, sino que también los pobladores que tienen una pequeña cosecha y quieran producir algo, lo puedan hacer con un número de habilitación y así llevarlo a un comercio, por ejemplo”, explicó.

La comunidad educativa está compuesta, además, por 36 trabajadores, entre docentes y personal de servicio auxiliar. Algunos de ellos, también viven en la escuela de lunes a viernes, acompañando a los estudiantes. Los trabajadores llegan de Pilcaniyeu, Comallo o Bariloche, aunque el objetivo es que en algún momento, sean solo de la zona, porque al fin y al cabo, son los que conocen la vida en el lugar.

Los sueños son muchos y se diversifican cada año, así como la llegada de estudiantes que son punta de flecha en un proyecto nuevo, que busca hacer y ser parte de la historia de la región sur rionegrina. (ANB)

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