En guardia | ANBariloche
Noticias de la Patagonia

En guardia

Pese a que la Argentina depositó los pagos a los bonistas que aceptaron la reestructuración de la deuda, es posible que el sector financiero considere que el país entra en cesación de pagos. Esto se evitaría si el juez Thomas Griesa repusiera el stay. Se trata de una situación inédita, además de claramente injusta. No obstante la conmoción que puedan sentir algunos, las negociaciones pueden seguir abiertas. Cualquiera sea la resolución del problema financiero, la Argentina atraviesa un momento de la economía que requiere responsabilidad de todos los sectores dirigenciales. Se necesitan un amplio compromiso y consenso para evitar corridas cambiarias y otras maniobras de especulación financiera.
27/07/2014 00:00 Hs.
En guardia
En guardia

Durante las últimas semanas no hubo otro tema de agenda política. El llamado "Juicio del siglo" fue y es el asunto excluyente. Thomas Griesa se convirtió en la cara más vista después de que Mascherano y Messi se tomaron sus vacaciones tras el Mundial. No es un premio consuelo que The New York Times haya puesto en claro lo que muchos saben: el juez del distrito financiero más poderoso de la Tierra está desatento, no comprende las preguntas de las partes en las audiencias, se muestra gagá. Sin embargo, nadie en su sano juicio puede reducir la gravedad de esta situación a la supuesta senilidad del magistrado. Para la sociedad norteamericana y para el resto del mundo lo que pase o deje de pasar en el juzgado de Griesa no tiene la menor importancia, y si la Argentina tuviera que enfrentar turbulencias financieras es un asunto que no califica. Ni siquiera los criminales ataques a la población civil en la Franja de Gaza por parte del poderoso ejército israelí tienen entidad suficiente para una sociedad adormecida. Así como los ultrarreligiosos, fanáticos, tienen más predicamento en Israel cuando sus bombas explotan en Gaza, en Estados Unidos el Tea Party gana corazones en la primera potencia mundial. Y no es que Benjamin Netanyahu o Barack Obama sean precisamente blandos, es que el avance del capital financiero en esta etapa del capitalismo estimula las expresiones políticas extremas. Claro, del extremismo de la derecha. A los norteamericanos les preocupa más la llamada inmigración ilegal, que es la cara horrible de los desplazados por la pobreza en México, Guatemala y otras naciones de América latina. Esa población que es mano de obra barata. Y en Israel la mayoría de la población está convencida de que el conflicto con los palestinos es una guerra en igualdad de condiciones y todo está centrado en que Hamas es un grupo islamista terrorista. Eso solo alcanza para que Estados Unidos justifique su guerra al terror, surgida de la invasión a Afganistán, a Irak y del asedio a Pakistán tras la voladura de las Torres Gemelas. Ya van 13 años de un belicismo que no reconoce fronteras y de una diplomacia de las armas que le permitió a Barack Obama lo que su predecesor George Bush no había logrado: el apoyo de las democracias de la Comunidad Económica Europea. Una comunidad de democracias más preocupadas por sus propios inmigrantes llegados de las ex colonias donde los ciudadanos que se consideran originarios ven en las mujeres que usan shador el argumento suficiente como para sentirse aliviados de las peores discriminaciones. Eso sí, para los llegados de Asia oriental o del norte o centro de África ya no hay tantos empleos mal remunerados disponibles porque ahora los ciudadanos blancos tienen que mantener a sus familias blancas con uñas y dientes. Y no hay peor enemigo que el vecino del barrio de al lado.

No alcanzan los lúcidos testimonios de luminarias académicas como Joseph Stiglitz o Thomas Pikkety acerca de cómo los refugios fiscales y los llamados derivados financieros no son elementos marginales del sistema y que son la herramienta de ganancias extraordinarias de una minoría de supermillonarios que controlan las grandes corporaciones. Tal como sucedió en la década de los treinta del siglo pasado y hasta la explosión de la Segunda Guerra, las democracias liberales resultan frágiles herramientas para conjurar la agresividad de los Estados de los países poderosos para extender su dominación. Y las recesiones económicas con sus secuelas de desempleo masivo son un caldo de cultivo para las culturas xenófobas al interior de esos países. Precisamente, en esos años treinta, Estados Unidos eludió ese camino con el liderazgo de Franklin Delano Roosevelt y su New Deal, con un Estado interventor en la economía capaz de encontrar los caminos para salir de la Gran Depresión originada por la crisis financiera del ´29. Roosevelt, en 1933, puso en marcha el Plan de los 100 días, donde no dudó en reformar los bancos, promover la inversión pública, proteger el empleo, apoyar a los productores agrícolas. Por aquellos años, aun incluso antes de las grandes reformas sociales del peronismo en la Argentina, cuando Evita decía que donde hay una necesidad también hay un derecho, el Congreso norteamericano sancionaba el Acta de Seguridad Social y el Estado del Bienestar destinaba importantes fondos para desocupados. Nada muy distinto de la Asignación Universal por Hijo de la Argentina pero sin duda muy diferente de las ejecuciones a las hipotecas de 2008 o a que en las cárceles de Estados Unidos esté el 25% de los presos del mundo sin que la mayoría de esa sociedad repare en que "los delincuentes" son afroamericanos, latinos o de otras comunidades que para los blancos sajones y protestantes son caldo de cultivo para las malas conductas. La tasa de encarcelamiento más alta del planeta, con cárceles privatizadas a empresas que en vez de vender comida chatarra se convierten en fábricas donde los internados viven consumiendo psicofármacos. Estados donde todavía rige la pena de muerte y pasa como en la prisión de Florence, Arizona, el pasado miércoles, cuando el ejecutado jadeó una hora porque la inyección letal no producía efecto y su agonía se demoró otra hora más. Este es el mundo actual, en el que todavía no se ve que las fuerzas sociales y políticas en las naciones más poderosas estén en condiciones de frenar la feroz concentración de riquezas en pocas manos y la arbitrariedad política y bélica de quienes tienen la capacidad de tomar decisiones.

Argentina. Como todas las vacaciones de invierno, el predio ferial de Palermo abre sus puertas a la gran fiesta de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Junto a los grandes reproductores desfilan dirigentes políticos que se comprometen a terminar con las retenciones ante la conducción de la entidad patronal. Los mendocinos Ernesto Sanz y Julio Cobos, junto a una extensa nómina de aliados, almorzaron esta semana con Luis Etchevehere para expresar que, si son gobierno en 2015, van a ser "aliados del campo". Esto es, que el dólar estará donde lo quieran los estancieros y que las retenciones a la soja y el girasol se reducirán todo lo que se tienen que reducir. Fernando Pino Solanas se mostraba con Gerónimo Momo Venegas, el titular de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), donde el trabajo no registrado muestra la cara de la verdadera Argentina profunda: trabajo informal o formalizado a través de empresas de contratación temporaria. Manpower, una empresa multinacional de trabajo temporario, calza como un guante para cumplir, al menos, con las formas. Bastó que surgiera una denuncia contra las estancias de la familia Etchevehere para que se armara un revuelo en la SRA. En efecto, en mayo pasado se radicó una denuncia por dos -sí, por sólo dos- empleados en negro para que varios directivos de la SRA dijeran que era un escándalo y que Etchevehere no debe ser reelecto en agosto próximo por otros dos años al frente de la entidad. La cadena de complicidades para que cientos de miles de peones rurales no estén registrados en su trabajo merece un trabajo antropológico más serio que mandar inspectores, cada tanto, a alguna estancia donde conviene hacer saltar una ficha. El Indec mide trabajo informal en las ciudades y conglomerados urbanos, no así entre la población rural. El Gobierno tuvo la gran iniciativa de promover una nueva ley de empleo rural que tiró abajo las normas de la dictadura de Martínez de Hoz y Videla, que a su vez enterraron el Estatuto del Peón Rural de 1944, que ya había sido destripado a su vez desde 1955. En 2012 esa ley pasó por el Congreso y se restituyeron, al menos formalmente, derechos sociales básicos para el trabajador agropecuario. Sin embargo, la conducción del sindicato no cambia de manos y no hay fiesta de La Rural donde Venegas no esté presente y comparta almuerzos con dirigentes de casi todos los sectores.

Sería una tilinguería quedarse en quiénes van a La Rural o quiénes viven en Puerto Madero. El primer semestre de este 2014 está marcado por claros signos recesivos, inflacionarios y con severas advertencias sobre suspensiones y despidos en la industria. ¿Creen efectivamente quienes pretenden conducir a la Argentina que la solución es amigarse con el campo como les gusta decir? Pero también cabe la pregunta tanto para oficialismo como oposición respecto del frente externo financiero, si ante el crecimiento del déficit fiscal no hay una maniobra disfrazada de pensar la llegada de fondos del exterior no como inversiones para el desarrollo sino como dólares para compensar las necesidades de caja.

Estos y otros asuntos merecen el debate público en este escenario, angustioso e incierto, que hoy tiene a Griesa en el centro de la escena al menos para la mirada mayoritaria de los analistas y de quienes toman decisiones. Desde octubre de 2012 los argentinos tuvimos la noticia de un fallo judicial adverso que al mes siguiente fue empeorado por el tribunal de alzada (la Corte del Segundo Circuito de Nueva York). Quedarán unos días para que venzan los plazos de pago a los bonistas que entraron en el canje y, si el juez no repone el stay, la Argentina incumplirá con los acreedores. Quedará en discusión si incumplió por default o si habrá que encontrar una palabra nueva para denominarlo. Otra vez, parece un tema más que menor la manera en que se llame eso si es que sucede. El gobierno de Cristina, desde su discurso del 20 de junio donde dijo que se pagaría todo, mostró un rumbo de racionalidad y trata de mostrar serenidad para contribuir a un clima donde, el día después, si es que llega, tenga menos corridas financieras y donde el dólar no trepe tanto. Parece bueno. Y muchos de los dirigentes opositores, como el mismo Ernesto Sanz, presidente de la UCR, evitan hacer críticas. Un economista, hoy franco opositor, como Roberto Lavagna, también asume un tono sereno y conciliador. El Poder Ejecutivo decidió, al menos en esta etapa, tomar las decisiones del caso y asumir la responsabilidad completa de los resultados. No es justo, como insisten muchos analistas opositores, que esa conducta está alimentada por el claro sentimiento nacional que muestran los consultados en las encuestas. Es muestra de seriedad. Punto. Sin embargo, las acechanzas de un escenario turbulento llevan a magnificar los problemas. La vida continúa y la serenidad en el día a día es parte de la clave de afrontar los problemas. Las conversaciones con los fondos buitre pueden y deben seguir después del 30. Es una perogrullada, pero el default sería con quienes sí reestructuraron sus deudas. Entonces, hay que tratar de resolver cada uno de los problemas por separado respecto de los bonistas. Al mismo tiempo es preciso evitar que haya corridas cambiarias y disparada del paralelo. Si la dirigencia empresaria y los operadores financieros se comprometen, ese efecto negativo puede contenerse, se pueden reducir los daños eventuales con buena observancia y con consenso político. Al mismo tiempo, es preciso que los exportadores no dejen de liquidar y eso también requiere consensos y observancia. En definitiva, estos posibles conflictos -que se agregan a otros tantos que existen en la Argentina- necesitan de un diálogo entre las dirigencias de distintos sectores y de un amplio espectro. Hasta ahora, nadie efectuó una convocatoria. Sería, posiblemente, anticiparse a los hechos. Si, como todo indica, los problemas se agravan, un marco de unidad y diálogo no garantiza nada, pero ayuda a disminuir riesgos y evitar daños. Hay que estar en guardia.