Historias
Las mujeres que hicieron suyo un espacio de educación para adultos
Es una tarde soleada, pero fría en Bariloche. En uno de los pasillos laberínticos del barrio Ada María Elflein, un grupo de mujeres comparte una merienda en un rincón de la biblioteca Ruca Quimn. En las mesas, además del pan con dulce y bebidas calentitas, tienen sus cuadernos, donde todos los días escriben algo sobre lo aprendido.
Tienen entre 60 y 86 años y más allá de la variedad de las historias, tienen algo en común: el deseo de aprender, de superarse, de saldar una deuda que quedó pendiente por el trabajo, la familia, la vida.
Las mujeres ensayan para un acto que tendrán este viernes. Foto: Marcelo Martínez.
Así, entre las 14 y las 16 horas, las mujeres tienen clases. El número de estudiantes varía. Hay días que superan las 14 personas y el espacio se hace chico, pero hay otros que son menos y se sientan con comodidad en una mesa ubicada en una esquina de la biblioteca.
“Somos muy mimadas acá. Me gusta mucho venir”, dice primero “Rosita”, como la conoce la mayoría de las personas. Tiene 72 años y no pudo estudiar cuando chica. Tuvo a sus hijos y los crió sola. “Yo luché para que ellos terminen sus estudios”. Ahora, es su turno y se siente feliz. “Estoy aprendiendo bastante”, resume.
El aprendizaje no es tradicional ni “impartido” por la docente. Andre se encarga de aclarar que es un grupo en el que todas tienen sus saberes y conocimientos, y la idea es compartirlos y con ellos, crecer y aprender nuevas cosas.
La mayoría de las mujeres vive en el barrio, muy cerca de la biblioteca. Foto: Marcelo Martínez.
“Yo no sabía leer, y voy aprendiendo, me gusta mucho el grupo y la seño, que nos trata siempre tan bien”, destacó Teresa, quien a sus 75 años, está saldando una deuda que no pudo completar cuando era chica.
Dominga es la estudiante más “grande”. Tiene 86 años y falta muy poquito para su cumpleaños, así que el grupo se prepara para celebrar los 87 de esta vecina del barrio que confiesa que "cuando estoy en mi casa, me aburro”.
Las historias son variadas, pero todas tienen, como un factor común, una vida de esfuerzos que llevó a las mujeres, a no poder completar sus estudios. El grupo es heterogéneo y hay quienes dan sus primeros pasos en la lectura y escritura y otras personas con algunos conocimientos más, pero todas comparten el mismo horario y espacio.
“El aprendizaje se da entre personas que saben. Lo que hacemos es recuperar los saberes que traen todas y compartirlos”, remarcó Andrea y añadió, “es como si fuera una trama que se va dando entre ellas”.
Los cuadernos se destacan por la prolijidad y el empeño de las estudiantes. Foto: Marcelo Martínez.
Además del espacio de aprendizaje, las mujeres encontraron un grupo humano con el que compartir. Muchas de ellas viven solas o no tienen familia alrededor y estas dos horas diarias, son el tiempo en el que socializan y charlan con otras personas.
“Este lugar aporta, para ellas, la cuota de sociabilidad. Hay quienes vienen a reírse, a charlar. El grupo tiene un espíritu muy lindo”, resumió la docente.
“Yo no veo a nadie, estoy muy sola. Cuando vengo acá, me siento más tranquila”, cuenta Margarita, quien además, tiene un problema auditivo y estudiar, es un doble desafío al que le pone el triple de empeño.
Todas cuentan que, además de estudiar, hacen otras actividades, porque jubilarse y quedarse quietas, después de una vida de trabajo y ajetreo, es muy difícil.
“Una formó una familia, la casa, el trabajo, y la escuela quedó relegada, pero era una deuda pendiente para mí”, explica Mirta, quien además destacó el apoyo de la familia para emprender esta aventura.
Las EEBA incorporaron una clase de teatro, en la que las estudiantes eligieron una zamba para interpretar en el acto por el 25 de mayo. Foto: Marcelo Martínez.
Elda, más conocida como Sonia, dijo, en pocas palabras, el efecto que tiene ir a clases para ellas. “Salimos renovadas. Muchas veces pasa que nos sentimos solas, pero venimos acá y es muy lindo”.
En Bariloche hay tres EEBA (Escuelas de Educación Básica para Adultos), pero además, cada una tiene sus anexos, con el objetivo de facilitar el acceso a la vida educativa para aquellas personas que no cuentan con la disponibilidad, los recursos o el tiempo, para desplazarse por la ciudad.
En Ruca Quimn, el anexo se lo apropiaron las mujeres, dueñas y señoras de las dos horas que día a día, le dedican a su vida, como un autoregalo, después de haberse dedicado décadas enteras al trabajo o la familia.
A unos metros de donde se da la clase, Victoria, la referente de la biblioteca, mira con orgullo al grupo que, cada día, apuesta por superarse. “Hablame de empoderamiento”, resume. (ANB)