Crónica
Epuyén: el día después del fuego
“Ya lloré todo lo que tenía que llorar. Ahora tengo que agradecer que estamos vivos”, afirma Verónica en el portón de su vivienda. A unos 4 metros, el pasto y los arbustos carbonizados, dan fe de que el fuego estuvo al lado, pero afortunadamente, no alcanzó la casa. No puede decir lo mismo de una despensa que alquilaban a un joven matrimonio que lo perdió todo, porque mientras veían reducirse a cenizas su fuente laboral, a pocas cuadras la vivienda que alquilaban, también quedaba arrasada por el fuego.
El miércoles 15 de enero quedará marcado en el calendario de Epuyén y en la memoria de sus habitantes. Hoy, después de que las llamas arrasaran con unas 2 mil hectáreas, varias viviendas, animales, bosques y animales, la gente que tuvo que ser evacuada comenzó a volver a sus casas, o a lo que quedó de ellas.
El comportamiento del fuego fue, como siempre, incomprensible, al menos para la mayoría de los habitantes. Casas que fueron consumidas por las llamas y a pocos metros, otras que quedaron intactas. Las lenguas de fuego consumieron bosques y todo lo que había a su paso, y las primeras horas fueron de terror.
Una de las viviendas arrasadas por el fuego. Foto: Marcelo Martínez.
La avenida Los Retamos, que supo ser boscosa y verde, ahora luce grandes extensiones de bosque quemado, donde pequeñas columnas de fuego salen de la tierra que todavía tiene temperatura, pese a que el fuego ya pasó.
“Estaba durmiendo, y cuando me desperté, no entendía nada”, cuenta Andrés, un joven que junto a su familia, trabaja en el camping Quimey. El humo lo confundió. Primero vio una columna a su derecha, pero luego, otra enfrentada y no supo distinguir de dónde venía el fuego.
En el camping, relata, los acampantes que había, lograron juntar sus pertenencias y huir, antes de que las llamas avanzaran sobre algunas de las parcelas. Una cabañita ubicada en el fondo del patio, sufrió el alcance de algunas llamas, aunque por fortuna, lograron salvar la mayoría.
“Con los bomberos trabajamos muy fuerte acá, mi padrastro que ya tiene su edad, estuvo con todo, sin darse cuenta ni del cansancio”, dice ahora mientras su madre y la pareja de ella, juntaban algunas pertenencias para trasladarse a otra vivienda donde tuvieran electricidad, al menos, para cargar los celulares.
Los bosques que supieron ser verdes, ahora lucen carbonizados. Foto: Marcelo Martínez.
En el camping, afortunadamente, no hubo grandes pérdidas, pero no pueden decir lo mismo los vecinos que a menos de cinco metros, vieron su vivienda reducida a escombros.
Alondra se paró a mirar el después del incendio en la vereda de su casa. Cuenta, con una verborragia poco usual en los adolescentes, que vivió un día de caos y miedo, pero que al contrario de lo que veían a su alrededor, intentaron mantener la calma.
“Los vecinos cargaban a sus hijos en los autos y se iban, no se llevaban nada. Después volvieron a buscar sus cosas, estaban todos en pánico, fue muy feo”, dice. A escasos metros de su casa, un morro que supo ser de bosque y tener un mirador, ahora está carbonizado.
Daniel, el padre de la adolescente, cuenta que perdió su fuente de trabajo, en un taller de reparación vehicular que tenía. “Un auto que tenía listo para entregar, se quemó todo”, agrega. “Perdí todo, pero ¿qué le voy a hacer? Tengo a mis pibes bien, ya está. Todo es un aprendizaje, difícil, pero aprendizaje en fin”, analiza con calma.
El paisaje cambió de la noche a la mañana. Foto: Marcelo Martínez.
Alondra agrega que durante la noche, cuando parecieron tener un instante de tranquilidad y se sentaron, “explotó una garrafa y se prendió fuego en las casas de enfrente”. Volvió la tensión y el temor de que las llamas avanzaran. “No dormimos casi nada, entre el ruido de la ruta, de los brigadistas que estaban trabajando y el miedo de que vuelva el incendio, ni dormimos”, afirma.
Cerca de donde inició todo, vive Graciela, quien vio avanzar las llamas gasta el sector de bosques ubicado detrás de su casa y decidió irse. “Vino mi hija con mi yerno que viven en El Bolsón a buscarme y cuando nos íbamos, me puse a pensar que mi casa es todo lo que tengo, así que al final me quedé”, cuenta.
Volvió a su terreno y aunque tiene una bomba de agua, ya no había electricidad, así que no se pudo utilizarla, pero con baldes y lo que encontraron a mano, humedecieron el perímetro. Fue una de las afortunadas que no sufrió pérdidas materiales.
Los habitantes de Epuyén comenzaron a recorrer los sectores afectados por el fuego. Foto: Marcelo Martínez.
“Todo lo que había ahí, es bosque municipal. Te puedo asegurar que me cansé de enviar notas para que hagan podas y limpiezas preventivas, pero siempre tienen un pero. Después, pasan estas cosas”, manifiesta con malestar la mujer.
En las calles del sector, hay operarios que intentan restaurar el tendido eléctrico y comenzaron con el recambio de algunos postes. En otras calles, trabajadores se encargan de relevar y controlar el estado de los nichos de gas, para determinar en qué viviendas hay peligro y deben cortar el suministro y en cuáles no.
La realidad de Epuyén cambió drásticamente, de un minuto a otro. Mientras se preparaban para el Encuentro de Artesanos y trabajan con el turismo que llegó en una temporada que se avistaba complicada por el contexto económico, tuvieron que amoldarse a una situación inesperada, a un incendio que lleva 24 horas activo y mantiene a todos a la espera de saber cómo y por dónde continuará avanzando. (ANB)