2020-04-30

#YoTrabajeEnLaPandemia

“Aunque se tenga el auto guardado, prefieren que sea con el tanque lleno”

Leo es empleado en una Estación de Servicio, y aunque con restricciones y baja en el consumo, celebra el Día del Trabajador en plena actividad.

Desde hace más de 40 días, la rutina de los argentinos cambió completamente. Muchos se encuentran en sus casas a la espera de volver a sus puestos laborales, pero también son muchas las personas que deben salir a trabajar a diario.

El equipo de ANB pudo hablar con algunos de los protagonistas de las “actividades esenciales”, que diariamente cumplen sus funciones con las nuevas formas y hábitos que nos deja el coronavirus.

Leonardo Calarota es playero en la estación de servicio Puma del Km.12 desde hace siete años. Nació en Bariloche y vive solo, “aunque en el mismo terreno familiar, imposible pagar alquileres o comprar algo de tierra”, cuenta.

ANB: ¿Cómo fueron tus primeros días trabajando en la cuarentena?

L.C: Los días previos a la cuarentena se trabajó mucho. Siempre que sucede algo grave (volcanes, aumentos, rumores de faltantes) se trabaja muchísimo más, por el pánico en la gente. Aunque se tenga el auto guardado, prefieren que sea con el tanque lleno. Y aunque suene irracional, es así en la mayoría. Los primeros días hubo que ir adaptándose, buscar con qué taparse la boca hasta que nos trajeron barbijos y luego, de Buenos Aires, unas máscaras para tapar toda la cara. Fue empezar a saludar a los clientes con más distancia, aunque algunos lo tomaban a risa y con descreimiento. Dejar de tomar mates entre nosotros nos costó un poco más.

ANB: ¿Cuáles fueron las diferencias de trabajar en cuarentena en comparación a los días normales?

L.C: Una vez empezada la cuarentena el trabajo bajó muchísimo, cerca del 80 o 90%. Empezamos a trabajar con otros horarios, con más francos y menos personal en playa. Hubo que adaptarse a los horarios impuestos por el municipio. Empezamos a implementar el mate separado, solo compartiendo el termo.

ANB: ¿Cómo es el trato con la gente?

L.C: Hay clientes que firman los cupones de tarjeta con su propia lapicera, otros que te dan la llave del auto rociada previamente con alcohol, otros que te preguntan si se pueden bajar, otros que no les preocupa mucho. También se ve la gente que labura día a día y lucha entre quedarse en casa y tratar de trabajar para poder llevar plata a su casa. Y la charla ya dejó de ser el clima o el dólar o la política o el precio de la nafta; ahora gira en torno a esta problemática mundial. Hay pesimistas, realistas, algunos optimistas y alguno que dice que es una conspiración mundial.

ANB: ¿Cómo te sentís trabajando en estos días?

L.C: Por mí parte trato de mantener la calma. Se sabe que el sector de estaciones de servicio viene hace años con crisis y si bien la gente sigue pasando a cargar nafta, cada vez es más difícil ser rentables por la seguidilla de políticas impositivas asfixiantes. La nafta es como los cigarrillos: el gobierno se queda con la mayor parte. Entonces, si bien seguimos percibiendo el sueldo normalmente, no me deja tranquilo saber que todo puede cambiar, somos una PyME y cualquier otro cambio puede modificar el panorama. (ANB)

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