"Mi mamá era fuerte y estaba llena de vida"
El jueves 12 de febrero pasado no fue un día más para Gustavo Huenchullán. En esa jornada murió su abuela tras ser atropellada por un colectivo de la empresa Autobuses Santa Fe. El trágico hecho lo afectó en demasía. Su vida dejó de ser la misma.
"Tenía 75 años pero parecía de mucho menos. Estaba fuerte. Andaba para todos lados sola, con mucha fuerza y vigor. Nunca imaginé ese final", sostuvo el joven de 29 años.
A pesar de que Ansolina Sandoval era su abuela, Gustavo le dice "mamá", debido a que la mujer lo crió desde que tenía tan solo dos meses. "Vivíamos en la misma casa. Se prendía en todas. Cocinábamos juntos los domingos. Siempre estaba alegre y la gente la quería mucho", afirmó el muchacho, en diálogo con ANB.
Gustavo contó que aquel fatídico jueves 12 de febrero dejó a "Yoly", como la llamaban quienes la conocían, en el shopping de calle Onelli, cerca de las 20,45. Relató que la mujer abordó el ómnibus de la línea 61 de Autobuses Santa Fe en inmediaciones de Elordi y Gallardo.
Cuando el colectivo arribó a la calle Los Ñires del barrio 150 Viviendas, lugar en el que finaliza su recorrido, la mujer descendió del rodado, sin saber que esa acción sería una de las últimas de su vida.
"Una testigo contó que cuando mi mamá se bajó, el colectivo en lugar de dar la vuelta en una rotonda que hay más adelante, circuló varios metros marcha atrás para ingresar a otra calle y probablemente comprar en un kiosco", aseguró Gustavo. "En ese momento la atropelló y le aplastó primero el tórax y después la cabeza", aseveró, con la voz quebrada.
Tras el aviso de un tío, el joven llegó al lugar y se encontró con una imagen que permanecerá por mucho tiempo en sus retinas: "Yoly" estaba desplomada en el suelo, sin vida, con su bolsa de remedios a un costado. "Había muerto. Tenía mucho para dar. No merecía terminar así", señaló.
Afirmó que "lo que pasó se podría haber evitado, porque fue una imprudencia". "El chofer tendría que haber seguido y dar la vuelta en la rotonda, como hacen muchos colectiveros, y sin embargo no lo hizo", denunció.
"A mi mamá no me la va a devolver nadie, pero quiero que el conductor pague si tiene que pagar", remarcó. "No me gustaría que le pase algo similar a otra persona", añadió.
"Se murió por un descuido de alguien que no hizo bien las cosas y si bien no tengo rencor, me gustaría que quienes están al mando de un colectivo llevando gente sean conscientes de lo que hacen", resaltó Gustavo.
"Quiero que lo que pasó sirva para algo y pido que el municipio controle a los choferes", resaltó.
Gustavo tiene el consuelo de haberse quedado con el mejor recuerdo de "Yoly". "Íbamos juntos a muchos lugares. La pasábamos bien. Me abrazaba, me daba besos. Estábamos siempre juntos. En noviembre pasado hubo una fiesta y bailamos toda la noche", contó.
"El dolor es grande. Cuando estoy con mis hijos (Bruno, de 4 años, y Agustina, de 10) trato de estar fuerte porque ellos también la extrañan mucho, pero si quedo solo me quiebro y se me hinchan los ojos", confió.
Ansolina vivía con Gustavo en el barrio 150 Viviendas. Había quedado viuda hace cinco años. "Le gustaba muchísimo bailar folclore, chamamé y música ranchera", expresó el muchacho, y destacó que "disfrutó la vida".
El proceso judicial que se encuentra en marcha buscará esclarecer el hecho y determinar cuál fue la responsabilidad que tuvo el chofer en el hecho.
"Fue una imprudencia. Se podría haber evitado", insistió Gustavo. (ANB)