2014-07-20

La sombra de Ucrania, Gaza y la AMIA

Los restos del Boeing 777 de Malaysia Airlines esparcidos en la región de Donetsk, la zona del este ucraniano donde combaten separatistas pro rusos y tropas gubernamentales, dejaron 298 personas muertas, 80 de ellos niños. Los ataques israelíes en Gaza y los 20 años del atentado a la AMIA.

Los pasajeros del Boeing iban de Amsterdam a Kuala Lumpur. Muchos de ellos viajaban a disfrutar sus vacaciones de verano, otros eran investigadores que tenían como destino un congreso sobre HIV-SIDA en Australia, otros eran los tripulantes de ese avión comercial que se desplazaba a 10.000 metros de una de las zonas más calientes del planeta. El presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, de inmediato habló de acto terrorista y dijo que su país no era responsable del atentado. Los milicianos pro rusos, por su parte, afirmaron que sus lanzamisiles no llegan a esa altura y permitieron el acceso de los investigadores al lugar donde están los restos. Las cajas negras del avión habrían quedado en manos de los milicianos y, según la mayoría de los medios europeos, las habrían entregado al gobierno ruso. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue citado en forma urgente y el viernes ya estaba reunido en Nueva York. A un siglo del estallido de la Gran Guerra en Sarajevo, el clima en el este europeo y el este ucraniano es, por lo menos, inquietante. Una vez más, el dominio territorial, las vías comerciales, los recursos energéticos y el ajedrez del poder mundial dejan un sentimiento desolador.

La Franja de Gaza alberga en un territorio pequeño a un millón y medio de personas, la mayoría pobres y con un control completo por parte de Israel. Los milicianos de Hamas, el partido que gobierna ese territorio con reconocimiento de Naciones Unidas, respondieron con misiles los ataques del poderoso ejército israelí. En pocos días mataron al menos a 230 personas. Según las fuentes israelíes, muchos de ellos son los llamados ataques quirúrgicos, algunos realizados con la utilización de aviones no tripulados. En pleno verano, una tercera parte de los habitantes de la Franja quedaron sin electricidad ni agua. El detonante de la ofensiva del gobierno de Benjamín Netanyahu fue el crimen de tres jóvenes judíos ocurrido en junio pasado. Una vez más, el concierto internacional de naciones hace caso omiso de los acuerdos internacionales que desde el Pacto de Oslo de 1993 buscan encarrilar un conflicto donde la disparidad entre las dos partes es abrumadora. La crisis humanitaria de los palestinos y el desinterés de la comunidad de europeos y norteamericanos por su suerte contrasta con el poderío y el respaldo con que cuentan el agresivo gobierno de Netanyahu así como el poderoso y sofisticado aparato militar y de espionaje israelí.

Existen otros territorios donde hay ocupaciones militares y ataques con tecnología de última generación. La presencia de tropas de la OTAN en Afganistán, los reiterados ataques de aviones no tripulados en el norte de Pakistán por parte de Estados Unidos contra supuestas bases de yihadistas cobraron no menos de 22 vidas durante junio según la mismísima BBC. Se trata de ejecuciones extrajudiciales del gobierno del país más poderoso de la Tierra en territorio de una nación con la cual no está en guerra. Ya se levantan voces, aun antes de saber con certeza si el Boeing 777 fue derribado por un misil, que intervenga el Tribunal de La Haya. Sin embargo, ante las acciones llevadas a cabo por Estados Unidos merced al Acta Patriótica de 2001 que dio lugar a la llamada Guerra contra el Terrorismo, no se levantan las voces de las naciones europeas precisamente porque esta última se hace bajo el paraguas de la OTAN y porque los territorios donde se llevan a cabo son ex colonias inglesas, francesas o belgas y porque están dirigidas no sólo contra organizaciones secretas, sino contra comunidades que mayoritariamente profesan creencias musulmanas. Una porción significativa de inmigrantes del norte y del centro de África o de Asia occidental viven en la Comunidad Europea, suelen tener puestos de trabajo de baja remuneración y son objeto de una vigilancia especial por parte de las fuerzas de seguridad y los servicios de espionaje. En una Europa afectada sensiblemente por el avance del neoliberalismo, la pérdida de programas sociales y de puestos de trabajo, una vez más recrudecen las expresiones políticas racistas. Ese es un caldo de cultivo muy propicio para que no tomen estado público las voces que en el hemisferio norte piden que se juzguen los crímenes de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos y de otros países de la OTAN, así como de las misiones no tripuladas de ese país cometidas a miles de kilómetros de distancia de su propio territorio.

La banalización y la AMIA. El viernes 18, a las 9.53, una vez más sonó la sirena para honrar a las 85 víctimas fatales del atentado a la mutual judía. Se cumplían 20 años y ya se sabía que por lo menos había cuatro convocatorias. A la tradicional, realizada sobre la calle Pasteur, donde se produjo el atentado, se sumaron otras tres. En Tribunales estuvo Memoria Activa, encabezado por Diana Malamud, mientras que en Plaza de Mayo lo hicieron Sobrevivientes, Familiares y Amigos de las Víctimas, liderado por Sergio Burstein. La Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune, dirigida por Laura Ginsberg, se reunió en el Congreso. Estas tres últimas entidades convocan a referentes de los movimientos de derechos humanos como Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas y Taty Almeida. El hecho de que entre sí esas organizaciones no quieran juntarse y que tampoco lo hagan con los representantes de la AMIA no le resta fuerza ni legitimidad al reclamo de justicia a dos décadas de ese crimen espantoso.

También es cierto que el acto tradicional de la calle Pasteur tenía esta vez una significación especial y las divisiones políticas que vive la Argentina tuvieron un fiel reflejo el viernes en la fría mañana en que se recordó la masacre. Ni desde los organizadores ni desde el Gobierno se hicieron esfuerzos para cuidar las formas y estar a la altura del dolor y la desolación que invaden a los familiares de las víctimas que, dos décadas después, reclaman un camino serio para encauzar la investigación. Cuidar las formas quiere decir que no puede hacerse la exaltación de la argentinidad por el desempeño de la selección de fútbol y desentenderse de que era preciso contar con una delegación oficial del Gobierno y también cuidar el tono de los discursos. Eso, por supuesto, si quienes tienen las responsabilidades quieren dar un ejemplo de madurez a los jóvenes y también un mensaje que haga temer a quienes mataron a 85 personas de una manera tan cobarde. El jefe de Gabinete, en la mañana del viernes, fue quien comunicó a la prensa que la jefa de Estado no estaría presente por la visita del mandatario de China, Xi Jinping, cosa que se concretaba varias horas después. Jorge Capitanich no dijo en cambio si Cristina Fernández enviaba una delegación oficial aunque sí asistieron el ministro de Educación, Alberto Sileoni, y el senador Aníbal Fernández. Resultó, al rato, completamente inusual que Canal 7 no televisara el acto en directo. Estas omisiones no justifican para nada la dureza de las palabras de los oradores. El primero fue el vicepresidente de la AMIA, Ralph Saiegh, quien cargó contra el acuerdo de entendimiento entre Argentina e Irán, votado por ley en el Congreso pero dejado sin efecto por la Sala I de la Cámara Federal porteña en mayo pasado. Saiegh cargó contra el canciller Héctor Timerman, quien había firmado el acuerdo con su par iraní. Luego fue el turno del periodista Alfredo Leuco, quien ya acusó a Timerman de "aplaudir a Luis D´Elía", a quien calificó como fanático antisemita y promotor de fusilamientos de disidentes. Leuco, que es de la comunidad judía, citó a Elisa Carrió para decir que un canciller no judío hubiera hecho mejor las cosas. Por supuesto, recordó a Carrió como "ex amiga" de Timerman. El acto de la calle Pasteur derivaba en una catarsis contra el gobierno. El tercer orador, Luis Czyzewski, agregó que D

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