Las elecciones y la zona núcleo
La última reunión del Consejo Nacional del Justicialismo consagró un espacio para el pelotón de aspirantes a la Casa Rosada, quienes tendrán tiempo suficiente de aquí al sábado 15 junio de 2015 -cuando venza el plazo para oficializar listas que compitan en las PASO- como para bajarse, aliarse entre sí o bien hacer suficientes méritos para ser contendientes naturales de Scioli, quien ya tiene asegurado un lugar en esta carrera a la Casa Rosada. Ahí están Florencio Randazzo, Agustín Rossi, Sergio Urribarri, Julián Domínguez, Aníbal Fernández y Juan Manuel Urtubey.
Lo primero que cualquiera puede preguntarse, ya que estamos en la Argentina y no en Noruega, es si puede haber turbulencias de acá a las elecciones de octubre. La política siempre tiene imponderables pero habría dos frentes en los que podrían imaginarse problemas. El de los conflictos gremiales y sociales, por un lado, y el de la economía, por el otro. El parate productivo en varios sectores que provocó suspensiones es una advertencia pero, de momento, no amenaza en convertirse en despidos continuos. Hay retracción en el consumo pero también el Gobierno toma medidas para la inclusión social que a su vez estimulan la demanda. Esta semana pudo verse que la convocatoria de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo tuvo más que ver con la política que con las demandas sindicales concretas. De allí que hayan sumado a Juan Carlos Blumberg y no a sectores de la CTA de Pablo Micheli. Por otra parte, no lograron una concurrencia nutrida como esperaban. Al rato, la Presidenta anunció una adecuación de las asignaciones familiares que, en el caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH) es del 40%, por encima de cualquier pronóstico de la inflación del año en curso (ver la nota de Roxana Mazzola). Y, si bien todavía hay paritarias en curso, no parece haber motivos como para creer que habrá cortocircuitos a un nivel tal que afecten la vida institucional. En cuanto al conflicto de la línea Sarmiento, es un golpe a la sensibilidad social de muchos militantes gremiales ver a Rubén el Pollo Sobrero desfilando por los canales de televisión mientras los usuarios, trabajadores, viajan colgados peor que en un camión jaula. Flaco favor a quienes integran comisiones gremiales de izquierda y combativas. Desgraciadamente, la insensibilidad social no sólo es de los privilegiados económicos, de las minorías de poder, sino que también se puede registrar la desconsideración y la violencia verbal y física en infinidad de sectores. El desamparo social es grande. Las políticas inclusivas son condición necesaria pero no suficiente.
Como nota al margen, el documento de la Conferencia Episcopal respecto de la violencia, podría haberse diseccionado hacia otro lado por parte del Gobierno. En vez de hacer consideraciones sobre las dictaduras, la respuesta podría haber sido pedir oficios de mediación, por qué no, en temas como el del Sarmiento y en tantos otros donde los obispos pueden poner los pies en el barro, como los ponen el Padre Pepe y tantísimos otros curas y seguramente obispos. El estilo de la Presidenta y de quienes aparecen como sus principales voceros es de marcar la cancha entre propios y ajenos en vez de involucrar, entreverar y hacer partícipes a otros. Y eso, en este último tramo de gestión no parece dar resultados positivos. El escenario de los anuncios de Estado, como lo de la AUH, es de tenor partidario, tanto por quienes son invitados a escucharlo como por la nutrida y entusiasta barra juvenil que luego escucha las palabras de Cristina desde el jardín interior de la Casa Rosada.
Volviendo a lo económico, que también es político, el Gobierno está tratando de poner orden a las estadísticas y eso significa, en buena hora, hacer frente a varios problemas. Uno es la deuda que queda en cuanto a la falta de datos oficiales sobre pobreza e indigencia. Al respecto, un reciente informe del instituto Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra), de la CTA conducida por Hugo Yasky, afirma que en 2013 la pobreza afectó al 17,8% de la población mientras que la indigencia afectó al 4,2%. Lo interesante es que el trabajo, dirigido por Eduardo Basualdo, toma como fuente la Encuesta Permanente de Hogares del Indec y el Índice de Precios al Consumidor de nueve provincias. Ahora bien, cuando el Indec haga el empalme de datos con los nuevos criterios de medición, si es que los hace, seguramente los datos de pobreza van a llevar a Cifra a adecuar sus propias mediciones. En cualquier caso, este instituto ya parte de una cifra tres veces mayor que los índices ya publicados. Desde ya que la cuestión no es perderse en el laberinto de las estadísticas. Pero esa manipulación sostenida durante años indica también cuántas cosas hay para corregir en la Argentina en materia de conductas. El espacio público son los datos oficiales confiables y debería ser también que las oficinas públicas, en especial la Casa de Gobierno, contemplen una apertura al arco de ideas, pertenencias y también de representaciones.
Esta semana hubo distintas interpretaciones sobre la reunión entre Cristina Fernández y Mauricio Macri, revelada por la Presidenta. Algunos pretenden que Cristina preferiría ser sucedida por un gobierno de derecha o centro derecha como para encontrar un terreno fértil en 2019. Parece ciencia ficción, pero es cierto que muchos analistas y no pocos candidatos se alimentan de la pura imaginación o de las series televisivas como House of cards, que debería traducirse como castillo de naipes y no como casa de juego. Para casas de juego, casinos y tragamonedas ya hay bastante en la Argentina y cuentan con sus propias redes de televisión. Respecto de la reunión con Macri, no deja de sorprender la historia de Pedro Robledo, un joven que saltó a la escena pública por un hecho de violencia, precisamente. Robledo, cobró notoriedad porque estaba en San Isidro en una fiesta, toda gente paqueta, y le pegaron porque estaba con otro muchacho de la mano. Es interlocutor de Lanata, de 6-7-8, de Cristina, de Facundo Moyano y de Macri, por supuesto, porque es militante del PRO. Esta semana, en un programa de televisión salió a defender a los militantes de La Cámpora que estuvieron en las inundaciones de La Plata y también habló de la fórmula que le gustaría para 2015 (Macri-Michetti). De no haber sido por la eventualidad de los puñetazos, este muchacho no hubiera saltado a la televisión. Y es una muestra bastante palpable de algo que está por debajo de la escena que buena parte de la dirigencia política se construye.
Quien escribe estas líneas cree que Scioli tuvo y tiene políticas de inseguridad y no de seguridad en el territorio bonaerense. Sin perjuicio de eso, es el dirigente político que por lejos construye el discurso menos confrontativo y más eficaz. Nadie puede decir que sea progresista. Se subió a un avión para visitar al colombiano Álvaro Uribe, una expresión de la derecha feroz latinoamericana. Pero Scioli habla con todos y hasta debe tener un traje antiflama para las críticas frontales.
Una última consideración respecto de los desafíos de fondo y no de forma o de estilo. La Argentina tiene déficit fiscal y se debe un debate sobre cómo deben repartirse los impuestos nacionales entre el Estado central y los estados federales más la Ciudad de Buenos Aires. Sin perjuicio de eso, también las provincias de la Pampa Húmeda se deben un debate sobre cómo gravan el impuesto inmobiliario rural. Un reciente libro del investigador de la Universidad de General Sarmiento Alejandro López Accotto, Finanzas provinciales e impuesto inmobiliario en la Argentina, brinda datos sustantivos para entender el retraso que existe en la actualización de los gravámenes a las propiedades rurales. La provincia donde menos se actualizó en las últimas tres décadas es Córdoba. En Buenos Aires, en 1983, el inmobiliario rural constituía el 36% de la recaudación provincial, ahora es el 6%. Preguntado el autor cuánto incide la reforma provincial que hizo que "los gringos tiraran las chatas en 7 y 51" (la expresión de los estancieros, liderados por Hugo Biolcati, de cómo hicieron un piquete y destrozos en la Legislatura hace exactamente dos años atrás), López Accotto dijo algo así como que cuando se hace la plancha tantos años, cualquier avance progresivo es tomado como un saqueo. El libro muestra que, inversamente a la menor presión fiscal -a escala provincial- las unidades productivas de la Pampa Húmeda tuvieron altísimos niveles de producción, de renta y, por supuesto, de revaluación de precios de mercado. Volviendo al espacio público, sería interesante que los debates no eludan estos temas, que son vitales para la Nación, y que los alineamientos se hagan de la manera más ordenada posible. Hay muchos empresarios rurales o de productos industriales vinculados al agro que no se dedican a tirar las chatas en las legislaturas. Y hay varias entidades rurales que tienen flor de contradicciones al interior. Al respecto, en la Federación Agraria Argentina es un secreto a voces que Eduardo Buzzi tiene diálogos frecuentes con el gobernador de Entre Ríos Sergio Urribarri. Entre otras cosas para hablar de retenciones segmentadas, tal como se había hablado en Diputados durante los ríspidos días de la Resolución 125. Algunos recuerdan que las modificaciones que introdujo la Cámara baja y que finalmente no votó el Senado por el voto no positivo de Cobos, tenía precisamente esas retenciones segmentadas. Una lógica básica: niveles de productividad, dimensión de la unidad productiva, distancia a puertos. En fin, un poco de lógica en medio de mucha hojarasca. Aquella votación, impulsada por el entonces jefe de la bancada oficialista, Agustín Rossi, tuvo también un abrazo suyo con Buzzi.
Abrazo, medalla y beso. Así se dice cuando falta poco para el Mundial. Pues bien, la Argentina necesita equipos no sólo para Brasil, sino para la Argentina misma. Y los equipos se hacen con gente distinta, con diferentes habilidades y capacidades.