2014-05-04

Largaron

Faltan 469 días para las PASO y 539 para las presidenciales. Aunque en política es una eternidad, hay un pelotón de precandidatos que ya iniciaron su carrera a la Casa Rosada. Los sondeos tienen a cuatro aspirantes en punta: Scioli, Massa, Macri y Cobos. ¿Habrá sorpresas? ¿Habrá nuevas alianzas? ¿Habrá debates de programas y proyectos de país? ¿O todo se limitará a la inseguridad y la inflación?

Aunque todavía no es momento de mostrarse como candidatos a tiempo completo, ya hay un grupo de dirigentes políticos cuya brújula está orientada hacia las presidenciales del 25 de octubre de 2015. Hay cuatro espacios que disputan con chances serias y un quinto que aspira a consolidar su propio crecimiento. El primer espacio es el del peronismo y el kirchnerismo, cuya figura central es Daniel Scioli, aunque falta mucho para que resulte claro si contará con el apoyo de Cristina y la porción del electorado que se mantiene fiel a los 12 años de gobiernos kirchneristas. El segundo espacio es el del Frente Renovador, cuya ventaja es, al mismo tiempo, un lastre: Sergio Massa es la figura excluyente de un espacio definido al compás de una baja electoral del kirchnerismo que no mostró, al menos todavía, una fuga de intendentes, legisladores y dirigentes que imitaran el salto del jefe comunal de Tigre hacia un peronismo conservador y marketinero al mismo tiempo. El tercer espacio es el del Frente Amplio-UNEN, cuyo eje es definirse por lo que no son, ni peronistas ni con un programa que los aglutine. Son el espacio político que más interés podría despertar en las PASO de agosto de 2015. Salvo que las encuestas les sonrían mucho más, para sumar fuerzas necesitarían aglutinarse con Mauricio Macri. Y ese punto de encuentro podría producir terremotos y divisiones no sólo entre radicales y socialistas, sino también al interior de las filas del PRO, el cuarto espacio que pretende consolidarse como un partido de derecha liberal a nivel nacional ya que, en los hechos, aún es una fuerza, si bien potente, de peso en la ciudad más rica de la Argentina y que tras dos gestiones no logró avanzar ni un ápice en la brecha de desigualdad social de la Reina del Plata. El quinto espacio corresponde al Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que tuvo un crecimiento significativo en las legislativas de 2011 y aunque no tenga chances de colar a Jorge Altamira en la Casa Rosada se plantea el desafío de que una voz de izquierda pueda diferenciarse claramente de un conjunto de fuerzas políticas cuyas propuestas no muestran grandes diferencias en los temas estructurales.

Siguiendo con lo que brinda la foto, varios precandidatos están en acción. Daniel Scioli encabeza, con mucha distancia, las preferencias dentro del Frente para la Victoria. El domingo pasado fue al encuentro de la militancia kirchnerista en el Mercado Central. Allí no juega de local pero cada vez son más las señales de dirigentes de La Cámpora de acercamiento al gobernador bonaerense. En esa reunión multitudinaria -de sectores diversos pero todos identificados con Cristina- hubo un acuerdo implícito: no poner en primer plano las pre-candidaturas. Los más cercanos a la Presidenta, como pueden ser Agustín Rossi y Sergio Urribarri, continúan activos pero deberán crecer tanto en conocimiento público como en imagen positiva como para poder hacer fuerza en las PASO de agosto de 2015. Julián Domínguez, de reciente visita al Vaticano, está en la misma situación. En cuanto a Florencio Randazzo, cuya imagen está posicionada por encima de Rossi, Urribarri y Domínguez, no fue al Mercado Central y se mostró con Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta que promovió la educación confesional por la ley, como muestra clara de su ideología marcadamente conservadora. Para ponerle números, un sondeo de la consultora Aresco, de Julio Aurelio, le da a Scioli el 20,9% de las preferencias si las elecciones fueran hoy. Muy prematuro para imaginar el resultado de los comicios que tendrán lugar dentro de 17 meses. Otros estudios, que manejan algunos precandidatos kirchneristas, colocan a Randazzo con alrededor del 7% mientras que Rossi y Urribarri corren por detrás del ministro de Interior y Transporte.

En cuanto a Massa, para Aresco al menos, tiene un punto menos que Scioli: 19,8%, que significa un retroceso en relación al claro liderazgo que ostentaba en los sondeos a fines de 2013. Macri, en este estudio, llega al 14,3%, una evidencia de que una porción de la Argentina está dispuesta a seguir a un liberal de mano dura pero que sabe comunicar y mostrarse como un dialoguista capaz de sumar dirigentes de distintos partidos y, sobre todo, darle lugar a deportistas y artistas exitosos. Julio Cobos, el mejor posicionado en FA- UNEN, con 9,7%, siempre según Aresco, lanzará formalmente su candidatura a fines de mayo en la Federación de Box. Hermes Binner, con 6,8%, es el otro precandidato con posibilidades de disputar en las PASO. Elisa Carrió, cuya imagen estaba casi empardada a Binner, decidió finalmente lanzarse como pre-candidata a la provincia de Buenos Aires y correrse de la carrera a la Casa Rosada.

En cuanto al Frente de Izquierda y de los Trabajadores, sus expectativas de crecimiento están asociadas a dos factores. Por un lado, los niveles de conflictividad social que puedan darse en estos próximos 17 meses, donde el enfriamiento de la economía y el aumento del costo de vida dejan un espacio importante para quienes están dispuestos a luchar por la justicia social por fuera del kirchnerismo. Sin embargo, el segundo aspecto que tiene es que ese espacio suele encontrar un techo a sus luchas por plantear una lucha frontal contra el capitalismo con un discurso confrontativo con la tradición peronista de las grandes mayorías populares.

Un último elemento para considerar es que no sólo no se sabe cómo serán los alineamientos, finalmente, en las PASO de agosto de 2015. Otra gran pregunta es si habrá o no ballottage tras las presidenciales de octubre. Para el oficialismo, se trata de un desafío muy importante: tras 12 años de gestión, aunque las fuerzas opositoras no tengan muchas propuestas coincidentes, los acerca el hecho de potenciar el hastío de ciertos sectores sociales y mediáticos cuya máxima aspiración es el fin del kirchnerismo. Si el panorama económico no empeora dramáticamente quizá sea posible que esos sectores opositores tengan que esperar. Pero nada es sencillo: el eventual recambio de liderazgo desde Cristina hacia Scioli es una modificación de rumbo y de actores políticos que buena parte de la sociedad no lo vive como apenas un relevo de mando. Es un acto de arrojo imaginar cuánto podrían apoyar a Scioli los kirchneristas más fieles. No sólo por los espacios de poder que se pondrían en disputa. No sólo por los estilos diferentes. Es cierto que el ex motonauta acompañó este ciclo de tres mandatos sin mostrar diferencias en los momentos más duros y que es lógico reclamar reciprocidad. Pero la lógica y la política tienen poco en común. Si Scioli logra acompañamiento fuerte de la base kirchnerista puede aspirar a sacar más de 10 puntos de diferencia con el segundo y alcanzar el 40% de los votos que requiere esa variante electoral para conjurar el ballottage. Aunque sea prematuro, todo indica que ése es un escenario de máxima y el peronismo kirchnerismo sciolismo deberá estar seriamente preparado para llegar a una segunda vuelta que parece muy cuesta arriba para un oficialismo que no tiene una única conducción ni un partido político que pueda hacer la cocina de las diferencias evitando que las discrepancias se diriman a la luz pública. Así como en el kirchnerismo hay voces que prefieren prestar un oído a Scioli, hay otros que prefieren imaginar cuatro años de gobierno opositor y anhelan un regreso de Cristina en 2019. Eso parte de un supuesto difícil de prever: una retirada ordenada al llano del kirchnerismo más cristinista y con capacidad de rearmarse sin los recursos que brinda el ejercicio del poder.

La película. Los debates políticos de cara a las elecciones de 2015 parecen desdeñar algunos vitales del funcionamiento de la Nación y la sociedad. Uno, central pero sin gancho marketinero, es cómo debe desentrañarse quiénes son los que fugan capitales. Además de transparentar el quién es quién serviría, incluso, para conseguir recursos fiscales genuinos gravando a quienes tienen depósitos en los refugios fiscales. Un estudio del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid Ar) indica que, en las últimas cuatro décadas, el total de dólares de empresas y particulares argentinos sacados del circuito y llevados a entidades financieras que guardan bajo cuatro llaves la titularidad de las cuentas asciende a la astronómica cifra de 298.891 mil millones de dólares. Los propios autores de la investigación, consideran que esa suma es mayor si se toman las ganancias que esos capitales pudieron obtener después de sacados de la Argentina. El estudio toma datos hasta 2012, de modo que en este año y medio la cifra creció.

El estudio indica que entre 1991 y 2012 la fuga de capitales aumentó un 250%. El Cefid Ar, que acaba de cumplir 10 años, tiene como patrocinantes al Banco Nación, al de la Provincia de Buenos Aires, al de Inversión y Comercio Exterior (BICE, también público) y al Credicoop, presidido por el diputado Carlos Heller. Nadie podría sospechar que los investigadores pretenden desestabilizar al Gobierno. Sucede que una de las maniobras más exitosas del gran capital financiero internacional es tener tanto el control de la gran prensa a nivel global como aquellos foros internacionales donde exponen los líderes políticos junto a los presidentes de las grandes compañías multinacionales. De los paraísos fiscales prefieren no hablar. En ese sentido, vale la pena recordar el documento enviado al Foro de Davos en enero pasado por la ONG católica -de origen jesuita para más datos- Oxfam Intermón. "Gobernar para las elites" evita la retórica innecesaria, arranca afirmando: "Hoy la mitad de la renta mundial está en manos del 1% más rico de la población, cuya riqueza asciende a 110 billones de dólares. Esta cifra es 65 veces mayor que el total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población mundial". En varios pasajes, apunta al vínculo entre riqueza extrema y dineros ocultos.

Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal), una organización no gubernamental global con base en Londres, tiene registrados 82 países donde funcionan refugios fiscales, donde no sólo se lavan dineros de las drogas o del comercio ilegal de armas, sino que se realizan las operaciones de las compañías que manejan la economía global. Según el investigador inglés Nicholas Shaxson, autor de Las islas del Tesoro, la mitad del comercio internacional, al menos en los papeles, pasa por los paraísos fiscales. La mitad de los activos bancarios y un tercio de las inversiones extranjeras de las corporaciones se canalizan por estos bancos extraterritoriales. Shaxson aclara que se trata de estimaciones, porque hay un gran vacío legal, pero de lo que no cabe dudas es que la famosa competitividad de las empresas tiene como componente central la evasión o elusión impositiva.

Visto por regiones, América del Norte es la región que más dinero tiene en plazas off shore: unos 16 mil millones de millones de dólares. América latina es la que menos tiene, unos 1.300 millones de millones de dólares. Pero la proporción de activos desviados a paraísos fiscales es alarmante. Estos datos son de 2003, antes de la crisis de las hipotecas de Estados Unidos y de la crisis financiera de Europa (2008-2009) y la fuente es el informe anual del Boston Consulting Group. El informe agrega que, en América del Norte, esos activos off shore representan una décima parte de los activos financieros de Estados Unidos y Canadá. En América latina, en cambio, representan la mitad, lo cual indica que los mecanismos de control, al menos hasta 2003, no funcionaron y la plata se iba como el agua por un colador.

Volviendo al caso argentino, los datos del Cefid Ar, actualizados a 2012, confirman que la Argentina tiene las peores notas en la región en cuanto a la mal llamada fuga de capitales. No es correcto decir que los capitales fugan. Hay estudios contables y jurídicos, así como entidades financieras que brindan el andamiaje para sacar activos. Algunos mecanismos legales y otros ilegales. Con mecanismos de control que, al menos, son completamente ineficaces. Es posible que el debate electoral deje de lado el compromiso de los partidos y alianzas a tomar debidamente este tema. Es posible que la película siga planteando, como una gran meta, conseguir que vengan capitales del exterior sin debatir una ley de inversiones externas. Es posible que se avance en la conveniencia de "abrirse al mundo" sin aclarar de qué mundo se habla y quede claro, al menos para quienes no viven de ilusiones, de que la soberanía de la Nación depende, en buena medida, de una cultura donde la legislación y la inteligencia fiscal permitan identificar -y castigar- a los que gozan del privilegio de, a veces, lograr que el dinero ingrese y otras veces lograr que el dinero se vaya a otros destinos, la mayoría de las veces de modo ilegal.

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