2014-03-16

El clima social, Francisco, Cristina y la sucesión

El jueves pasado, el papa Francisco cumplió sus primeros 365 días de pontificado. Un año apenas en los 1981 que lleva la tradición católica. Sin embargo, fue un tiempo suficiente como para poner en tensión la tradición conservadora del Vaticano. Da señales de progresismo a todo el mundo y, respecto de la Argentina de cara a 2015, el Papa es visto como el gran elector por los principales aspirantes a la Casa Rosada.

Francisco decidió hacer ejercicios espirituales durante cinco días y regresar el viernes pasado en colectivo al Vaticano. Sus claras señales de sobriedad van de la mano con los mensajes y las decisiones tomadas en este año. "Hagan lío, salgan a la calle", dijo en julio pasado a los jóvenes durante su visita a Brasil. El papa argentino, en dirección contraria de la tradición nacional de los que ocupan espacios de poder, no usa autos lujosos, decidió abrir espacios de diálogo interreligioso, echó a los directivos del Banco Vaticano acusados de corrupción, decidió actuar con firmeza contra los abusos sexuales de sacerdotes en perjuicio de menores y jugó fuerte contra la intervención militar de Estados Unidos en el conflicto interno de Siria. Francisco da señales de progresismo a todo el mundo y, respecto de la Argentina, no dudó en reforzar el rol de los curas villeros, de solidarizarse con los sectores sociales más vulnerados y de dar una entrevista a Bajo Flores TV Comunitaria para ser emitida el jueves pasado en ese barrio, en cambio de darla a las empresas televisivas con los canales de más audiencia. Es decir, un medio comunitario de los tantos creados en la lucha por una radiodifusión democrática. El Papa, de cara a 2015, es visto como el gran elector por los principales aspirantes a la Casa Rosada. Sin perjuicio de ello, Francisco pone una agenda social en cada uno de sus mensajes y da ejemplos de austeridad personal que estimulan a quienes toman la tarea espiritual y material a ser la voz de los que no tienen voz. Dijo, al asumir sorprendido su mandato: "Recen por mí". En vez de mostrarse satisfecho por sus logros, esa misma frase fue la que eligió un año después.

Cuando un grupo de huelguistas del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) cortó el Puente Pueyrredón el miércoles pasado, denunció la tercerización de muchos trabajadores del gremio y alertó sobre "la posibilidad de un nuevo caso (Mariano) Ferreira". Lejos de resultar víctimas, terminaron siendo victimarios: Raúl Lezcano que intentó pasar para llevar a su esposa embarazada al hospital y fue arrojado por un grupo de manifestantes al vacío. Antes, le sacaron la billetera y, según denunció su tía, al ver que tenía una pierna ortopédica intentaron arrancársela. Lezcano cayó de cabeza al asfalto y salvó su vida de milagro tras una intervención de los médicos del Hospital Argerich, que le costó veinte puntos de sutura. Las imágenes de los fornidos portuarios no tenían la impronta de los dibujos de Ricardo Carpani o los cuadros de Quinquela Martín, sino que daban vergüenza ajena. Son el colmo de la degradación de lo que sucede en muchos de los gremios donde los dirigentes se eternizan en sus cargos en base a un combo de negocios y manejos mafiosos. En este caso, el reelecto secretario general Juan Corvalán, alineado con la CGT de Hugo Moyano, anunció que dejará su cargo. Sin embargo, "la web de los trabajadores portuarios" como se autoproclama la página del SUPA nada dice al respecto hasta el cierre de esta edición.

El clima social de esta semana tiene como punto destacado la continuidad de los paros docentes en las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán, Chaco, Jujuy, Chubut, La Rioja y Tierra del Fuego. Se trata de un conflicto que estaba más que anunciado tras el accionar de los grupos policiales que extorsionaron de modo mafioso en diciembre pasado y que tuvieron como premio mayor aumentos del orden del 30 al 35%. Y debe subrayarse: incrementos previos a la devaluación y los aumentos generalizados de precios. Todavía no se sabe ni cómo ni cuándo se destrabará esta situación que afecta, hay que subrayarlo, a trabajadores de la educación, un gremio con mucha química con el kirchnerismo y alineado de modo mayoritario con la CTA conducida por Hugo Yasky.

El viernes pasado el paro de los choferes de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) no se debió al tema salarial sino al asesinato artero de Leonardo Paz, de 22 años, chofer de la línea 56 asesinado en la noche del jueves en La Matanza en un cruce de balas entre un policía federal que viajaba en el colectivo y se tiroteó con asaltantes. El viernes, Roberto Fernández, secretario general de UTA, lanzó un paro de 12 horas que terminó a la medianoche de ese día. Cabe recordar que la UTA estaba alineada con la CGT conducida por el metalúrgico Antonio Caló y cercana al Gobierno. Cuando a mediados de enero pasado Hugo Moyano y Luis Barrionuevo convocaron a dirigentes gremiales en Mar del Plata, Fernández fue "a título personal" y, sin vueltas, hizo declaraciones abiertamente opositoras: "Estamos en un país sin gobierno". Más allá de la tremenda muerte del joven Paz, es imposible pensar la medida de la UTA fuera del viraje de Fernández.

Los esfuerzos que hace Carlos Tomada al frente del Ministerio de Trabajo no alcanzan para acercar nuevamente a la dirigencia gremial al kirchnerismo. Por otra parte, si en la Argentina no se toma el toro por las astas y se debate a fondo una nueva ley de asociaciones profesionales, la vida política nacional estará condicionada en buena medida a la combinación peligrosa entre los márgenes de poder de cierta parte de la dirigencia y el descontento real de buena parte de las bases. Una vez más es preciso recordar que los manejos de las obras sociales de una parte del sindicalismo contrasta con la imposibilidad de la CTA de tener personería gremial y posicionar mejor en términos de recursos a los sindicatos que adhieren a los dos espacios en que quedó la central fundada por el mítico Germán Abdala en los tiempos del menemismo.

Las preocupaciones que generan la devaluación, el aumento de los precios y algunas señales de enfriamiento económico -con fábricas suspendiendo personal- deberían ser la preocupación principal de la dirigencia política, tanto opositora como del Gobierno.

Cristina y el Papa. Los ojos de los observadores, mañana lunes 17, se posarán primero en el Ministerio de Economía y luego en el Vaticano. En efecto, antes de que el papa Francisco almuerce con Cristina, se conocerá el índice de precios de febrero, un dato importante para saber cuánto incidirá en los diálogos paritarios y en las afiebradas mentes de los remarcadotes. Los trascendidos y mediciones académicas o de consultares privados hablan de una cifra no muy distinta del 3,7% de enero. Dado que la devaluación fue a fines de enero, el impacto se corrió a febrero.

Tras el crédito logrado con la publicación de enero, las autoridades del Indec no podrán dar a conocer un número que se ponga en dudas porque significaría un costo demasiado alto, tanto porque es un momento clave de muchas negociaciones laborales cuanto que la Presidenta estará en el Vaticano en el momento de la publicación y porque dos días después de su almuerzo con el papa Francisco, Cristina se reunirá con el presidente de Francia, François Hollande, con quien abordará el tema de la deuda argentina con el Club de París. Fuentes diplomáticas francesas confirmaron a Miradas al Sur que Hollande tiene en carpeta abordar este asunto. Si bien el Club de París está integrado por una quincena de naciones, la secretaria general es Clotilde L´Angevin, funcionaria del Tesoro de Francia, y es altamente probable que Hollande en su reunión con Cristina confirme la decisión de avanzar en las conversaciones iniciadas dos meses atrás por el ministro de Economía, Axel Kicillof. Todo indica que un avance con el Club de París sería un paso para el acceso al crédito internacional. Así lo dicen los funcionarios del FMI, quienes siguen con atención precisamente la credibilidad de las cifras del nuevo IPC. Da la particularidad de que aunque Francia encabece ese club financiero, la deuda argentina con el Estado y las empresas francesas es relativamente baja, unos 400 millones de dólares, mientras que el monto total llega a unos 9.500 millones.

Volviendo al IPC, más allá de eventuales respaldos internacionales para buscar financiamiento e inversiones, la inflación de febrero estará presente en las negociaciones salariales y también en los precios.

Volviendo a la reunión de Cristina con el Papa, hace exactamente un año ambos habían almorzado en la residencia de Santa Marta. En aquella oportunidad, Francisco estrenaba su pontificado y en apenas un año se convirtió en una de las personalidades más destacadas del Planeta. No eran un dato menor, un año atrás, las dudas sobre su eventual conducta en los tiempos de la dictadura. Tampoco es un dato menor la reciente publicación del libro La lista de Bergoglio. Los salvados por Francisco durante la dictadura. La historia jamás contada del periodista Nello Scavo, quien trabaja en la revista católica Avvenire. El libro fue publicado en octubre en Italia y luego llegó a las librerías de Argentina publicado por la Editorial Claretiana. Scavo afirma que Bergoglio fue el autor de "una red clandestina que consiguió salvar a muchas decenas, sino centenares, de personas cuyas vidas corrían peligro". Si bien se trata de una respuesta a las nunca confirmadas denuncias de Horacio Verbitsky sobre la presunta responsabilidad del actual Papa en el secuestro de los sacerdotes jesuitas Franz Jalics y Orlando Yorio, es muy significativo que el prólogo del libro haya corrido por cuenta del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. Para confirmar que los alineamientos rígidos están solo en las mentes esquemáticas, Verbitsky tiene buena sintonía con el kirchnerismo mientras que Pérez Esquivel tiene una postura crítica de la Casa Rosada.

Francisco y el 2015. Nadie pone en duda que el Papa carece de medias tintas en su gestión vaticana. No solo por los gestos de austeridad o por no discriminar a los homosexuales. El Vaticano también está en los ojos del capital financiero y debido a los desmadres de su banca, había caído su calificación. Ningún otro Papa había puesto énfasis en blanquear los números del Instituto para las Obras de la Religión, conocido como Banco Vaticano, y Francisco ordenó que ese banco cumpliera con los requerimientos del Grupo de Acción Financiera contra el lavado de dinero (conocido como GAFI por su nombre original en francés). Como todo en este capitalismo financiero que domina el planeta, el Vaticano logró que sus finanzas tuvieran una mejor calificación: antes era EE -en la media- y el nuevo Papa logró que fuera EEE -por encima de la media-. En definitiva, así como Argentina transparenta los números del IPC con expectativas de abrir mercados y buscar bajar las tasas, el Vaticano también quiere mejorar la imagen de su banco.

En cuanto a la Argentina, el Papa mandó varias señales, en los tórridos días de enero, de apoyo a la institucionalidad argentina. Varios dirigentes opositores, dirigentes gremiales y empresarios que tuvieron audiencias recibieron de su boca el mensaje de su cerrado apoyo a que la Presidenta pudiera terminar sin zancadillas su mandato. No es un secreto que el Papa militó en espacios de Guardia de Hierro, tal como lo hicieron entre otros los mendocinos Juan Carlos Mazzón y José Luis Manzano. Mazzón colabora con el armado político de Daniel Scioli mientras que Manzano lo hace con Sergio Massa, los dos dirigentes políticos que, hoy por hoy, aparecen mejor posicionados.

Aunque Francisco mantiene buenas relaciones y recibe a dirigentes de todos los sectores políticos, es preciso reparar en que pone un especial énfasis en apoyar a los curas villeros y se solidariza con víctimas de atropellos. Una de las cartas sugestivas de Francisco fue la enviada a Ramón Cortés, condenado en segunda instancia en un proceso más que irregular, por el crimen del policía Jorge Sayago en una pueblada en la localidad santacruceña de Las Heras. Francisco dijo: "Recibí su carta y le agradezco de corazón me la haya enviado. Comprendo lo que usted me dice y quiero expresarle la seguridad de mi cercanía en estos momentos que está viviendo. Le aseguro que su vida no me es indiferente y haré lo que pueda en lo que me pide". Quienes dieron a publicidad la misiva fueron los militantes de La Alameda, un espacio crítico del Gobierno y con fuerte presencia en las villas porteñas. Entre las señales del Papa, a un año de su llegada al Vaticano, está la entrevista que brindó la semana pasada a integrantes de la FM del Bajo Flores (ver nota relacionada). Mariela Pugliese, militante de ese espacio periodístico, es la actual presidenta del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco). Quienes recuerdan los inicios de la lucha por la democratización de los medios saben que Farco fue uno de los puntales en la constitución de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, allá por 2004, y que terminó con la ley de servicios de comunicación democrática. Una ley que previó abrir el espectro a los medios que, como la FM del Bajo Flores, expresan la voz de los que no tienen voz. El Papa eligió un medio comunitario. Tal como decía Marshall McLuhan, un académico visitado por los periodistas: el medio es el mensaje.

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