Cristina, San Petersburgo, Buenos Aires y Nueva York
Durante el jueves y el viernes próximos, Cristina Kirchner se sentará con los mandatarios que integran el G-20. El encuentro será en San Petersburgo, la majestuosa ciudad rusa donde se había trasladado el gobierno provisional de Kerenski en febrero de 1917. Allí, en medio de los avatares de la Primera Guerra, se gestó el último tramo de la llamada Revolución de Octubre que llevó a los bolcheviques al poder. "La toma del Palacio de Invierno" no es sólo una metáfora usada por los políticos para referirse a salidas radicalizadas. Se trató, en efecto, de un hecho histórico: los hambreados obreros y soldados organizados en sóviets entraron a ese impresionante edificio donde la familia real pasaba los meses de intenso frío. Una nueva era se inauguraba en el mundo: Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, fue el líder de ese proceso. El culto a la personalidad de la figura prominente de la revolución, como en tantos otros procesos de cambios históricos, fue tan patente que al poco tiempo la gran ciudad dejó de llamarse San Petersburgo y fue bautizada Leningrado. El fin de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas le devolvió el nombre que había elegido el Zar Pedro el Grande: el suyo propio. Las autoridades que restauraron el capitalismo en Rusia tuvieron la precaución de dejar que la región donde está enclavada San Petersburgo continuara llamándose Leningrado.
El encuentro de este fin del verano en esta ciudad cercana al frío mar Báltico, por protocolo, está presidido por otro Vladimir. En este caso el atlético y hedonista Putin, el hombre fuerte de Rusia desde 2000, cuando asumió por primera vez la presidencia y que nació en esa ciudad hace 61 años, cuando se llamaba Leningrado y que la recorrió manzana por manzana durante años como oficial, tanto de espionaje como de contraespionaje, del poderoso aparato de inteligencia soviética: la temible KGB. Putin recibirá a sus invitados en otro palacio, no el de Invierno, porque no parecen años como para pensar en recrear aquel famoso asalto de 1917. Barack Obama, François Hollande y David Cameron, los que estaban planeando el asalto a Siria, serán algunos de quienes asistirán al barroco Palacio Konstantinovski, que es la residencia de Putin cuando deja Moscú para ir a su ciudad natal.
Todo indica que Obama y Putin no tienen previsto más que los saludos protocolares y el mundo todavía mira con incertidumbre la posibilidad de que ese ataque se concrete. El Parlamento británico le dio la espalda a Cameron y Hollande, que se dice socialista pero no leninista, quedó como el mejor aliado de Estados Unidos, al estar dispuesto a sumarse al ataque planteado por Obama aun sin el respaldo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que integra Rusia como miembro permanente y cuyo veto sería suficiente para frenar legalmente una acción militar. Siria fue un aliado importante de la URSS y todavía tiene un vínculo estrecho con Rusia, de modo que cualquier incursión de aviones norteamericanos en territorio sirio podría calentar el fresco fin de verano de San Petersburgo.
En un escenario delicado en términos militares, Putin tiene planteada una ambiciosa agenda para charlar no solo con los mandatarios de las potencias mundiales sino también con los representantes del Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Mundial, entre otros, para regular el sector financiero y el comercio a escala mundial. No parece un momento donde los jefes de Estado y los organismos multilaterales estén en condiciones de ver el largo plazo y el ancho mundo. Más bien, todo parece estar entre algodones respecto a Siria y no es posible descartar de plano la intervención norteamericana en los días previos al encuentro del G-20. Ayer, Obama se presentó en los jardines de la Casa Blanca para afirmar que no quedan dudas sobre el uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar Al Assad. Obama fue cauto y decidió mandar el tema al Congreso, aunque aclaró que tiene la autoridad para decidir una acción punitiva.
La presidenta argentina tiene un tema que no viene mal que se menee en las turbulentas aguas del G-20 si es que alguien quiere escuchar: una solución para los bonistas que no entraron en los canjes de la deuda externa. Al respecto, cabe recordar que tanto el gobierno norteamericano como el FMI tuvieron posiciones cambiantes respecto de apoyar la posición argentina contra los fondos especulativos. Quizá Cristina pueda conversar con su tocaya Christine Lagarde y por qué no con el mismísimo Barack Obama, si es que el mandatario norteamericano le concede el encuentro privado de 15 minutos que todos los jefes de Estado quieren tener con el inquilino de la Casa Blanca.
La Argentina no está en riesgo de recibir un racimo de misiles Tomahawk, pero sufrió el cañonazo enviado por el juez Tomas Griesa, que desde la capital mundial de las finanzas decidió que la Casa Rosada tiene que pagar el 100% de los títulos en default. Una cifra que representa 1.300 millones de dólares pero que además abriría una grieta por la cual habría una catarata de reclamos de quienes entraron en los canjes de 2005 y 2010. La Corte norteamericana no se aboca a tantos casos pero se abriría una puerta si el gobierno de Estados Unidos le manifestara su interés en que trate el caso argentino. Quizá, entre jueves y viernes, en el lejano Palacio Konstantinovski, aparezca algún interlocutor para este tercer canje de deuda aprobado la semana pasada por el plenario de comisiones del Senado y que probablemente tenga media sanción el miércoles, mientras Cristina emprenda este largo y breve viaje a San Petersburgo.
Buenos Aires. Los períodos electorales ayudan a perderse en la inmediatez de los propios conflictos. Sin embargo, la mayoría de la agenda local depende, y demasiado, de factores externos. Factores que no suelen despertar pasiones para el amplio público pero que son muy tenidos en cuenta por quienes participan del micromundo de la toma de decisiones. Estados Unidos está recuperando sus finanzas. Brasil empezó a sufrir los efectos porque muchos capitales ingresados en los últimos dos años en ese país empezaron el viaje de vuelta a los mercados financieros norteamericanos. También porque el real empezó una devaluación a tono con ese escenario. En lo que va del año, llega al 20% con relación al dólar. Aunque el peso argentino lleva un ritmo similar, el tema de la relación peso- dólar más inflación agita las aguas argentinas. Pero volviendo al tema canje de deuda, la resolución del fallo de Griesa, confirmada por la Cámara de Apelaciones de Nueva York, está en suspenso hasta que la Corte Suprema de ese país decida si acepta el caso o no. Los abogados del fondo especulativo de Paul Singer ya presentaron un escrito ante el alto tribunal para que rechacen de plano su tratamiento. Singer ya sufrió una derrota en Ghana cuando la Justicia francesa, donde estaba radicado el litigio, falló en su contra. Así de viajeros son las finanzas y los tribunales cuando se trata de capitales golondrinas.
Las grandes pasiones bonaerenses, para muchos medios, están por estas horas centradas en quiénes hablan por teléfono por Sergio Massa, quien logró adhesiones de algunos ex sciolistas como Baldomero Álvarez y Osvaldo Goicoechea o de la ex kirchnerista Leonor Granados. Quien no tuvo vueltas sobre los dilemas de identidad fue el dirigente taxista dispuesto a ir donde el pasajero mande: "En 2015 apoyaremos a los que ganen". Algunas veces Néstor Kirchner decía que prefería ser el primero de la nueva política más que el último de la vieja política. Eran los primeros años de fervor, de transversalidad, de movimientos sociales, de baño latinoamericanista, de recuperación de la dignidad. Hoy, los dirigentes peronistas parecen refugiarse en las viejas y conservadoras estructuras donde no se sabe si lo que se ve en superficie como representación ciudadana y compromiso ideológica no se continúa en códigos reservados sólo para los que pertenecen a un mundo donde se puede saltar de silla pero jamás perder el asiento del mundo del poder. Una gran cuestión para algunos que militan en las filas kirchneristas y están más preocupados por su continuidad en un cargo o en algún circuito de proveedor del Estado. No son tiempos para los resultadistas como Viviani, quien al menos tuvo la desfachatez de confesar lo que otros prefieren decir en voz baja. Los Viviani aparecen, entre otras cosas, por la falta de debates genuinos y abiertos, por la poca oxigenación de las políticas oficiales, por la negativa a reconocer errores y por la persistencia de funcionarios cuyos aciertos son menos que sus errores. Diez años continuos de poder dejan a la sociedad en un estado mucho mejor pero con un Estado que todavía espera cambios de fondo y que sigue diseñado para que todo o casi todo se resuelva en la esfera presidencial.
Nueva York. Entre el 22 y el 25 de septiembre, Cristina volverá a subirse a un avión. Ya habrá empezado el otoño en la Gran Manzana y líderes y mandatarios de 193 Estados asistirán a la sexagésima octava asamblea general de las Tímidas Naciones Unidas. Los dos años de guerra civil en Siria, con un saldo provisional de cien mil muertos, podrían haber derivado en algún intento serio de promover la paz. Por el contrario, una vez más parecen ser el trampolín para la intervención militar de potencias occidentales. Echar querosén al fuego parece la fórmula. Y lo que es tan grave como eso: una gran potencia, en cuya ciudad financiera central funcionan las Naciones Unidas, desconoce olímpicamente las normas y tratados internacionales sobre intervenciones militares limitadas e ilimitadas. Y el resto del mundo manda a sus presidentes a cada sesión como si esta violación fuera un tema de los otros.
América latina parece demasiado lejana. Cristina Fernández de Kirchner seguramente estará allá. Una vez más, buscará la oportunidad de abrir espacios para que la Casa Blanca se pronuncie sobre el tema de los fondos especulativos y la instancia de la Corte Suprema de Estados Unidos. Apenas unos días después del regreso de la Presidenta, el miércoles 2 de octubre, las radios y los canales de televisión comenzarán a emitir las piezas publicitarias con vistas a lo que sucederá el domingo 27 de octubre, cuando se realicen las elecciones legislativas en todos los distritos del país. Hasta entonces, todos darán opiniones, arriesgarán pronósticos, prometerán victorias propias y anunciarán derrotas ajenas. El lunes 28 muchos se dedicarán a dejar en condiciones las escuelas para que los chicos puedan volver a clases y mientras se tejan especulaciones sobre quién ocupará la Casa Rosada en 2015, millones de personas acudirán a sus trabajos en los buenos transportes que supimos conseguir.