2013-04-06

Aire

La crisis institucional no es sólo un problema de los políticos. Afecta la capacidad del Estado de dar respuesta, de intervenir, y enturbia las relaciones sociales. La consulta popular para definir el futuro del Intendente, es una alternativa válida para renovar el espeso clima que vive Bariloche. Por Santiago Rey.

Es imposible desentenderse sobre las motivaciones que llevaron a esta situación de gravedad institucional. Al margen de las responsabilidades políticas que pesan sobre las cúpulas del Partido Justicialista provincial y local por el apoyo a Goye -que se extendió más allá del triunfo electoral y permitió la consolidación del "proyecto"-, fue el propio Intendente quien, durante todo un año, acumuló mérito para lograr su suspensión y encontrarse a un paso de la revocatoria de mandato.

En todo caso, la "gestión Goye" será motivo de análisis después de este domingo que presenta otra faceta para destacar: la posibilidad que la ciudadanía decida, a través del referéndum, si destituye o no a un Intendente.

El camino para desembocar en esta consulta popular es, definitivamente, engorroso; lo cual generó que por momentos el proceso fuese apropiado sólo por los partidos políticos y su dirigencia -además de las estructuras del Estado-, y apartara a la sociedad.

Sin embargo, concluye en la alternativa que el sistema democrático ha definido como la máxima posibilidad de participación ciudadana: el voto.

Y será la sociedad de Bariloche eligiendo si revoca o no el mandato de Goye, la que abra la puerta a un nuevo momento institucional de la ciudad.

La superación de la crisis institucional no lo es todo. Los dolorosos problemas de desigualdad estructural que presenta Bariloche no se resolverán de un día para otro. Pero, quien tenga la obligación de dar respuestas lo hará desde un lugar de legitimación, que incluirá esta consulta popular. No es poco para empezar.

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