Carta de lectores

Sobre el tránsito en Bariloche y los controles

Como pasa generalmente con todo lo público, se opera sobre los efectos y nunca sobre las causas. Es muy humano, no asumir ni enfrentar los problemas, pero claro, es muy poco efectivo. Alejandro Vaccari escribe y reflexiona sobre los controles que se realizan en la ciudad.
Escuché a nuestro intendente, hace unos días y entre otras cosas, decir que pese a los intensos controles de alcoholemia sigue habiendo muchos casos ante cada operativo.
 
A mi entender, y como pasa generalmente con todo lo público, se opera sobre los efectos y nunca sobre las causas. Es muy humano, no asumir ni enfrentar los problemas, pero claro, es muy poco efectivo.
 
Quien bebe una lata de cerveza, o se toma una copa de vino en una cena, no disminuye sus capacidades; esto es discutible y es cierto, porque la “resistencia” a los efectos del alcohol no es la misma en todas las personas. De todos modos, la tolerancia 0, me parece un disparate.
 
Por ejemplo. ¿Quien controla a quien va enojado, o conduce como un loco, o va drogado o incluso medicado?... Porque en todos esos casos se está al límite de provocar un accidente.
A mi entender, el que no es alcohólico puede abstenerse y somos los que resignamos la bebida en una cena y aceptamos la prohibición; pero quien es alcohólico, quien de alguna manera, ya no puede o simplemente no quiere limitarse, o prefiere transgredir, va a tomar igual. 
 
Esa persona que bebe desmedidamente, una o varias botellas de vino, o varias pintas de cerveza, “es el verdadero peligro” pero sigue, y va a seguir bebiendo, porque esas personas no van a dejar su adicción por un mandato externo a sí mismos, necesitan asumir, procesar, cambiar. No lo arreglan los controles, ni que suban las multas o las penas.
 
La “causa”, en éste caso sería ¿Por qué necesita alcoholizarce?... pero claro eso es mucho más difícil de trabajar, resolver, promover y controlar.
 
Es paradójico, publicitar tanto lo que se hace, cuando en realidad lo que se hace es siempre escaso o al menos no es lo adecuado. Lo que se hace bien, no necesita publicaciones y ni siquiera aplausos. Sé, que escribo una utopía, sabiendo que estamos en una época flaca de valores. Hablar de abstenerse, de cuidarnos, de ser decente, hacer las cosas con buena leche, hoy parece casi como “tirar pálidas”. Tal vez la intención del municipio, de la provincia o de la nación sean buenas, y eso lo juzgará el tiempo, u otras personas, pero a vista de los resultados, no son ni remotamente suficientes.
 
Alguna vez por ejemplo, escribí sobre el juego, las apuestas, los casinos, ahora incluso las apuestas online, de las que, pese a las recomendaciones, se sabe que muchos adolescentes participan… Se sabe que está mal, se sabe que es una adicción, se sabe que daña la economía de las familias, y aun así, se promueven desde el estado, es más, está en manos del estado, calculo que para recaudar algo. ¿Cuál sería la intención el destino si no es esa?. Los casinos son concesiones, las loterías de provincia y nación y ahora también la promoción de los “sitios oficiales en línea”.
 
Otra, las camaritas, para controlar a los “hijos del rigor”, a veces instaladas a veces al final de una bajada, a la cacería de conductores descuidados. Obviamente para hacer caja, muy lejos de una intención de prevenir y educar.
 
La RTO obligatoria, cuando la mitad del parque automotor, no tiene vehículos en condiciones como para poder hacerla siquiera. El control se ejerce siempre sobre el mismo grupo de personas que puede. Otro disparate, y luego además, donde está la contraparte, el auto en condiciones y ¿las calles, las rutas, el ripio que a veces está peor que en el medio del campo?, todo en franco abandono, plagado de baches, roturas constantes, desniveles que hacen que uno circule vibrando (pero no de emoción), señalizaciones en mal estado. ¿Los daños que se harán a cada vehículo, que RTO controla lo público, cuales son las multas o las penas?. 
 
Otra, rotondas como la del Ñireco, donde es imposible prever un encuentro ordenado de los autos que entran; en una rotonda normal, se va a la derecha y se sale siempre hacia la derecha; acá no. Entran los autos en 2 filas, por colectora, por la calle del medio, y giran hacia donde necesitan girar, cruzándose unos con otros, muchas veces con puteadas a viva voz de por medio y maniobras más que bruscas.
 
Una rotonda que nos pone al límite del accidente, ¿no es contradictorio?.
Otra, las motos que muchas veces van cómo y por donde quieren, pasando por la derecha, cruzándose por delante, haciendo piruetas. ¿Tienen para ellos otras normas de tránsito, y quién controla?.
 
Los osados ciclistas e incautos bicituristas, circulando en una delgada línea de Bustillo, apenas unos centímetros, en ese asfalto de un ancho escaso, apenas necesario para un auto, la banda finita de asfalto entre el margen de los espejos laterales en movimiento y los abismos de las banquinas que jamás están a nivel de la calle.
 
Una buena, sí, es que en parte de Bustillo, se estén por fin pavimentando.
Otra, tanto control pasivo de las fuerzas del orden, por ejemplo un vehículo de prefectura con 4 personas dentro, estacionado todos los días en el mismo lugar siempre. Unos cuantos puestos de policía desde el centro hasta cruzar el Limay, que hacen exactamente lo mismo. Solo presencia, solo un control pasivo, con algún que otro operativo… ¿sirve de algo?. A mi entender sirve solo para aburrir a quienes participan y volver a esa gente aún más pasiva. 
 
La policía culpará posiblemente a la justicia, el intendente a los concejales, la justicia quizá a las circunstancias… mientras la realidad es siempre la que es, y lo que se asume es poco y nada de ella.
 
Muy contradictorio, y son solo algunos ejemplos. Se actúa siempre sobre los efectos, nunca sobre las causas.
Actuar sobre las causas requiere servir, educar, capacitar al personal, comprometerse, priorizar siempre el bien común, buscar soluciones, responsabilizarse, trabajar en serio cada día. 
 
Alejandro Vaccari 
DNI 14.682.317
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