2026-09-02

Orgullo

Una campaña nacional destaca a docentes y una de las elegidas es de Bariloche

La iniciativa busca poner en valor la profesión y selecciona docentes de todo el país. Jorgelina Mazzucco, docente barilochense, es una de las cinco personas elegidas de Argentina. 

“En medio de este momento en que hay mucha descalificación hacia los docentes o muchas personas piensan que podemos ser reemplazados por la tecnología, que se destaque este rol, es una alegría”, dice Jorgelina Mazzucco. Ella, y otros cuatro docentes más, fueron seleccionados en todo el país como parte de una campaña que busca destacar y poner en valor a la profesión.

La iniciativa es llevada adelante por Fundación Varkey junto con el diario digital MDZ y otras organizaciones. Esta es la cuarta edición de la campaña nacional de vía pública que busca concientizar sobre la importancia de la tarea docente con historias y rostros reales

Desde un espacio central ubicado en Carlos Pellegrini y Diagonal Norte, pasando por la costa bonaerense y ciudades como Córdoba capital y Rosario, los docentes serán homenajeados durante todo su mes.

Gracias a una convocatoria donde la sociedad puede “nominar” a un gran docente, más de 200 personas escribieron nombres de maestros y maestras que marcaron sus vidas. Un comité de Fundación Varkey eligió a cinco finalistas cuyas historias son transformadoras. Los ganadores del reconocimiento de este año fueron nominados por colegas, estudiantes, exalumnos, y familiares.

En diálogo con ANB, Jorgelina contó que vivió la mención con mucha sorpresa, pero a la vez, felicidad de poder valorizar el trabajo docente en general. “Mi trayectoria, por la cual me postularon, fue en la Escuela 325, pero esto no es mío, es de una comunidad educativa. Nada se logra solo, fue un trabajo de muchos años junto a compañeros, familias, estudiantes”. 

Jorgelina es oriunda de  Otamendi, una localidad cercana a Mar del Plata, donde se formó como maestra de Nivel Inicial y, luego, de Primaria. Dio sus primeros pasos como docente en jardines de Mar del Plata, pero cuando se recibió tenía una idea clara: "Voy a buscar una escuela rural o de frontera". 

En un aviso en el diario leyó que buscaban una maestra jardinera para el Centro Atómico de Bariloche. Ella estaba de viaje, pero sin dudarlo cambió su pasaje de regreso para poder ir a la entrevista, y se volvió caminando nueve kilómetros hasta el centro de la ciudad buscando una casa para alquilar, por si acaso la llamaran. Lo hicieron, y allí comenzó su historia en la Patagonia.

De ese jardín pasó a la Escuela 324, de Los Coihues, donde permaneció 28 años. “En su momento era más rural, ahora ya es más parte de la ciudad”, recordó. En la institución, ejerció todos los roles hasta llegar a la dirección, y en ese camino a la escuela logró grandes transformaciones. Juntos, docentes y familias, construyeron un proyecto de escuela ambiental integral: "Somos ambiente: lo que jugamos, lo que miramos, lo que comemos es ambiente", resume Jorgelina. 

En las casi tres décadas que pasó en la escuela, Jorgelina destaca que vivieron “cosas maravillosas” y, como ejemplo, recuerda algunas de ellas: crearon una radio escolar, un desafío lector que trascendió las paredes de la escuela, una orquesta para chicos del barrio, talleres de rock y folclore, de arte y biología, salidas de montaña con pernocte en refugios, carreras de pedestrismo y bici, construyeron una casa para una familia de la comunidad que vivía en carpa, y levantaron el terreno con gaviones para la ampliación del jardín. 

Entre sus mejores recuerdos está el acompañamiento que hizo para el inicio del esquí escolar. Jorgelina se involucró en todas sus etapas. Hoy, hace 25 años que todos los chicos de quinto grado de escuelas públicas de Bariloche pueden ir una semana a esquiar. 

"Una escuela no funciona con un director ni con un maestro; las escuelas funcionan si son lugares de comunidad", señala. En Los Coihues no solo construyó una escuela: también construyó junto a su marido Marcelo, la casa donde crió a sus hijas, que fueron a esa misma escuela. "Las escuelas son las casas de los hijos de los maestros también", dice.

En 2016 concursó para ser supervisora y en 2024 salió el cargo, pero no permaneció mucho en él. Un año después quiso volver al aula: asumió como directora en la Escuela Primaria N°190 "Modesto Inacayal", en el paraje Gutiérrez, en Ñirihuau, a 39 kilómetros de su casa, otra escuela alejada, de jornada extendida, con 108 estudiantes y 25 docentes, donde ahora vuelve a empezar de cero buena parte de lo que sembró en Los Coihues. Mientras tanto, sigue con la misma convicción de siempre: "Es difícil construir, pero qué lindo", sonríe. 

Además de Jorgelina, en esta edición fueron destacados Enzo Meneguini Bernal – CABA (oriundo de Chaco), María Laura Riveros, de Jaime Prats, Mendoza, Marisel Karina Argañaraz, Villa Ojo de Agua, Santiago del Estero, y Sandra Pagliaricci, de Campana, Buenos Aires.

“Me parece muy valioso de parte de esta fundación y necesario. Ojalá todos los docentes pudieran tener un momento de reconocimiento, tan necesario para poder seguir haciendo bien la tarea”, consideró. (ANB)

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