2026-03-22

Cuentos

Realidades dormidas

Entre sueños, laberintos y personajes inquietantes, el narrador se adentra en un mundo onírico donde la realidad se desdibuja y las emociones se vuelven intensas. Este cuento invita a recorrer una historia cargada de simbolismo, angustia y esperanza, donde un niño y un globo terráqueo marcan el rumbo de un destino inesperado.

Buscó en su pesado sueño tertulias del pasado, donde era él, protagonista de una historia fantástica; era allí, en esos salones con luces desconocidas, donde personajes misteriosos y rincones ocultos formaban un entramado donde todo tomaba sentido. Su mundo rondaba en base a sus pensamientos y era capaz de decir, hacer, transformar y dar vida a los más alocados y extravagantes diálogos.

Fue así, que noche tras noche, se enredaba en tumultuosos juegos de laberintos infinitos. Tal era la fascinación de sus sueños, que el simple hecho de despertar lo perturbaba y no deseaba hacerlo. El mundo, su mundo, ya no era el de mañanas frescas de sol, ni de atardeceres rejuvenecidos de primavera, su mundo era el de los sueños, con diálogos de risa elocuente y
discusiones que eran solucionadas por jueces embriagados con bebidas sin nombre que venían de una realidad paralela.

Una noche en su salón con miles de invitados que entraban y salía todos de una misma habitación muy iluminada, con paredes que nunca llegaban al techo, pero que resultaba ser extremadamente pequeña, recordó que había un tímido niño en un rincón, sus brazos contenían un globo terráqueo el cual giraba y giraba sin dejar de hacerlo buscando un lugar, en algún mar misterioso, sin puerto conocido, con un destino prometedor para un mundo lleno de desilusiones que no lo satisfacía. Abrió muy grandes sus ojos y notó que aquel niño no podía elevar su mirada con total libertad, miles de almas desparramadas en la habitación lo miraban, lo oprimían, lo apuntaban destruyendo una y otra y otra vez sus sueños. La presión que ejercían con sus dedos cortaba el aire y presionaban el pecho del niño que no podía elevar la mirada.

Quise hablarle y no pude hacerlo, mi voz no llegaba a su escucha y el niño se retraía cada vez más y más; los invitados empezaron a mirar indiferentes y ya nadie observaba como era destrozada su vida. En un instante dejó caer su globo terráqueo, este no llego a rodar, los muelles, los ríos, los infinitos océanos, todo estaba destruido.

Simplemente cayó, se destrozó y fue ahí cuando el niño dejo caer su mirada y estando a punto de verlo perecer, ejercí presión para entrar en la habitación. No lograba hacerme espacio, mis brazos estaban atados a las miradas de las almas perturbadoras y las visiones tortuosas de los aniquiladores que dominaban la escena. Mi desesperación era total, ahora yo sentía como se oprimía mi pecho, sentía como se aceleraba mi pulso y como mi respiración se agitaba, quería llegar y no lograba llegar al niño, este ya casi muerto, dejaba expirar su vida.

Quise, quería y no no lograba tocarlo, necesitaba sacarlo allí y dejarlo respirar; yo no podía hacerlo, menos aún podría hacerlo el por sus medios que ya no contaba con fuerzas suficientes ni para elevar su mirada. Su muerte era inminente y mi pecho se comprimía más y más, y más sucedía y menos respiraba y más se aceleraba mi corazón y la angustia comenzó a tomar posesión de todo a mí alrededor.

Ejercí todas mis fuerza para estar a su lado sin lograr compensar la distancia, ofrecí mi cuchillo
al niño, logré lanzarlo y cayó en sus manos, fue inmediato, no lo dudo y lo que yo creí que iba a suceder no sucedió ; en mi anhelo, el niño estiraría los brazos y con el cuchillo se abriría paso y desplazaría a todas esas almas perturbadoras, cortaría brazos acusadores y arrancaría lenguas enredadas en veneno malicioso, pero no sucedió así y yo que ya no dominaba mi sueño hace mucho tiempo, no podía controlar el accionar del niño que elevó su mirada, sus
ojos brillaban, no recuerdo ver ojos tan brillantes en toda mi vida, y su sonrisa enmudeció al mayor de los bullicios.

El cuchillo rápido, fugas y sin rodeos entro en su pecho, partió su corazón en dos y a diferencia de lo que yo hubiese pensado no sangró. El pecho abierto en dos, ilumino la sala y cegó a todos en la habitación, cuando pude volver a ver me encontré solo, en una habitación
vacía con una ventana de doble hoja, me acerqué y la abrí.

El día era soleado, un verde pasto recorría al costado de un sendero corto que llevaba a un rio, que se dirigía a un gran manto de agua y que a lo lejos se dejaban observar las olas de un océano que a pesar de estar calmo te hacía recordar el poder de la naturaleza; y vi, como caminando se acercaba el niño, feliz, estando tranquilamente recorriendo el sendero y en sus brazos llevaba su globo terráqueo tan lindo y hermoso como siempre. Lo vi, y me alegre, su mirada estaba en alto, su espíritu estaba tan libre y su sonrisa era cautivadora.

El niño que se había matado en mis sueños, ahora mostraba que su vida era plena y prometedora, ya sin esas almas que lo atormentaban, me miró, extendió su mano para tomar la mía, y cuando quise darme cuenta, caminaba junto a él, por aquel sendero que nos llevaba al barco que ya se encontraba izando velas para zarpar al puerto deseado.

Fin.

Te puede interesar