Literatura
El día que el mundo lloró
Cuando sonó el teléfono en la habitación de mi despacho supe inmediatamente que algo estaba mal, no era que el sonido fuese distinto, ni que se hubiese modificado el sincronizado del tono, pero algo estaba mal, se percibía en el ambiente, una intuición, una premonición, como si en el fondo supiese que esto podría pasar, y definitivamente pasó.
Al contestar la llamada, fue como si el mundo se hubiese detenido y de hecho lo hizo, mi mente se paralizó, no pude responder nada, solo escuché la categórica frase que tenían para decirme y enmudecí. Todo en ese instante se eclipsó para mí, deje caer el teléfono y me senté en el sillón de mi despacho, debía pensar. En breve la prensa estaría presionado para saber que sucedía, todos iban a querer la primicia y saber detalles. ¿Por qué había sucedía esto?, y lo más importante, ¿Cómo continuarían nuestras vidas?.
Por unos instantes tuve la mente en blanco, y enseguida acudieron a mí el recuerdo del último encuentro que tuve con él, había sido breve, pero suficiente para comprender que algo andaba mal en su mirada, me fui preocupado, se lo mencioné antes de irme, y el silencio se apodero del lugar, no hubo respuesta de su parte y con un sabor amargo me retiré de la oficina. Caminé unas cuantas cuadras mientras pensaba, mi cabeza no paraba de dar vueltas, presentía que algo malo sucedería, pero no sabía con exactitud que le ocurría, la tristeza se apodero de mí, frené un instante mientras ataba mis zapatos y continúe mi camino a casa en medio de pensamientos oscuros y perturbadores. Al llegar le comenté a María lo que me preocupaba, sin demasiados detalles, su mente aguda siempre colabora cuando algo no me cierra y llegamos a la conclusión que él siempre sabe lo que hace y me relajé.
Hoy siete días después de ese encuentro, recibo la noticia más desoladora y ya nada será igual, ya no hay manera de remediar el daño que se hizo; la angustia, la conmoción , la incertidumbre , la tristeza se apoderará de todo el mundo y no habrá respuesta que calme tanto dolor que se avecina. Intentar contener la noticia hasta poder hacer frente a lo que se aproxima no es un deseo, es una obligación, una necesidad, debemos ganar el tiempo necesario para manejar la crisis. Yo no sé si él hubiese querido que esto sea manejado así, pero necesito resolver cómo seguir, cómo actuar de la manera más apropiada para hacer frente a esta situación del mejor modo posible y que el efecto de la noticia sea lo menos devastador para todos.
En breve el mundo conocerá la noticia, la prensa amarillista como de costumbre la utilizará y hará un show del suceso. Nada podrá evitarlo, el daño que esto generará será irreparable, calará tan hondo en la gente que será devastador.
Si tuviera que describir qué desencadenó este desenlace trágico, no tendría dudas y seria categórico en mi definición “tristeza”. Su compromiso para con nosotros siempre había sido total y necesitaba que lo supiésemos; desde el mismo inicio de todo, para que seamos conscientes del rol que desempeñaríamos en el mundo, nos hizo diferentes. Ahora creo que nunca lo llegamos a comprender y nunca valoramos nuestra posición, como si nuestro lugar en la escala evolutiva hubiese sido un castigo más que un obsequio, un regalo, un milagro, un don.
Hace tiempo que sé que llevaba escribiendo un diario íntimo, lo guardaba en un cajón de su despacho, logré acceder al mismo antes que intervengan el lugar, decidí verlo y tratar de identificar en sus palabras si algo me ayudaba a comprender lo que había sucedido, lo hice antes de hablar con la prensa y tratar de que esto me clarifiqué algunas ideas, para poder hacer frente a la situación y que el efecto sea lo menos devastador para todos.
Creí acertado comenzar por las ultimas semanas y el resultado fue elocuente, lo que leí me destrozo el alma; ¿cómo fue que cuando note algo raro no reaccione? La culpa lo carcomía por dentro. Él entendía que había un error irremediable en nuestra creación y había sido su responsabilidad. El amor hacia su máxima creación lo había llevado al más terrible error y era habernos dado el libre albedrio, y ahí comprendí todo. La desolación en su corazón era total, la angustia, la idea de haber fallado lo había enfermado tanto, pero tanto, que estaba destrozado por dentro y nadie había prestado atención a estos detalles. La creación, nuestro mundo, todo lo que nos rodea, todo lo que somos, la esencia del mismo cosmos había sido su plan, pero como él siempre decía, su mayor trabajo éramos nosotros y finalmente había cometido el mayor de los errores y esto era claramente irreparable. Había cometido un único error catastrófico, solo uno, pero fue suficiente para llevar todo hacia el caos. Ahora todo era claro, él nos había dejado decidir y a partir de nuestras decisiones ser nosotros los responsables del mundo que hoy tenemos. Él ya no tenía control sobre lo que hacíamos, éramos solo nosotros con nuestras decisiones los que articulábamos el futuro. Todo lo que él había creado, las plantas, los animales, las montañas, los colores, la perfección del arcoíris, un mariposa, el mar, las aves, todo es perfecto, todo está bien en todo lo que habita la Tierra, todo menos nosotros, que casualmente tenemos una cualidad distinta a todo lo que está aquí, tenemos el raciocinio y nuestro bendito libre albedrío.
Ahora solo se me vienen a la cabeza mi niña rezando por las noche antes de dormir y su paz cuando sentía que hablaba con él; sus ilusiones y el sentimiento de percibir una respuesta reparadora, esperanzadora, eso que estaba ahí, disponible para toda la humanidad, ya no estará nunca más. ¿Quien dará ahora respuestas a una madre que pide por la salud de su hijo? ¿Quién dará respuestas a preguntas complejas?, ¿Quién aceptará el arrepentimiento del pecador?
Nosotros y solo nosotros hemos sido los responsables de este desastre, todos y cada uno de nosotros fuimos los que gestamos esta realidad y no supimos cómo manejar lo que habíamos generado; no fuimos capaces de darnos cuenta de las consecuencias de nuestras acciones, fue nuestra avaricia, nuestra envidia, nuestro desprecio por la vida, todo lo malo que gestamos, la destrucción de nuestro propio entorno, y todo fue el producto de nuestras penosas decisiones
Fuimos nosotros los que teniendo el control, llevamos al mundo al desastre, los que teniendo el poder de decidir, decidimos no cuidar, decidimos destruir, decidimos olvidar, decidimos dañar, decidimos matar. Ningún otro habitante de la Tierra lo habría podido haber hecho peor, ninguna otra especie hubiese actuado como lo hicimos nosotros y somos claramente los responsable del fin que se avecina.
Cuando esa mañana sonó ese teléfono, todo se calló, el mundo se detuvo y solo se escuchó una frase categórica “Dios ha muerto”, y ahora, yo debía informarlo al Mundo y todos esperarán que mañana sencillamente resucite.
Fin.