Del colapso del vertedero a una nueva forma de pensar la ciudad | ANBariloche
Noticias de la Patagonia

Bariloche basura cero

Del colapso del vertedero a una nueva forma de pensar la ciudad

El colapso del vertedero y el reclamo vecinal dejaron en evidencia que el problema de los residuos ya no puede seguir ocultándose. El acuerdo alcanzado en el Concejo Municipal para buscar un nuevo sitio de disposición final y avanzar hacia un modelo de “Basura Cero” podría marcar un punto de inflexión para la ciudad.
20/05/2026 18:25 Hs.
Foto ilustrativa: Marcelo Martínez
Foto ilustrativa: Marcelo Martínez

*Por Fernando del Campo

 

La expresión puede sonar ambiciosa. Incluso utópica. Pero en realidad representa exactamente lo contrario: una respuesta concreta, económica, accesible, moderna y necesaria frente al evidente fracaso del sistema actual. Porque el problema de Bariloche no es solamente dónde poner la basura. El problema es el modelo de gestión que la ciudad viene sosteniendo desde hace décadas.

Hoy, cerca de 200 toneladas diarias de residuos terminan prácticamente mezcladas en un mismo destino final. Una ciudad que crece aceleradamente, que recibe miles de turistas y que multiplicó exponencialmente sus niveles de consumo continúa funcionando, en términos estructurales, bajo una lógica lineal y betusta: consumir, desechar y enterrar. El resultado está a la vista.

Hace años que Bariloche discute exactamente lo mismo. El Plan GIRSU aprobado en 2010 ya planteaba separación en origen, reciclaje y relocalización del sitio de disposición final. Luego vinieron la emergencia ambiental de 2011, las inversiones realizadas hacia 2014 y 2015, la Ley Provincial 5491 que promueve el cierre de basurales a cielo abierto y la regionalización, y la ordenanza municipal de 2022 que establecía el cierre definitivo y traslado del vertedero.

La ciudad siguió enterrando residuos en el mismo lugar mientras la discusión pública quedó atrapada entre dos únicas opciones: continuar con un basural a cielo abierto o mejorar técnicamente el entierro mediante un relleno sanitario. Pero esa falsa dicotomía invisibilizó una pregunta mucho más importante: ¿qué pasaría si la basura dejara de ser, principalmente, algo que se entierra? Allí aparece el verdadero sentido de Basura Cero.

Lejos de ser una consigna ambiental vacía, este paradigma propone una transformación profunda en la manera de gestionar los residuos urbanos. Parte de una idea sencilla pero poderosa: gran parte de lo que hoy llamamos basura en realidad son materiales recuperables. Los residuos orgánicos pueden compostarse.

El vidrio, el papel, el cartón, los metales y muchos plásticos pueden devolverse al mismo circuito productivo del que vinieron. Numerosos objetos pueden reutilizarse o repararse. Y una enorme cantidad de residuos puede evitarse antes incluso de ser generados. Implica principalmente la PREVENCIÓN DE RESIDUOS: reducir la generación en origen, separar los materiales en los hogares, implementar sistemas de recolección diferenciada, fortalecer la economía circular, promover el compostaje masivo y transformar culturalmente la relación entre consumo y descarte.

En este esquema, el relleno sanitario sigue existiendo, pero deja de ocupar el centro de la política pública. Pasa a ser apenas el destino final del excedente verdaderamente no recuperable. Ese cambio conceptual es central. Porque el gran error histórico de Bariloche fue concentrar casi toda la discusión en el último eslabón de la cadena: la disposición final. Ya no se admite discusión sobre la permanencia del vertedero dentro de la ciudad. Cualquier sistema moderno de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos comienza mucho antes.

Empieza en la generación, continúa con la separación en origen, sigue con la recolección diferenciada y recién al final llega a la disposición final, alejada de los centros urbanos existentes. En Bariloche, prácticamente todo eso falló o nunca terminó de implementarse plenamente y con continuidad en el tiempo. No existe una estrategia permanente de gestión de los residuos y el reciclaje continúa dependiendo, en gran medida, del enorme esfuerzo que realizan los trabajadores de la Asociación de Recicladores Bariloche (la ARB).

Lo más interesante es que Basura Cero no pertenece al terreno de las teorías abstractas. Existen ciudades en el mundo que demostraron que es posible avanzar hacia modelos mucho más sustentables. Uno de los casos más emblemáticos es el de Capannori, en Italia. A partir de sistemas de separación domiciliaria, recolección puerta a puerta, compostaje y participación comunitaria, lograron superar el 80% de recuperación de residuos y reducir drásticamente aquello que se enviaba a disposición final.

Con campañas permanentes de educación ambiental, participación vecinal, articulación con organizaciones sociales y una fuerte decisión política sostenida en el tiempo. Experiencias similares pueden encontrarse en muchos lugares del planeta. Por mencionar algunas: San Francisco (EE UU), pionera en economía circular urbana; Kamikatsu (Japón), donde los residuos se separan en decenas de categorías diferentes; o en Zapopan (México), una de las ciudades latinoamericanas destacadas recientemente por Naciones Unidas por sus políticas de reducción y valorización de residuos.

Todas esas experiencias muestran algo fundamental: Basura Cero no depende únicamente de tecnología o infraestructura. No depende de grandes inversiones ni de recetas mágicas importadas. Depende principalmente de voluntad política y participación ciudadana. La Gestión de los Residuos Basada en la Comunidad. Y Bariloche tiene condiciones reales y concretas para avanzar en esa dirección.