Cuentos
Primera cita
Ante todo, permítame disculparme y sepa usted que pensé en llamarla, pero temiendo que no me atendiera, he decidido enviarle este audio para que con calma pueda usted escucharlo y comprender los motivos de mi ausencia. También había pensado escribirle un mensaje, pero me pareció tan frío, tan impersonal, que me decidí por un audio, donde pueda usted entender con más precisión los detalles de lo que me ha sucedido.
El día de hoy me dirigía hacia nuestro encuentro, tan ansiado, por cierto, realmente estaba tan emocionado que decidí salir de mi casa con el tiempo prudencial para llegar tranquilo a nuestra cita. Como ya le comenté en otra oportunidad, mi médico, el Dr. Kems, me ha recomendado caminar más de lo que lo he estado haciendo.
Usted habrá notado la hermosa tarde que teníamos hoy. ¿Por qué no aprovechar para caminar y disfrutar de un paseo mientras iba a su encuentro? Así que, fiel a mi bienestar, decidí hacerle caso al Dr. y caminar, ligerito, como dice él. Calculé el tiempo que tardaría en llegar hasta el café donde acordamos encontrarnos y, según mis cálculos, debía ser antes de lo pactado; de este modo no la haría esperar, ya que me había mencionado cuánto se irrita con la gente impuntual.
De igual modo, no me hubiese parecido prudente que en nuestra primera cita usted me estuviese esperando a mí y, por otro lado, hubiese sido muy bonito ser yo quien la viera llegar a usted a nuestro primer encuentro.
El hecho es que salí de casa, tomé la calle cortada que lleva al corredor que da a las vías (ese que le comenté que es hermoso en primavera, cuando está todo completamente florecido), crucé las vías y me dirigí por el camino que bordea la calle norte, el cual me lleva directo al centro.
Caminaba y pensaba en usted; me preguntaba si, al igual que yo, estaría ansiosa, o simplemente sería para usted un encuentro casual. Conocernos personalmente luego de tanto tiempo de hablar por teléfono era una prueba que demostraría si había o no valido la pena la espera para finalmente pasar a una nueva etapa en esta relación. Bueno, le confieso que yo sí estaba ansioso, tanto es así que se me había olvidado un ramo de flores que eran para usted. Cuando me di cuenta de mi error, pensé en volver, pero claramente ya no llegaría a tiempo a nuestra cita, ahí fue cuando recordé que en la esquina del café hay un hermoso puesto de flores y suele estar abierto todo el día; por ende, compraría las flores ahí, y todo resuelto.
Fue en ese momento que sentí una bola peluda que cayó sobre mi cabeza. Primero, claro, no me había dado cuenta de que se trataba de un gato; podría haber sido cualquier otra cosa, ¿pero un gato?, bueno, un gatito, a decir verdad, ni los ojos tenía abiertos; de hecho, parecía un gatito recién nacido. Cuando lo sentí en mi cabeza, lo tomé entre mis manos; cabía perfectamente en una sola. Lo examiné por todos lados y sí, efectivamente, era un gato. Pero ante mi asombro vi que caía del cielo otra bola de pelos, y sí, como puede imaginarse, era otro gatito, apuré el paso y lo agarré. Ahora tenía un gatito en cada mano. Un pelaje suave, ojos cerraditos, dos bebés hermosos, así que se me ocurrió llevarle los dos gatitos y que usted elija uno, o los dos, y sean un obsequio.
Mientras me imaginaba su alegría ante la hermosura de los gatitos, noté que caía otro gatito y otro, y otro, y otro; empezaron a caer decenas de gatitos, cientos de gatitos, no sé cuántos, miles quizás; todos caían del cielo como si se deslizaran flotando por el aire, muy despacio. Y uno tras otro se fueron acumulando en el suelo. Imagínese la escena: toda la calle, la vereda, los jardines, hasta en los árboles había gatitos, todos recién nacidos, y estaban frente a mí. Qué podía hacer más que ir poniéndolos a resguardo. Yo pensaba: "¿De dónde pudieron haber salido tantos gatitos?". El otro día vi un documental donde explicaba que en zonas boscosas donde se han producido grandes incendios, países del primer mundo, para reforestar las zonas afectadas, desde el cielo tiran bombas de semillas. Sí, sí, así como lo oye, bombas de semillas que son arrojadas desde aviones y, antes de tocar tierra, explotan y así desparraman las semillas por toda la tierra.
Bueno, quizás aquí pasó algo parecido; yo he notado que en el barrio hace años que no hay gatos. Primero atribuí que se debía a perros callejeros y a la rivalidad ancestral de dichas especies, pero descarté esa opción, ya que la perrera viene haciendo un excelente trabajo y ya casi no quedan perros en las calles. Después pensé que quizás un vecino oriundo de algún pueblo centroamericano donde por cultura comen gatos los habría ido cazando, pero me pareció tan macabra la idea que la descarté de mi cabeza inmediatamente y ahí fue que me acordé del documental y pensé que los chinos, vio que los chinos están en todos lados, bueno, que los chinos habrían investigado la llamativa falta de gatos y decidieron repoblar nuevamente el barrio. Estoy seguro de que fueron los chinos; me hubiese encantado que los hubiese visto usted misma, son hermosos y claramente tienen rasgos orientales. Además, ¿qué otro país podría tener la tecnología de sembrar con gatos un barrio de Bs As? No hay dudas, son gatos chinos.
Ahora bien, como puede imaginar usted, no podía dejarlos ahí y seguir mi camino como si nada, ¿quién los alimentaría?, ¿quién se encargaría de cuidarlos? Así que tomé a los que pude y corrí a mi casa para ponerlos a resguardo. En mi campera cargué la mayor cantidad; luego en mis bolsillos, hasta en una caja vacía que encontré, entraron unos 10 bien apilados. Llegué a casa, los ubiqué en el comedor, tomé una mochila, unas bolsas y salí directo a cargar más gatos. 47 viajes realicé; uno tras otro fui rescatando a todos esos gatitos chinos.
Es increíble verlos a todos juntos dentro de mi departamento, en un momento creí que no iban a entrar, pero ante mi sorpresa entraron. Inmediatamente comencé a analizar la situación; esto no podía ser casual, acá detrás de todo esto debe haber mucho estudio, decenas de científicos deben haber trabajado mucho tiempo y, luego de evaluar todas las probabilidades, deben haber llegado a la conclusión de dónde sería el mejor lugar para reforestar de gatos y ahora yo había cometido el terrible error, en mi afán de ayudar a salvar a estos gatitos, y sería el responsable de un daño terrible al ecosistema del barrio que estaba recuperando a tan bellos animalitos. Así que cargué nuevamente mis mochilas y mis bolsas y rápidamente comencé a llevar uno tras otro a todos los gatitos del lugar de donde los había recogido.
Supongo que científicos de un país tan avanzado como China debieron haber calculado el modo de supervivencia de estos gatitos y ahora yo estaba interfiriendo en meses, quizás años de investigación científica y solo con la intención de ayudarlos.
¿Para qué decirle lo que sentí cuando me di cuenta del horario? Espero sepa usted disculparme por no haber podido llegar a nuestra cita. Le aseguro que aguardo con ansias su respuesta para que ahora sí podamos concretar nuestro encuentro, el cual espero sea realmente muy pronto y así personalmente pueda relatarle con lujos de detalles lo sucedido.
- ¿Qué? 9 minutos 56 segundos de audio. Pero qué se cree este señor, no lo pienso escuchar y ya mismo lo bloqueo. Justo a mí me viene a dejar plantada y pretende que escuche semejante audio. Está loco. Bastante tengo ya con tener que barrer todos estos gatos, que aparecieron en mi patio, vaya uno a saber por qué.
Fin.