Música
La “verdulera”, protagonista de la historia de una artista barilochense
Por Claudia Olate
Pasaron más de 25 años de aquella vez en la que Vanina escuchó a un joven, que con una “verdulera”, le ponía música a una jineteada. El sonido, dice, le recuerda a un tiempo pasado, a la música casera, la que se disfrutaba en un cumpleaños o en cualquier asado, a la más arraigada tradición rural.
Es que si bien, el acordeón vino de otras tierras, hace muchos, muchos años, con el tiempo se lo adoptó como propio, como el protagonista de los chamamés y los valseaditos, de las polcas que se bailaban en cualquier fiesta de campo y que hoy, pese a los nuevos instrumentos y a los nuevos ritmos, sigue invitando a bailar a cualquiera que lo escuche.
Los que saben de música, dicen que se le apodó verdulera ya que los inmigrantes que llegaron a Argentina en otro siglo, la usaban para recordar su música, en los puestos de verdura, al cerrar el día, no sin la nostalgia de extrañar sus pagos lejanos.
“Vanina es una de las pocas mujeres de Bariloche que toca la verdulera y lo hace con mucho respeto”, cuenta Germán Huentemil en el escenario donde cada fin de semana, distintos artistas se turnan para ponerle música a los asados que Juan Carlos prepara en la estepa, a la espera del tren que hace cuatro años, le volvió a dar vida a la estación de Perito Moreno.
Vanina Gómez y Germán Huentemil, en una de las noches en la parrilla de la estepa. Foto: Marcelo Martínez.
Hace casi tres décadas, en esa jineteada que Vanina recuerda por Comallo, había un chico tocando un valsesito con su verdulera en la falda. “Me quedé así”, dice ella abriendo los ojos, haciendo la mímica de quedarse embelesada por algo. En este caso, por la música que salía de ese pequeño acordeón, muy diferente a la de piano, que es la más conocida quizás.
Este, seguramente, fue el inicio de un camino que sigue transitando hoy, Vanina y su acordeón, en un intento, como dice ella, de “revalorizarla, de que la gente la conozca, de que no se pierda esa tradición”.
En esas fiestas gauchas, también estaba Eduardo, “El Topo” Guajardo. Un músico con mayúscula, con una trayectoria de décadas y un conocimiento que pocas personas seguramente tienen de los instrumentos. “El Topo sacaba la verdulera para dos temas: El Toro y una polca que tocaba siempre”, recuerda Vanina.
Decidida a aprender a tocar este pequeño acordeón, lo buscó y lo convenció para que le enseñara a tocar. “Le toqué la puerta de su casa y le pedí que me enseñe”, dice. Fue su primera alumna, aunque hoy, seguramente son miles los que pasaron por el aula llena de acordeones y guitarras donde el artista da clases.
Apasionada por la "verdulera", quiere mantener viva la música "campera". Foto:Marcelo Martínez.
“Iba a la casa y capaz era un rato de clase y después, mucha charla, mucho mate”, recuerda con una sonrisa. Así aprendió, aunque confiesa que nunca pudo saber las notas musicales. “Intenté varias veces aprender, pero no hay caso”, dice y siempre remarca que no sabe de música, pero la pasión que siente por la verdulera, la contradice cada vez que la toma entre sus manos y toca cualquier ritmo.
“Lo que a mí más me interesa es que no se pierda la música campera con la verdulera”, afirma. Ese es su objetivo y con el que se sube al escenario.
En 2012 sacó un disco. Recuerdos, se llamó y dice que fue “algo personal”, en agradecimiento a Dios por poder volver a tocar, porque un diagnóstico de salud, le impidió hacer música durante muchos años, “y he llorado por eso”, dice, pero rápidamente agradece, a los artistas, a los amigos, a los músicos que siempre la animaron a seguir, aunque cueste, aunque haya tiempos en los que no pueda.
“La música sana. Para mí es sanadora y me calma”, afirma con convicción y agrega que “la música te saca de un montón de miedos”. Y lo sabe en persona, porque siempre fue tímida y tocar delante de tanta gente, fue un desafío y aunque si bien dice que todavía le cuesta, lo supera día a día.
Hace unos años, cuando comenzó a funcionar el servicio del Tren Patagónico que lleva hasta la estación de Perito Moreno, ubicada en cercanías a la laguna Los Juncos, se abrió una posibilidad para distintos artistas que son parte de la propuesta que se ofrece a turistas y residentes. Vanina fue una de las músicas que comenzó a tocar aquellas noches, cuando todavía atravesábamos la pandemia.
El Tren Patagónico volvió a darle vida a la estación de Perito Moreno, donde distintos artistas le ponen música a la estepa. Foto: Marcelo Martínez.
Desde hace dos años, Vanina y Germán Huentemil se suben al escenario juntos. En la parrilla y en cada evento en el que participen. También son parte de este show en la estepa, Cristian Juárez, y Carlitos Farías, artistas que rotan así todos, tienen la posibilidad de trabajar.
“Lo lindo de este ambiente es que hay compañerismo. Yo lo hago porque me gusta y amo este instrumento”, remarca la mujer y señala que ver a la gente que escucha con atención, que disfruta de la música, “que muchas veces un tema les llega, los hace recordar a algún abuelo, a sus padres, les trae recuerdos de alegría o nostalgia”, ver todo lo que genera la música, “importa más que cualquier vergüenza o miedo”.
Germán, guitarrero y voz de este dúo, también le pone la pizca de humor y complicidad cada vez que tocan ante el público. La respuesta, es visible: risas, aplausos y siempre alguna persona que se suma a sus bromas.
Cuenta que hace años se dedica a la música, aunque siempre estuvo más ligado a la cumbia, por eso la propuesta del folklore y el chamamé, fue también un desafío para él que no dudó en aceptar. “Para mí, Vanina es una eminencia”, remarca y agrega que “ella tiene tanto respeto por lo que hace y por el instrumento, que no le gusta que nada salga mal”.
El público responde con alegría a la presentación de los músicos. Foto: Marcelo Martínez.
El músico define sus presentaciones, siempre, como “un aprendizaje”. Dice que cada vez que tocan, ya sea en la parrilla o en cualquier otro lado, es una nueva experiencia de la que aprenden algo nuevo.
“Es un privilegio tocar con Vanina. No quiero dejar pasar la oportunidad de decirlo, porque es una persona humilde, sencilla y campera, que quiere mantener estas tradiciones”, afirma.
Vanina y Germán aseguran que todo es también, gracias a Juan Carlos que les ofreció el espacio para poder ser parte de cada noche que se vive en la estepa.
Se instalan en el sector preparado para los músicos y hablan con el público, que ya degustó un exquisito asado. Afuera, ya oscureció, no sin antes regalar un atardecer ventoso, bien estepario, con un cielo entre rosado y violeta. La gente se ríe, aplaude. Germán canta y en principio, Vanina toca el bombo, para acompañar una chacarera. Después, viene el turno de la protagonista de esta historia, la verdulera, que saca más de una sonrisa y expresión de asombro. (ANB)
El público responde con alegría a la presentación de los músicos. Foto: Marcelo Martínez.