2024-01-12

Relato

David Varano: 10 años soldando almas y corazones

En 2014, David creó “Herreros de La Luz”, un proyecto que, a través de la herrería, el arte y el reciclado, transforma vidas en los barrios de Bariloche.
Por Miguelina Missotti

Tal como habíamos pactado el día anterior, a las 10 de mañana marco el número de celular de David Varano, creador de Herreros de La Luz. Del otro lado, una voz algo cansada dice “hola”. Es que a las 2.30 de la mañana, David recibió un mensaje de un pibe que decía “estoy por caer”. Y salió a su rescate, que duró toda la noche y parte de la mañana. “Disculpa la voz, pero no dormí”, me comunicó.

Es que en eso se convirtió Herreros de La Luz en sus 10 años de existencia, en un taller que no solo recicla basura para transformarla en esculturas, sino en un proyecto que suelda, también, almas y corazones.

Un día le preguntaron a Miguel Ángel cómo podía hacer una escultura tan perfecta con un solo pedazo de mármol y él respondió que la escultura estaba dentro y que él solo sacó el mármol que sobraba. “Y mis esculturas son las chicas y chicos después de pasar por la experiencia del taller de herrería, porque ahí es donde pueden desprenderse del mármol que sobra, tal como el desamor, los abusos, los maltratos, la mirada discriminatoria de la sociedad. Pero cuando logran sacar esos pedazos de mármol, pueden brillar y ser libres”, remarcó David.

David nació y creció en el conurbano bonaerense, donde vio mucha pobreza y gente en situación de vida complicada. Cuando tenía entre 8 y 9 años, su papá lo lleva a la escuela y veía niños y niñas de su misma edad revolviendo los tachos de basura y no entendía que pasaba que esos niños no estaban yendo a la escuela. “Siempre ayudé a la gente para tratar de cambiar, aunque sea, algo de su realidad”, aseguró.


En el taller, David no solo suelda hierros, sino almas y corazones. Foto: gentileza David Varano. 

Todo comenzó en el año 2014, luego de una charla con amigos en un café ubicado en una esquina de Bariloche. En ese momento, David estaba atravesando un momento personal difícil porque se había separado de la madre de sus hijas, después de 20 años juntos.  “Como es típico de los argentos uno se junta a hablar de las cosas malas que suceden en el mundo y opina sobre todas las cosas que hay que hacer, pero cuando te vas de ahí todo sigue su curso normal”.

Sin embargo, esa no fue una charla más en la vida de David. “En un momento de la conversación me dije a mí mismo “yo quiero volver a esta mesa de café, no a hablar de lo que me gustaría que pase para que las cosas cambien, sino contarles a mis amigos algo que yo estoy haciendo para que las cosas cambien”.

Ahí fue cuando David entendió que para que las cosas cambien, la palabra oportunidad era la clave de todas las cosas. “Desde mí lugar sé que no puedo cambiar los sistemas políticos y educativos, pero sí sé que 15 minutos sobran para cambiarle la vida a alguien”, afirmó.

Luego de la finalización del encuentro, David caminó dos cuadras hacia el lago, se sentó en la Costanera y se puso a llorar. “En ese momento elegí tres cosas: no hacer más lo que no quisiera, no estar más con quien no quería estar y hacer lo que sentí que vine a hacer y que tiene que ver con ayudar”.

¿Qué hago?, fue la pregunta que se hizo David. “Una voz interior que vino del exterior, me dijo camina y al toque me paré. Mí amiga la intuición me dijo para allá (para el lado del Ñireco). Empecé a caminar hasta que llegué a la rotonda. Me paro en el medio y la vida me puso en un lugar donde tenía cuatro caminos: si agarraba para adelante salía de Bariloche, para la izquierda terminaba en el lago y para atrás nunca se vuelve”.

Cuando era pequeño, David jugaba al rugby. Durante esos años, para afrontar los partidos, tenía una frase que era “para adelante y para arriba”. Entonces tomó calle Esandi, que va para adelante y para arriba y caminó por dos kilómetros hasta llegar a calle La Habana, dobló por esa calle y se topó con el barrio San Francisco IV. Siguió caminando hasta donde termina el ripio y llegó al barrio 270 viviendas. “Y ahí vi que, en el medio del barrio había una manzana deshabitada”.

“Llegué al medio del barrio y me paré a mitad de cuadra. En una esquina había cinco chicos de entre 12 y 18 años que estaban fumando porro y tomando cervezas y, en la otra, un galpón abandonado de la empresa que había construido el barrio. Y en el medio estaba yo y pensé en la palabra puente. Por un lado, chicos sin contención y, por el otro, un lugar vacío sin chicos”, relató.


Algunas de las esculturas que salieron en los talleres de este año. Foto: gentileza David Varano. 

Además de ser diseñador gráfico, diseñador web y músico, David se dedica a hacer esculturas y sabe mucho del oficio de carpintería. “Cuando estaba parado ahí se me vino a la cabeza la palabra soldar, que tiene que ver con unir, una acción tan importante en ese mundo tan separado. Y luego pensé en enseñar a soldar cosas que fueran desechos, porque así es como se siente mucha gente. Transformar esos desechos en algo tan bello como una escultura es transformar la vida de las personas”.

Entonces se dio a la tarea de caminar por el barrio, “que era austero y humilde”, dijo. De pronto, llegó hasta las oficinas municipales de lugar donde había dos asistentes sociales trabajando y les preguntó acerca de los chicos que vivían ahí. “Me dijeron que hacía 8 meses que estaban ahí y que no había logrado convocar a ningún pibe porque a ninguno le interesa nada”, detalló.

Luego de ese encuentro, David se retiró del lugar pensando en lo que esas personas habían dicho. “Lo más importante para convocar a alguien es la motivación, si no, no se aprende nada”.

¿Qué hizo? Esa misma tarde se acercó al corralón municipal a consultar por ese galpón, quienes afirmaron que estaban ultimando detalles para tirarlo abajo. Entonces les preguntó si podía encargase él de esa tarea, pero, “en vez de tirarlo, construí un espacio de 6 metros por 3, por donde, hasta el momento pasaron más de 1.200 chicos y chicas y que hoy llaman aula, casita, templo”.

El 6 de septiembre de 2007, cuatro jóvenes de entre 14 y 17 años murieron en un accidente vial a la altura del kilómetro 1.800 de la avenida Bustillo cuando volvían a sus hogares, en estado de ebriedad, después de salir de un boliche bailable.

David fue quien construyó la escultura de la mariposa que hoy está en el lugar con el objetivo de transmutar la energía de lo que pasó en el lugar. “Lo mismo hice con el galpón, lo transformé en mariposa”.

Después de saber que podía utilizar ese galpón, que, además, tenía electricidad de la Cooperativa de Bariloche gratis, David se dio a la tarea de trabajar en la convocatoria a los pibes y pibas.


En estos tiempos que corren, David es como un ángel para aquellas personas que se acercan al taller en busca de una contención. Foto: gentileza David Varano.

Durante su estadía en Buenos Aires, David trabajó en la empresa IBM, donde cumplía su rol en la parte comercial y donde aprendió mucho acerca de estrategias de marketing. “Entonces diseñé un flyer que decía que tal día iba a haber una charla en ese galpón acerca de un taller que se iba a dar. Imprimí 200 copias y pegué el flyer en todos los postes del barrio, además, de acercarme a todos los negocios que había y así charlar con la gente”.

Cuando llegó el día, 15 personas se acercaron al lugar. “Tenía que contar lo que iba a hacer y quería que se entendiera bien, pero no sabia cómo transmitirlo y empecé a hablar. A veces uno va caminando por el barrio y ve un pedacito de fierro tirado y sigue su camino y, tal vez, más adelante, se encuentra otro pedacito y así”.

Y continué, “no sé si a ustedes les pasa, pero yo me siento como ese pedacito de fierro porque la gente pasa por al lado y no me ve”. En ese momento, Damián levanta la cabeza y dice “yo me siento así ahora porque mi papá es muy violento y nos trata mal a mí a mi hermana, además, por mi cara no consigo laburo”.

Sin embargo, depende quien levanté ese pedazo de fierro y lo que pueda y quiera hacer con ello, “la idea es que, en mi taller, transformemos esos fierros en una bella escultura. Quien quiera venir, está invitado”, David finalizó la charla ese día.  

Una semana después de esa charla empezaba el taller. Ese día, a las 5 de la tarde, 12 pibes y pibas entraron al lugar, “donde yo había implementado una mesada, donde había una soldadora y un mate, ese ritual que nos une sin saber quiénes somos”, aseguró.  

Uno a uno se fueron colocando alrededor de la mesada. David se había encargado de juntar mucho descarte para poder trabajar ese día. “Entonces desparramo todo lo que tenía sobre la mesada y les pregunto que veían. Los cinco pibes que hablaron dijeron una tumbera, pero a mí no me asombró porque era lo que veían continuamente en su realidad”, detalló.

“Agarré todos los pedazos, los cambié de posición y volví a preguntar qué ven y dijeron un pájaro. Y así una y otra vez, un oso y un árbol”. El objetivo de David era demostrar cómo un cambio de visión puede cambiar la vida de alguien, en el Alto de Bariloche y en el Alto Palermo.

Y así empezó a funcionar un espacio de 12 horas de taller por día, donde un montón de chicos y chicas empezaron a tener voz, a contar lo que les pasa. “Me dediqué a abrazar, a escuchar relatos durante muchas horas seguidas y a trabajar en el arte como herramienta transformadora y motivadora. Y logré que muchos pibes dejen de drogarse y que otros tanto no entraran en ese mundo”, remarcó David con la voz entrecortada. De hacer que pibes dejen de drogarse y hacer que pibes no entren en la droga.


David fue el creador de la mariposa que está ubicada en el kilómetro 1.800 de Bustillo, en homenaje a los jóvenes accidentados en un choque. Foto: Marcelo Martínez.

La palabra adicto proviene del latín addictus, que significa “apegado o adherido a una persona”. La palabra adicción significa no (a) dicción (habla), “entonces, cuando uno puede hablar deja de ser adicto, empieza a apegarse a otras cosas más sanas y liviana”, aseguró David.  

“Un problema de adicción en un pibe toca a toda la familia, y también lo hace cuando ese pibe empieza a ser libre, toda la familia se va transformando para bien. Por ello, es que, hoy soy amigo de un montón de los padres de los chicos que vienen al taller. La basura que pisaron toda su vida en su barrio, hoy la transforman en escultura que los enaltece y les permite generar ingresos”, expresó.

A lo largo de los años y a medida que este proyecto iba creciendo y llegando a más persona, todos a su alrededor insistían a David para que obtuviera una personería jurídica para transformarse en Asociación Civil y así poder recibir aportes y subsidios del Estado para poder comprar las cosas que necesitaba para seguir creciendo y expandiendo Herreros de La Luz.

Sin embargo, David siempre estuvo reacio a eso porque siempre, de alguna u otra manera, él lograba conseguir los materiales y las máquinas que necesitaba. “Pero hay cosas que no tienen precio, como lo es el amor que uno da en esos momentos”.

Unos años después de su existencia, Herreros de la Luz fue evolucionando y hoy tiene presencia en 4 barrios del Alto de Bariloche. “Hoy, en el fondo de una casa donde antes varios pies se juntaban a drogarse y a planificar robos, funciona un pequeño taller donde diariamente se escucha música y chicos trabajando”.

Autogestión y emprendimiento, palabras claves para transformar una vida

En un mundo cada vez más complejo a nivel social y económico, son cada vez más las personas que eligen emprender algún negocio propio que trabajar de manera dependiente para otro. Y esta es una de las premisas de Herreros de la Luz, permitir que personas que piensan y sienten que no son capaces de nada, puedan autogestionarse y crear emprendimientos para sustentarse.


Chicos y chicas que pasan por el taller venden sus artesanías en distintos espacios como un sustento económico. Foto: gentileza David Varano. 

La pandemia de Covid-19 puso en jaque a toda la sociedad, sobre todo a aquellos que menos recursos tienen. Sin embargo, esto no fue un impedimento para que David pudiera continuar su trabajo. Tal es así que comenzó a acercarse a las casas de los pibes para enseñarles también a sus padres los gajes del oficio de herrería.

David tiene 1.215 hojas de resma A4, que son todos los pibes y pibas que pasaron por el taller durante estos 10 años. “Los chicos están acostumbrados a llenar miles de planillas por el tema de los planes sociales y otras cuestiones. Cuando una persona nueva ingresaba al taller, yo le entregaba una hoja y le pedía que escribiera su nombre y su sueño y no entendían como no tenían que poner su número de DNI, que es lo que les piden continuamente”, remarcó.

Toda persona que pasó por el taller de David Varano salió con un oficio con el cual sostenerse. “Hay muchas pobrezas en el mundo, la económica es la que más se ve, pero la peor es la espiritual y cuando la pobreza espiritual se va, la económica también se va porque tenés ganas de hacer”.

Pero eso no es todo

Como si todo esto fuera poco, David rescata, también perros de la calle. “Cada noche, cuando cierran los negocios de calle Mitre salgo a recorrer la zona para juntar todas las cajas que hay en la vereda y con ello tapo a los perros que encuentro en la calle y, mientras les alimento el estómago, Kari Antúnez, una muy amiga mía, les canta hasta que se quedan dormidos”, relató David.

“La vida me mete en todos lados, por eso no me queda otra que involucrarme”, señala David y se escucha una risa. “A través del arte y del amor al prójimo es posible generar un espacio luminoso entre tanta oscuridad”.


Con el pasar de los años, David se fue haciendo amigo de los padres de los chicos y chicas que concurren al taller. Foto: gentileza David Varano. 

Desde un tiempo a esta parte, la frase “el planeta es nuestra casa” se ha convertido en un slogan social. Sin embargo, muchas personas no saben qué hacer con ella. David da un ejemplo de ello. “Si estás en algún lugar cenando con tu familia y, en el camino a tu casa, te encontras con una persona tirada en la calle llorando de hambre, ¿no la vas a ayudar? Si esa frase es real, si yo veo a alguien en esa situación lo voy a ayudar porque está dentro de mi casa y de esa forma el planeta será mucho mejor”, relató.

Cada día de su vida, David va rescatando perros y personas que están tiradas, en la calle o en sus casas, porque de eso se trata Herreros de la Luz, no solo de soldar hierros si no de soldar almas y corazones. (ANB)

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