Acuerdo de precios: cambio de players
Por Mario Antonio Bevilacqua (*)
Hace muchos años, exactamente en 1973, asumía la presidencia de la nación el General Juan D. Perón, nombrando como ministro de economía a Don José Ber Gelbard, quien era el presidente por aquellos tiempos de la CGE (Confederación General Económica), rival de UIA (Unión Industrial Argentina). Apenas asumió su cargo de Ministro elaboró un Pacto Social entre El Estado, los Sindicatos y los Empresarios, por supuesto que uno de los puntos más importantes fue un acuerdo de precios (Congelamiento).
Por aquellos tiempos no existían las grandes cadenas de supermercados, ni tampoco las Multinacionales eran dueñas de las principales empresas Argentinas, por lo tanto los grandes formadores de precio por aquel entonces eran las compañías locales de capital nacional, que imponían sus valores a los miles de pequeños comerciantes.
Por supuesto como todo acuerdo en la Argentina se rompió porque los costos comenzaron a incrementarse trasladándose a los precios , producido en gran medida por la crisis del petróleo (suba en los valores del crudo), aumento del déficit fiscal y de la balanza de pagos.
Con el correr de los años fueron apareciendo nuevos jugadores en el esquema de fijación de precios, en la década del 90 con un dólar fijo ($1 =usd 1) comenzaron a arribar al país las grandes Multinacionales que con muchos billetes y aun bajo costo adquirieron todas las empresas argentinas líderes que estaban para la venta. Al mismo tiempo se produjo una importantísima expansión de los supermercados por todo el territorio nacional, con una concentración significativa en grandes cadenas.
Con este nuevo esquema los gobiernos dejaron de negociar con una gran parte de empresarios nacionales dueños de las grandes industrias. Tampoco pueden tener un dialogo fluido con las grandes multinacionales pues sus dueños (tenedores de las acciones )se encuentran diseminados por todo el mundo, por lo tanto no pueden transformarse en interlocutores válidos por estar radicados en el exterior.
Nos quedan pues entonces los supermercados que como ya dijimos se propagaron por todo el país centralizándose en importantes empresas que necesitan grandes volúmenes de ventas para poder tener una significativa rentabilidad. Son los nuevos jugadores en la formación de precios, trabajan con márgenes brutos superiores al 30% neto de inflación, sus capitales rotan en el año más de 9 veces, facturan anualmente más de 41.700 millones, venden el 58% del total de bebidas y alimentos de todo el país y representan el 12% del total de empleados de comercio. Con este poder económico tienen una posición dominante de negociación ante los proveedores que les posibilita maximizar sus utilidades y frente al Estado para imponer sus políticas agresivas de concentración.
En estos últimos meses se llevó a cabo una especie de acuerdo de precios llamado "Programa de precios cuidados" que tuvo una mediana aceptación. Los supermercados a través de este sistema promocionaban sus propias marcas que surgen de presionar a las industrias para que le cambien la etiqueta al producto original (primera marca) por el logo que representa al supermercado (segunda marca).
El Gobierno Nacional, la semana pasada relanzó un nuevo programa de precios cuidados que consta de una canasta de 308 artículos (anteriormente 512), con aumentos que rondan entre el 4% y 9% y una vigencia de 4 meses. La idea del equipo económico es eliminar este programa y reemplazarlo por un sistema de IVA reducido para alimentos de consumo masivo.
La conclusión final a la que podemos arribar es que estos programas tarde o temprano se terminan desdibujando, ya sea por la inflación o por la avaricia de ciertos empresarios que no quieren resignar un poco de rentabilidad de la mucha tienen.
Estos planes necesitan para su aplicación un estricto y efectivo control de parte del Estado. Convengamos que el actual Gobierno Nacional no tiene en su convicción económica arraigado el control. Todo lo contrario, son partidarios de la libertad de mercado, por lo tanto es lógico que estos proyectos no sean de su agrado y traten de reemplazarlos por una reducción en el IVA de productos de primera necesidad.
Esperemos que se pueda implementar esta idea para que definitivamente por lo menos en algunos productos no sea tan regresivo este impuesto, ya que paga por ejemplo un litro de leche un 21% de gravamen tanto un rico como un pobre, lo ideal sería que la baja en el IVA tenga beneficiarios directos como ser: los jubilados y pensionados que tienen haberes mínimos, trabajadores con salarios de convenio bajos, personas que posean algún tipo de subsidio, etc.
(*) Contador Público.