2016-01-05

El gran tarifazo o la leyenda del sapo en la olla

¿Hizo bien el municipio en aumentar las tasas?, ¿con qué objetivo promovió la suba?, ¿los vecinos dejarán de pagar el impuesto? Algunas de las preguntas que responde Mario Bevilacqua, columnista de ANB.

Por Mario Antonio Bevilacqua (*)

Llegó el gran día y todo volvió a la normalidad. Como siempre el hilo se corta por lo más delgado y el Ejecutivo Municipal decidió que el gran déficit fiscal que tiene la Municipalidad deberá ser cubierto a través de la Tasa de Servicios Municipales. Cada vecino deberá hacerse cargo de una porción de esa deuda que no generó. El aumento definido total ronda casi el 100% (el gasto pasó de $ 65 a $ 128 millones anuales).

Cómo se llegó a los $128 millones anuales del costo del servicio de la tasa es la gran pregunta que nos debemos hacer, ya que el sistema contable actual que cuenta la Municipalidad no está en condiciones técnicas de poder determinar dicha cifra, ya que no posee un sistema de registro de costos por centros de gastos.

Entonces, ¿de dónde surge el 100% de incremento en la tasa? Es de pleno conocimiento que casi el 90% de los gastos de la Municipalidad corresponden a salarios. Creo sin lugar a equivocarme que el año pasado no se aumentaron los sueldos un 100%. El acuerdo salarial al que arribó el SOYEM en el 2015 fue del 30%.

Otro gasto muy importante que debe hacer frente el Municipio es el del combustible debido a la gran cantidad de vehículos destinados a la prestación de servicios. Este consumo debe tender a la baja ya que para el 2016 su valor se depreció en un 20%.

En resumen, por qué se busca aumentar la tasa en casi un 100%. En honor a la verdad, la realidad nos indica que hace varios años que no se actualiza en la misma dirección que los incrementos salariales y la tasa de inflación, por lo tanto se fue produciendo un desequilibrio fiscal a través de los años que hoy es insostenible.

Buscar culpables es una pérdida de tiempo. Siempre pasa lo mismo. Según de qué lado del mostrador se encuentre el político definirá que acción tomar. Ayer fueron oposición y no permitían aumentos que afectaran el poder adquisitivo de los vecinos y hoy son gobierno y deciden que es imperioso para sanear las finanzas del Municipio el aumento de la tasa.

Se decidió seguir el camino más fácil: incrementar la tasa. No se trató de innovar en la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento o generar un control de gestión adecuado que haga eficiente el gasto público. No importó la mega devaluación que achicó en un 40% el salario de toda la población. Cada vecino se deberá hacerse cargo del déficit del Municipio sin distinción de qué tipo de poder adquisitivo posee.

Aquí nace un tema que se irá transformando con el correr del tiempo en conflictivo "La Cobranza de la tasa", según el último ejecutado (Agosto de 2015) publicado en la WEB del Municipio la tasa de cobranza se ubica en el orden del 70%. En la medida en que se aumenta la tasa en forma desmedida sin su correlato en la prestación de servicios, muchos vecinos podrían dejar de pagarla, ya sea por falta de dinero o por reprobación (Teoría de John Due -Ann Friedlaender, análisis económicos de los impuestos). Por uno o por otro motivo bajaría el índice de cobranza, lo que llevaría al ejecutivo a judicializar la misma con el consiguiente enfrentamiento con el vecino.

Resulta muy engorroso calcular el porcentaje de aumento que sufrirá cada vecino, ya que existen varias variables que influirán en su cálculo. Por un lado tenemos el crecimiento en el gasto total del servicio prestado por la tasa (de $65 pasó a $128 millones). Luego tenemos el incremento en las valuaciones fiscales y por último los cambios en la zonificación de los barrios.   

La conclusión final a la que podemos arribar es que es necesario actualizar la tasa una vez por año. La inflación afecta el nivel de gasto del Municipio. No hacerlo perjudica el equilibrio fiscal y muchas veces se discute el momento y la oportunidad de la medida. Por eso es importante en algunos casos aplicar "La leyenda del sapo en la olla". Si los aumentos son periódicos y a valores razonables el vecino se irá acostumbrando a los mismos (como el sapo al agua caliente). En cambio a un aumento excesivo (echar al agua hirviendo al sapo) va a saltar el vecino como el sapo de la olla.

(*) Contador Público.

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