La demonización de la inflación
Por Mario Antonio Bevilacqua (*)
Vuelve al tapete una vez más ese monstruo que todo lo devora según algunos economistas o agoreros del apocalipsis que es la inflación, definida como “la pérdida del poder adquisitivo de la moneda”.
Origen de la inflación: Existen 2 corrientes económicas muy enfrentas que tratan de definir el origen de este mal:
I) Los Monetaristas (que incluyen a los liberales) proclaman que la emisión monetaria en exceso sin el correspondiente respaldo en reservas en el Banco Central produce inflación. Explicado en términos corrientes significa que al haber numerosos billetes en circulación la población pugna por adquirir bienes. El dueño de esos bienes observa que existe una demanda desmedida por sus productos que lo lleva a aumentar sus precios.
II) Los progresistas tienen una visión aunque parezca mentira basada en el mercado. Ellos dicen que la inflación la provoca la oferta de bienes ya que al aumentar la demanda, la oferta debería incrementar la inversión para producir más y así equiparar a la demanda.
En realidad las 2 versiones tienen algo de razón, pero no un 100%. Por lo general cuando el PBI de un país tiene un marcado crecimiento, es lógico que exista una moderada inflación anual (hasta un 12%), ya que esa mejora en el poder adquisitivo que tiene la población volcada al consumo no es acompañada automáticamente por la oferta, pues esta siempre tarde un poco más en adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. Esto sucedió en la década del 80 en varios países europeos que sufrieron el embate de la inflación con tasas del orden del 12%. Argentina por esa época ya tenía una vasta experiencia sobre el tema a tal punto que exportábamos la técnica de Indexación de Estados Contables desarrollada por la Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas (Resolución Técnica Nº 2).
Combate a la inflación
I) Los monetaristas obviamente buscarán eliminar la emisión monetaria, que por lo general se produce para financiar el gasto público. Al bajar el circulante instantáneamente disminuye el consumo y por lo tanto la inflación. Se revalúa la moneda (Circulante/Reservas) y el tipo de cambio se mantiene estable.
II) La otra corriente trataría de incentivar a la inversión para incrementar la producción de bienes, a través de subsidios (gas, electricidad, etc.), reduciendo o eliminando los recargos a la importación para la compra de maquinarias y equipos, como así también la baja en la carga impositiva (IVA y Ganancias) para la adquisición de dichos elementos y por último financiamiento bancario para nuevos emprendimientos a tasas preferencial.
Nuestro pasado nos demuestra que ninguna de las 2 corrientes económicas pudo combatir eficientemente a la inflación. En los extremos de la historia podemos observar que una enfrió a la economía de tal forma que generó deflación o depresión (2001) y la otra la calentó de una manera exponencial que produjo hiperinflación (1989). En el medio tenemos lo sucedido en la década del 2000 donde tuvimos un importante crecimiento del PBI acompañado con una moderada inflación.
Relación inflación, PBI y desocupación: El cuadro a continuación expondrá muy someramente la relación que existe entre la inflación, el PBI y la desocupación:
|
Período |
% de Inflación |
PBI |
% de Desocupación |
|
1989 |
4.512,16 |
-7,0 |
7,1 |
|
2001 |
-1,62 |
-4,5 |
18,3 |
|
2010 |
9,78 |
9,2 |
7,3 |
Si relacionamos a la inflación con el PBI el cuadro es muy claro en la información que brinda. El PBI es negativo tanto en la hiperinflación como en la deflación, en cambio con una PBI en crecimiento tenemos una inflación moderada. Podemos ver también que teniendo hiperinflación como una inflación moderada él % desocupación se mantiene bajo, mientras que con deflación aumenta la desocupación.
Conclusión Final
La inflación es un mal argentino que nos es difícil de erradicar, pero no es fatal ya que como se puede ver en el cuadro anterior no genera desocupación aún teniendo una hiperinflación del 4.500%. Esto es así por una sencilla razón: el consumo se mantiene alto por lo tanto existe una importante expectativa de venta de parte del productor u oferente manteniendo abierta su fábrica para producir bienes. A la inversa, cuando tenemos deflación el consumo baja a valores inesperados por consiguiente el que ofrece bienes debe disminuir los precios para tentar a la demanda que se retrae, todo esto genera capacidad ociosa de producción y por consiguiente desocupación.
En el corolario final podemos aseverar que toda política económica que busque enfriar la economía bajando el consumo para eliminar la inflación indefectiblemente llevará a la desocupación. Una inflación moderada implica un país en crecimiento. En cambio con una inflación desbordada tenemos que en una primera etapa solucionar el poder adquisitivo del asalariado (periódicamente) a través de ajustes discutidos en paritarias y en un segundo ciclo resolver los problemas estructurales que la generan (falta de inversión, gasto público ineficiente, desequilibrios fiscales, déficit en la balanza comercial y de pagos, etc.).
(*) Contador Público.