Opinión / Eduardo Anguita
El Papa, Cristina, ¿y Burzaco?
Zamir vende estampitas y recuerdos religiosos para los turistas. Zamir tiene la tez oscura, como muchos de los que atienden los puestos a orillas del Tíber a la altura del Castel Sant’Angelo, el mausoleo del emperador Adriano, convertido en fortaleza militar conectada por túneles con el Vaticano.
–¿De dónde sos?
–De Bangladesh –contesta Zamir.
–¿Sos católico?
–Musulmán.
Cuando el cronista quiso saber algo sobre el resto de los morochos que atendían a los turistas, Zamir dice que el resto también es musulmán o hinduista y aclara que son muy pobres.
–Yo tengo pasaporte italiano. Hace 27 años que estoy en Roma.
Zamir mira al cronista con un dejo de satisfacción por estar de este lado del muro en una época donde las barcazas atraviesan el Mediterráneo cargadas especialmente de libios, ciudadanos de una nación devastada desde el derrocamiento y muerte de Muamar el Gadafi en octubre de 2011. En octubre de 2013, frente a la isla de Lampedusa, se hundió un barco y murieron cientos de migrantes. El papa Francisco, que llevaba apenas seis meses en el Vaticano, se puso al frente de la indignación. Encontraron 360 cuerpos, gente que murió ahogada. El resto, no se sabe cuántos, se los tragó el mar. “Giustizia per i nuovi desaparecidos”, dicen desde la asociación Prendiamoci la Parola. Es comprensible que esta asociación se sensibilice: Amnistía Internacional calcula que hay 23.000 personas que intentaron cruzar el Mediterráneo y son buscadas por sus familiares, presumiblemente muertos. Prendiamo la Parola no dice scomparsi y toma la palabra en castellano por la memoria de las muchas madres y abuelas argentinas que pedían por sus hijos durante la última dictadura. Además, porque quien está al frente de esta cruzada contra la brutalidad es Enrico Calamai, quien fue cónsul de Italia en Buenos Aires, salvó vidas, arriesgó la propia y luego señaló a muchos genocidas argentinos.
Roma en primavera, con su historia deslumbrante, sus paredes de distintos tonos terracotas, con las motos que se cruzan por cualquier lado, hace tres días fue sacudida por la segunda ola de un terremoto de corrupción. La Mafia Capital recibió el segundo temblor cuando los carabineros, en operaciones simultáneas, detuvieron a 44 personas vinculadas al esperpento de traficar con los fondos destinados para reasignar a los migrantes que no están en las listas de scomparsi, los que sí llegaron a la costa. El gobierno del primer ministro demócrata Matteo Renzi está salpicado por esta red mafiosa. En diciembre, la Justicia había dado el primer golpe y, con un toque fellinesco, descubrieron que al frente de los políticos y empresarios que desviaban los fondos públicos destinados a los norafricanos hambreados estaba Massimo Caminati, un neofascista que alterna crímenes políticos con simples robos. En diciembre, los detenidos fueron algo más de 30 mientras que el jueves pasado sumaron 44 más. El abanico de la red incluye todos los colores políticos, empresarios y simples delincuentes. Pero el gobierno de Matteo Renzi es el único de la Unión Europea que tomó este asunto con una mirada humanitaria. No sólo porque tiene las islas y las costas más cercanas de una región africana muy caliente sino porque Renzi es la contracara de las políticas de Silvio Berlusconi. De todos modos, a no cantar victoria: en las elecciones municipales, el domingo pasado, Forza Italia –el partido de Il Cavalieri– retomó impulso, al igual que el Movimiento Cinco Estrellas del cómico Beppe Grillo. Los socialdemócratas de Renzi pierden impulso.
Francisco y Cristina. No es fácil entrar a los Jardines vaticanos. Menos aún dar con alguien que cuente historias de ese Estado nación que tiene 900 habitantes y tiene al frente al papa peronista. Domenico lleva 35 años entrando y saliendo de las callecitas de ese monte vaticano y lleva a un grupo privilegiado de gente, entre la que se encuentra este cronista, a visitar lo que no está al alcance de los millones de latinoamericanos, chinos, holandeses, familias completas o parejas –entre las que hay muchas del mismo sexo– que pagan 22 euros para ver los museos, imposibles de recorrer y que abarcan desde las creaciones del Renacimiento hasta las bellezas incautadas a otros estados sometidos. Domenico muestra la casa que alojaba al cardenal de la Inquisición que bajaba el pulgar a la hora de las ejecuciones. Domenico aclara que había tres maneras, dependiendo de la gravedad de la falta: si el pecado era más o menos leve, le cortaban la cabeza; un poco más grave, lo ahorcaban; y si era muy grave, lo quemaban. Esta era una fea manera de morir, y le pasó al dominico Giordano Bruno en el 1600 porque afirmó que el Sol era una estrella más dentro de un cosmos más complejo.
Un poco más allá está Santa Marta, un edificio sin lujos, discreto. Domenico muestra las cuatro o cinco ventanas que corresponden a las habitaciones que Jorge Bergoglio decidió usar para vivir. Una señal de austeridad y autoridad no bien lo ungieron al frente de ese pequeño Estado confesional que es una monarquía y que hoy ilumina como si estuviera en condiciones de enamorar católicos decepcionados y de hablar con cualquier religión o filosofía de vida. Domenico conoce a Bergoglio desde hace 22 años y cuenta que Juan Pablo II, que había sufrido el atentado de Alí Agca en 1982, se fue convirtiendo en alguien muy funcional para la vieja casta vaticana porque se iba consumiendo. El papa polaco, que al principio deslumbraba por hablar diez idiomas y ser deportista, en los últimos tiempos apenas balbuceaba y lo tenían que mover como un mueble.
El Papa argentino admira el gesto de Benedicto XVI y muchos aseguran que está dispuesto a imitarlo cuando las fuerzas no lo acompañen. En diciembre de 2016 va a cumplir 80 y parece que todo lo tiene puesto como una carrera contra el tiempo. Basta ver lo de estos días: el viernes por la mañana estuvo con la chilena Michelle Bachelet, el domingo con Cristina Kirchner y con Nicolás Maduro. Para la presidenta argentina el encuentro es importante en una etapa clave del fin de su mandato y de definiciones sobre quién la sucederá. Además, hay un gran interés por saber cuándo viajará Francisco a la Argentina. Hoy se supo, tras el encuentro con Michelle Bachelet, que el Papa viajará a Chile, Uruguay y Argentina en 2016, pero sin fechas confirmadas. Aunque parezca una cosa menor, Francisco les confió a personas cercanas que no quiere hacerlo en meses fríos porque es muy malo para la gente que va a verlo. Como se sabe, serán millones.
En el medio de las audiencias latinoamericanas, el Papa tiene un viaje nada menos que a Sarajevo, con un estadio lleno, en una región que, como decía el historiador Eric Hobsbawm, había visto nacer y morir al siglo XX, el siglo corto, el siglo marcado por las guerras. Pero antes de ver a Maduro y a Cristina, el Papa da la misa y saluda a los que inundan el patio de la Basílica de San Pedro. Y el próximo miércolesrecibe a Vladimir Putin. Así como logró que Raúl Castro dijera que va a considerar seriamente la religión, Bergoglio mira con interés enorme el diálogo con los millones de cristianos ortodoxos rusos, además de meter baza en el conflicto que separa a la socialcristiana Angela Merkel del agnóstico Putin. Y al día siguiente, Bergoglio tiene previsto publicar su encíclica sobre el medio ambiente. No será una buena noticia para empresas como Monsanto.
¿Dónde está Burzaco? Pasados diez días, la pregunta es inevitable: qué logística o qué redes de complicidad puede tener un empresario como Alejandro Burzaco, buscado por Interpol. Todavía no queda claro cómo Migraciones no tiene su salida de Argentina y, al mismo tiempo, mandó tuits desde Londres avisando que viajaba a Zurich. En Roma, alguien asegura que llegó tarde al hotel Baur au Lac porque le gusta mucho el juego. Burzaco fue desplazado, tarde, de la presidencia de Torneos y Competencias, una compañía con muchas, demasiadas, aristas: las acciones de DirecTV fueron adquiridas por el gigante norteamericano ATT, que cotiza en Bolsa en Nueva York y, se supone, debería tener auditados todos los movimientos de Torneos. Pero también es accionista el Grupo Clarín. Representa a la Fox para emisión de partidos en el Cono Sur y, como si eso fuera poco, su principal cliente es el Estado argentino para la transmisión del Nacional B.
Si, como dicen algunos, Burzaco salió de Zurich y se mueve por algún otro país de la Comunidad, quizá pueda mantenerse oculto si previamente dejó de usar las líneas de teléfono y las tarjetas de crédito que usaba y, sobre todo, si corta los vínculos con sus personas más cercanas. Eso sólo pasa en las películas o lo hace gente muy entrenada en la clandestinidad. No parece el caso. El enigma trasciende, desde ya, el mundo AFA, pero cuánto secreto puede quedar al desnudo si Burzaco llegara a declarar ante una fiscalía que le ofrezca clemencia en caso de contar cosas. El gran problema es que esas fiscalías pueden ir con un libreto ya confeccionado para que el arrepentido firme al pié no tanto lo que sabe, sino lo que algunos quieren que se sepa. Y parece que Estados Unidos está interesado no tanto en los paraísos fiscales y la decencia del mundo FIFA sino en un negocio multimillonario.