2015-05-07

"Si uno atraviesa los desafíos, siempre sale siendo mejor"

Damián Lucero sigue siendo bombero. El accidente que en 2004 lo recluyó a una silla de ruedas, no pudo contenerlo. Todos los días va al Cuartel, estudia. Y ahora es candidato a legislador por el Frente Progresista. Su vida cotidiana, sus proyectos, su risa. "Enfrento dificultades, como todos", escribe en su computadora con la que se comunica. El espacio que lo rodea se llena de chicos. Y ahora también de flashes y campaña. Reportaje de Santiago Rey.

“Es como chatear en vivo”, escribe. Se ríe. Damián Lucero se ríe. Se ríe distinto a como se reía hace diez años. Lo sabe, y se ríe de cómo se ríe.

Escribe. Con un pequeño palito, como un lápiz, tecla por tecla sobre su notebook, escribe. Piensa cada respuesta, sin cassette, y contesta. O se adelanta y escribe, “esto es como chatear en vivo”. Y se ríe.

Su actitud vital impide desarrollar una crónica o reportaje sensiblero. Ni estoico ni héroe ni mártir ni pobre tipo. No dejaría que se escriba eso.

Todos los días lo levanta su mujer, lo ayuda a subirse a la silla de ruedas y sale a terapia, a estudiar la carrera de Técnico en Emergencias Médicas, o al cuartel. Al cuartel, como aquel 21 de marzo de 2004, cuando desde el Cuartel Centro fue a controlar un incendio al supermercado de Pioneros y Güemes. Inhaló humo, gases tóxicos. Apaciguó las llamas y se fue a dormir. Con dolor de cabeza se fue a dormir. Ni las varias duchas que se pegó pararon el dolor de cabeza. Se levantó mareado, fue a la clínica, entró en coma, salió, se descompensó, volvió a entrar en coma, y cuando despertó ya no era el mismo. O sí. El mismo con otras o nuevas dificultades. “Como todos”, dice, “como todos que enfrentamos dificultades”.

Es. Sigue siendo Bombero. Desde 1993, es. En silla de ruedas, sigue yendo, todos los días, al Cuartel Central. Hoy, además, es candidato a legislador de Río Negro por el Frente Progresista.

Su computadora no habla. No tiene el programa que le permitiría volver a escuchar sus palabras. Escribe. Pide que me siente a su lado para leer sus respuestas.

 

ANB: ¿Por qué candidato?

Damián Lucero: A mí no me sedujo nunca un fin económico, en esta o en otra tarea. Y cuando Magdalena (Odarda) me lo pidió me sentí muy honrado. Primero pensé en decir que no, pero confío en ella porque la he visto como se compromete, porqué, y en muchas cosas. Me identifico y lo empecé a ver desde otro lado, ya no desde el miedo, sino desde la oportunidad.

ANB: ¿Qué es el miedo para un tipo como vos que pasó lo que pasó?

D.L.: Yo nunca rehusé los desafíos en general, pero sí es cierto que hoy soy bastante más optimista en el sentido que ya no creo que ningún desafío es una carga, sino que todos son estimulantes. Porque si uno los atraviesa, siempre sale del otro lado siendo mejor.

 

En el living comedor no hay una sola estampita, ninguna virgen, ni un Cristo. ¿Porqué habría de haberlo? Sí hay juguetes desparramados, una tele grande, una mesa convocante, varios chicos, vecinitos que golpean para que salgan a jugar, el mate.

ANB: ¿Qué te contuvo?, ¿Dios, la familia, el amor por lo que hacés?

D.L.: Un dicho dice que 'no hay ateos en las trincheras'. Así que, primero Dios, aunque no soy ni fui muy practicante. Y después muchas ganas de mejorar, y el constante apoyo de mi familia, amigos y terapistas, que siempre tuve muchos y excelentes, sobre todo como personas.

 

Se indigna porque la “oficina de Discapacidad” de la Municipalidad en la Terminal de Ómnibus “estaba en el primer piso por escalera. Algo sencillo como tramitar un pasaje se volvía una broma, bastante macabra”, dice. Se indiga, pero sonríe... “creo que ya no es así”, se ilusiona.

Llega gente a la casa para sacar las fotos de la campaña. Su mujer, Liana, los recibe, deja el mate sobre la mesa y se va a armar rompecabezas al piso con los dos más chicos.

Golpea Odarda, y entra. Y agrega: “Me parece que la Legislatura tampoco es accesible...”

 

D.L.: Bueno, ahí tenés lo que hablaba hace cinco minutos. La Legislatura no está adaptada. Me gustaría sólo asumir para que cambie eso. Y ya está, ya cumplí.

ANB: Claro, ganar, que hagan las reformas, asumir y renunciar a los cinco minutos...

 

Se ríe. Y piensa.

 

D.L.: No me siento especial. Todos tenemos mil desafíos diarios. Yo, como te dije, aprendí a ser más optimista, a enfrentar los desafíos, nada más que eso.

ANB: ¿Por qué Odarda?, ¿te ofrecieron algún cargo de otro sector?

D.L.: No hubiera aceptado, no porque estuviese en contra de muchos, solo que con Magdalena tengo un vínculo desde hace bastante. Ella me escuchó a mí y a otros en muchos de nuestros reclamos, y me mostró otra cara de la política, más parecida a la forma en que intento mejorar mi entorno.

ANB: ¿Más humano?

D.L.: Sí. Los políticos generalmente están como estigmatizados. Aparecen para las elecciones o las fotos, y ni ella demostró ser así, ni yo sería así. Esto no lo digo por obsecuencia ni nada, sólo intento contar mi experiencia.

 

Odarda cuenta que pensó en Damián como candidato luego de su reciente viaje al Senado para defender el proyecto de Ley para garantizar la ART para los Bomberos. “No era fácil trasladarse hasta Buenos Aires, pero fue. Los Senadores eligieron no estar, y mientras todos discutíamos (en la Comisión en la que no prosperó el tratamiento de la iniciativa), Damián escribía. Cuando leyeron lo que escribió todos se emocionaron muchísimo. Defendió el proyecto y contó lo que sufrió por no tener ART. Cuando se fue me quedé pensando ¿por qué no? Si trabajó armando proyectos de Ley, si pudo hacer esa defensa ante los Senadores de la Nación, ¿por qué no?, ¿por qué no darle la posibilidad de llegar a la Legislatura?”, se pregunta la candidata a Gobernadora.

 

El living ya está lleno. Son ya demasiados ojos que se posan en su computadora, muchos flashes. No lo dice, pero Damián se incomoda. Su sencillez aún no se acostumbra. Otro chico entra sin golpear.

 

ANB: ¿Cuántos son? Ya van tres. ¿Cuántos chicos tienen?

D.L.: Tengo cuatro. Uno mío, uno de ella, dos juntos... un lío.

“Un lío”, escribe, y se ríe. “Una familia moderna”, le digo, y se ríe. La última risa de la entrevista. (ANB)

 

Fotos: Chiwi Giambirtone

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