2015-03-29

Tiro de gracia a la denuncia de Nisman

"Con esta carpeta me llevo puesta a la Presidenta”, habría confiado hace unos ocho meses el fiscal Alberto Nisman al informático Diego Lagomarsino, la persona que le proporcionó la pistola calibre 22 que le causó la muerte.

Lagomarsino rememoró este episodio este viernes en una entrevista radial, pocas horas después de que la Sala I de la Cámara Federal le descerrajara el tiro de gracia a la denuncia del fallecido Alberto Nisman por supuesto encubrimiento de los iraníes con pedido de captura por el atentado a la AMIA, ya que no encontró en ella una sola prueba, ni “un atisbo” de “un obrar ilícito”. El lapidario fallo remarca las “contradicciones”, “especulaciones”, “inferencias” y “un zigzag argumentativo”, además de mostrar que hizo un armado “conveniente” con trozos de diálogos de escuchas telefónicas como para sostener una hipótesis que involucraba al gobierno argentino en un supuesto pacto con Irán destinado a dar impunidad a los sospechosos y restablecer las relaciones comerciales entre ambos países. La decisión lleva la firma de los camaristas Jorge Ballestero, quien redactó los argumentos centrales, y Eduardo Freiler. Eduardo Farah votó en disidencia, a favor de proseguir la investigación que apuntaba contra Cristina Kirchner, el canciller Héctor Timerman, el diputado Andrés Larroque y otras personas. La resolución de la Cámara Federal es un respaldo al juez Daniel Rafecas, que también había rechazado el planteo de Nisman y conlleva un cuestionamiento a los otros fiscales que intervinieron a su favor: Gerardo Pollicita y Germán Moldes, quien anticipó que apelaría el fallo ante Casasión. En un párrafo dedicado a ambos fiscales, los camaristas señalan que “los estrados penales no son las tablas de un teatro ni sus expedientes el celuloide de una película, o que una persona deba quedar sometida a los influjos de un proceso criminal sin otra razón más que la publicidad de su figura”.

Resulta mas que evidente que Nisman se llevó a la tumba las razones para precipitar su retorno a la Argentina durante el mes de feria con el fin de presentar ante los medios una denuncia que carecía del más elemental sustento jurídico y probatorio. En sus comunicaciones con el agente de inteligencia Alberto Massino, reprochándole que el depuesto jefe de Contrainteligencia, Jaime Stiuso, no le atendía el teléfono, puede hallarse parte de la explicación sobre los motivos que llevaron a Nisman a actuar como un kamikaze judicial. Evidentemente, Nisman esperaba pruebas que nunca llegaron. Y si no aparecieron después de su muerte es porque no existían.

La teoría de Nisman en su denuncia del 14 de enero último, cuatro días antes de aparecer muerto en su departamento, era que la impunidad de los iraníes se lograría a través del Memorándum de Entendimiento, firmado en enero de 2013. Ese pacto preveía un mecanismo para efectivizar la indagatoria de los sospechosos en Teherán, en presencia del juez argentino –Rodolfo Canicoba Corral–, pero el fiscal decía que era una fachada y que los prófugos serían beneficiados con una Comisión de la Verdad que participaría del procedimiento y el levantamiento de las alertas rojas de Interpol que pesaban sobre ellos. Su denuncia tenía como eje versiones periodísticas y escuchas realizadas sobre líneas del operador islámico Jorge Khalil, que hablaba de negocios con otros operadores y discurrían sobre el Memorándum.

“El Memorándum de Entendimiento pudo ser un fracaso para la diplomacia argentina, un error para los anales legislativos, una desi-lusión para quienes creyeron ver en su texto el avance de la investigación por el atentado, pero de allí a ver forjado en él un maquiavélico plan por encubrir a los responsables de cientos de víctimas de la voladura de la AMIA existe un abismo”, dice un tramo del voto de Ballestero. “Es necesario –sigue– que se alegue mucho más que el desatino de aquel pacto; que evidencie que, efectivamente, él estuvo dirigido a un fin muy distinto que el esclarecimiento del caso AMIA. Sin embargo, ninguno de los elementos aportados en esta causa cumple con esa exigencia. Ni las declaraciones encontradas, ni las escuchas recortadas, ni los discursos contradictorios...”

El juez Ballesteros compara la denuncia de Nisman “con los agujeros negros, cuya presencia sólo se demuestra a partir de la nada más absoluta”.

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