2015-02-03

Asesinado en el Malvinas trabajaba solidariamente con chicos de los barrios

Marcelo Dandliker trabajaba en el CAAT 9 y participó del reciente Campamento de las Comunidades. Se esforzaba para "sacar a los pibes del destino oscuro que les construyó la sociedad barilochense". Una nota de Fernando Fernández Herrero.

El Campamento de las comunidades fue un gran éxito, muchas personas trabajaron y colaboraron para que fuera así, entre ellas Marcelo Dandliker de 35 años, un compañero me lo presentó en el campamento y viendo su capacidad para motivar y guiar a los chicos le hablé de la posibilidad de sumarse al equipo de Sedronar que se está armando en Bariloche, me dijo que le interesaba, como pasó con todas las personas que realmente están comprometidos con la posibilidad de darle a los pibes un futuro mejor. (En la foto: Marcelo en el Campamento de las Comunidades)

Hoy Marcelo está muerto.

Trabajaba en el CAAT 9 del barrio Unión. Como todos los que trabajamos todos los días con los pibes sabía seguramente que uno de los principales problemas es el alcohol, esa sustancia legal que se ha instalado culturalmente en nuestra sociedad, destruye vidas todos los días y se promueve para los menores desde muy temprano en sus vidas. Muchas personas que lo consumen problemáticamente se indignan cuando otras personas consumen otras sustancias con menos prensa, no dudan en etiquetar a un pibe que se fuma un porro de “drogadicto”, aunque al hacerlo el pibe tenga muchas menos posibilidades de sufrir consecuencias negativas en sí mismo, o producirlas en los demás, que cuando se toma problemáticamente alcohol.

Las otras sustancias se persiguen y se penalizan, el alcohol se promociona en espectáculos deportivos, en la televisión en cualquier horario, se despacha con fallidos controles en cualquier lugar, en boliches de lujo, en fiestas con menores;… siempre después llegan las consecuencias.

Accidentes en las rutas, muchas veces mortales, violencia familiar o de género, asesinatos cometidos en estado de intoxicación como en el caso de Marcelo, destrucción de cientos de familias, de futuros, de vidas. Se nos van muriendo los pibes, la mayoría de las muertes tienen como medio disparador del alcohol, si está mezclado con pastillas que nadie explica de dónde salen si deberían venderse sólo bajo receta, muchísimo peor.

Todas las personas mayores deberían ser libres pensamos muchos, hay que cuidar a los menores de las cosas que le pueden hacer mal, o… cada uno se debe hacer cargo de sus actos, o… cada mal deberías ser atacado en proporción a su capacidad de lastimar, o… no se debería permitir que personas se enriquezcan vendiendo algo que destruye vidas. Todas sentencias del sentido común pero que no afectan el aparato económico del alcohol.

En Antropología se estudia a la cultura como la capacidad de hacer hegemónicos los significados, es hegemónico que el alcohol no es tan grave, o que no tiene que ver con las muertes que produce, como si lo demuestran las evidencias. Esa es la construcción cultural que determina nuestras vidas, o nuestras muertes.

Hoy Marcelo está muerto.

Cuentan los pibes que se peleó con su cuñado para que este, casi seguro alcoholizado, no le pegara a su pareja e hijos, cuentan que el padre de su cuñado muy alcoholizado lo atacó con un machete, le rompió una pierna y después se lo clavó en el pecho. Cuenta la gacetilla policial que fue una disputa familiar, y también que un policía resultó herido. De Marcelo solo se dice en la información oficial que un hombre de 35 años murió en pelea familiar, no se dice que era trabajador municipal, ni de uno de los CAATs más necesitados, ni que trabajaba todos los días para sacar a los pibes del destino oscuro que les construyó la sociedad barilochense, no cuentan tampoco que le encantaban las bicicletas, ni que apretaba la mano como lo hacen las buenas personas, esas cosas no se ponen en las gacetillas y menos si son sobre la muerte de gente del alto.

Hoy Marcelo está muerto, chau Marcelo.

Fernando Fernández Herrero

Te puede interesar