Archivo: La última pelea del padre Currulef
El padre Currulef se encuentra internado, en estado delicado, rodeado de sus afectos. La noticia fría indica que en la últimas horas tuvo una leve mejoría del complicado cuadro que lo afecta desde hace dos semanas. Pero el panorama es complicado, y amigos y familiares están en vilo.
Nacido en Bariloche, "araucano", el "negro" Currulef inició la construcción del proyecto social-educativo más importante de Bariloche: el barrio y las escuelas y colegios del Virgen Misionera. Fue a su regreso del Alto Valle rionegrino, de donde tuvo que huir, acosado por los militares de la dictadura, que balearon su casa en Ingeniero Huergo.
Su historia, como la de muchos sacerdotes que optaron por dar su vida por los sectores populares, está plagada de marchas y contramarchas, avances y dificultades, alegrías y riesgos. La "Familia de Nazareth" que construyó junto a su compañera de toda la vida, Graciela, con "hijos y nietos espirituales" que lo llaman "papá" y "abuelo", lo acompañó y apuntaló en su tarea.
Currulef nació en Bariloche, en la década del '30, y cursó la Primaria en la Escuela 16. Su madre murió muy joven, y fue criado por padrinos españoles. La Secundaria la realizó en Bahía Blanca, en un colegio salesiano, y se ordenó sacerdote en Villa Devoto.
Un par de años menor que Carlos Mugica, fue compañero de ruta y amigo del cura villero.
Durante la década del '70 regresó a Río Negro. Pasó por Valcheta, y recaló finalmente en el Alto Valle. Su actividad parroquial comenzó a traerle problemas: sus apelaciones a una Iglesia comprometida con los pobres, su trabajo entre los Sacerdotes del Tercer Mundo, su tarea pastoral en la conservadora sociedad del Alto Valle no pasaron inadvertidas. Fundó en Ingeniero Huergo su primera escuela -San Franciso Javier-, pero su casa fue baleada, sufrió amenazas, y, en complicidad con Miguel Hesayne -Obispo de Viedma, desde 1975- decidió volver a Bariloche. Fue en 1981. Junto a él, Graciela Belli, una joven que desde los 18 años comparte su vida con Currulef. Su compañera.
Lejos de "esconderse" en Bariloche, el "negro" comenzó con su tarea pastoral en la Parroquia del barrio de Melipal, y rápidamente tomo contacto con la realidad de las 50 familias que conformaban el pequeño conglomerado que luego sería el barrio Virgen Misionera.
Sus misas convocaban y deslumbraban. También "expulsaban", recuerda un vecino que desde aquella época lo acompaña. Es que "eran misas distintas, participativas, siempre con un discurso duro, centrado en la situación de los sectores populares".
Incluso, utilizaba ese mismo tono en la Parroquia San Ignacio, ubicada dentro del predio del Ejército. "Nos deslumbró con su discurso, era una Iglesia que no conocíamos", coincidieron otros entrevistados por ANB.
Currulef comenzó a poner su mirada en Virgen Misionera: aún en dictadura, lo ve como un lugar donde poder construir su proyecto educativo. En complicidad con Hesayne fundó la Parroquia Virgen Misionera, y en el '82 consiguió que desde Alicura le traigan dos casitas de madera: en una se instala con su familia, en la otra, abre las dos primera aulas de la Escuela.
Comienza así lo que se empieza a llamar el proyecto global Virgen Misionera, asentado en educación y trabajo comunitario. Concentra todas las miradas, organiza asambleas barriales, comunitarias, para definir qué hacer en términos educativos y comunitarios. Convoca a sectores medios que aportan dinero para el proyecto. Asume el rol del padre, conductor, un "líder muy personalista, muy enojoso también, pero que dejó libertad para trabajar a los demás", afirman quienes más lo conocieron.
El proyecto creció y lentamente, Currulef fue corriéndose del centro de las complejidades que la cotidianidad de una estructura con escuelas, colegios y talleres, presenta.
Siguió dando misa, hasta hace pocas semanas. El "negro", Padre, y padre y abuelo espiritual, denostado como "cura rojo", peronista, el indio Currulef hoy da otra pelea. (ANB)