"Civilización, un documental sobre León Ferrari" (2012), de Rubén Guzmán
No conocía la obra de León Ferrari, salvo por lo que alguna vez pudo verse a partir de los hechos violentos ocurridos en una de sus muestras en el Centro Cultural Recoleta, cuando un grupo de católicos intolerantes destruyó algunas de sus obras por sentirse agraviados. Estos sucesos forman parte de este documental de Rubén Guzmán que tiene entre sus tantos logros, la posibilidad de recorrer la enorme obra de uno de los artistas plásticos más reconocidos de nuestro país.
Guzmán, un realizador cinematográfico de la región muy emparentado con el cine experimental, logra en tan solo 58 minutos, introducirnos en la obra de Ferrari a través de un recorrido en el que lo experimental convive con una narrativa más clásica, de una forma fluidamente amalgamada. En la charla posterior a la proyección, el mismo Guzmán señalaba que éste fue uno de los desafíos que le propuso la película desde un inicio: poder tener la absoluta libertad creativa para contar la obra de un grande, apelando a distintos recursos vanguardistas de la imágen y el sonido, al tiempo que dar un testimonio claro y (al gusto de Ferrari) efectivo desde el mensaje, cosa que logra también por la similitud de visiones de ambos artistas en relación a lo que el arte significa.
El trabajo con distintas imágenes que anticipan, confirman y remarcan el discurso de Ferrari (y de Guzmán) generan un estado de espectación y de preparación para la contemplación de la obra. La voz en off de la también eficaz Cristina Banegas aporta no solo desde lo narrativo al convertirse ella en la voz de León Ferrari, sino que le da un entidad sonora particular a la película, como parte fundamental de la muy pensada banda sonora, que ofrece además de la bella voz de la actriz, una importante cantidad de sonidos que apelan tanto a la materialidad de los objetos que componen las muestras del artista, como a melodías de lo más variadas que acompañan los distintos momentos de la película desde un lugar más emotivo.
Si bien la película ofrece en los primeros minutos una información sobre la vida de Ferrari, fundamentalmente asectos familiares y de sus distintos lugares de residencia debido a cuestiones políticas, el gran tema que se impone tanto desde la obra mostrada como desde el enfoque de Guzmán, es la religión en cuanto propiciadora de una civilización occidental cada vez mas brutal, hipócrita y mezquina. En un momento del film, se habla de Hitler y de un cierto pudor al ocultar sus horrendos crímenes en comparación con la obscena publicidad que de sus actos criminales hace gala el gobierno norteamericano desde Vietnam hasta hoy. Las imágenes de los asesinatos de civiles en Irak son muy elocuentes y desgarradoras. Es muy acertado el recurso que utiliza el director en varias oportunidades, cuando repite como en loop determinadas imágenes que son claves para entender al occidente actual: Obama recibiendo el Nóbel de la Paz o una familia vietnamita que intenta escapar del napalm. La repetición no sólo es un efecto formal de la película, sino que está en perfecta consonancia con su tema.
Sin embargo, también hay humor en esta película; un humor frontal y afilado que sale tanto de las labios del propio Ferrari como de muchos de sus trabajos, sobretodo los relacionados directamente con los santos, la santidad y su santidad. Sus expresiones que aluden a la sexualidad o a los preceptos del cristianismo son muy divertidos, salvo para aquellos que aún siendo cristianos, no saben profesar la tolerancia que Jesús practicó. Y allí también se puede ver la ostensible comunión (no se si debiera usar esa palabra) entre los dos artistas (Ferrari y Guzmán) cuando éste último filma y edita distintas piezas de la obra del primero, de una forma que inevitablemente genera risas y sonrisas.
La película ha ganado el primer premio de documentales en el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse, un festival prestigioso que mantiene a través de los años una línea de trabajo muy coherente y, está producida por el tandem Gastón Duprat /Mariano Cohn, a quienes conocemos por sus películas "El Hombre de al Lado" y "El Artista"; ésta última cuenta con la actuación del mismísimo Ferrari como uno de los cuatro "viejos chotos" de un geriátrico junto a Horacio González, Rofolfo Fogwill y Alberto Laiseca.
Teniendo en cuenta que el director de "Civilización", Rubén Guzmán, vive en Bariloche y es profesor en la carrera de Diseño Audiovisual de la Universidad Nacional de Río Negro que se da en El Bolsón, podemos ser auspiciosos de una próxima proyección que sin duda aportará no sólo desde lo cinematográfico, sino como escencial documento sobre un artista que genera un interesante debate en la sociedad.