Argentina y Venezuela
Quizás en los últimos días de febrero algunos percibieron un clima menos tenso que en diciembre y enero. Los cortes de luz sostenidos sin que a las empresas prestadoras se les rescindiera la concesión o se sancionara de modo ejemplar, rebeliones policiales que traccionaron saqueos con más de una docena de muertos y, en vez de ejemplares cambios en las políticas de seguridad y un debate sobre la sindicalización de las policías, hubo aumentos salariales del orden del 35% en la mayoría de las provincias. Luego, la devaluación, motorizada por la sequía de dólares producto de que los productores y comercializadores de granos abusan de sus posiciones dominantes y sin respuesta por parte del Estado en el sentido de promover una agencia pública -o mixta- de comercio exterior. Seguidamente, un aumento de precios al que se le puso como freno una serie de mecanismos de diálogo con los formadores de precios que, al igual que el sector granario, tiene fuerte concentración de capitales extranjeros y manejo cartelizado.
El discurso llegó en el momento donde los ojos están puestos en por qué los aumentos salariales a los docentes corresponden a provincias opositoras al kirchnerismo mientras que la paritaria nacional todavía está en un laberinto. En efecto, Córdoba, Santa Fe, San Luis y Ciudad de Buenos Aires ya dieron aumentos que fueron aceptados por los gremios -o están en vías de ser aceptados- en el orden del 30% o algo más mientras que el Gobierno Nacional todavía no despertó expectativas de acercamiento a los reclamos de Ctera y del resto de los gremios nacionales. En cuanto al resto de los gremios vinculados al sector público y al sector privado, en ningún caso se espera que los representantes de los trabajadores acepten subas del orden del 25%, tal como sugieren los voceros del Gobierno. Es cierto que los aumentos de salarios impactarán en la demarcación. Tan cierto como que las expectativas del índice de precios al consumidor de febrero esperan el impacto de la devaluación de enero.
La sociedad puede percibir la arbitrariedad del poder económico. Un importante sector de la población también constata que la oposición política y gremial no alcanza a generar propuestas. Quizá sean más incisivos que los dirigentes oficialistas a la hora de los diagnósticos, pero no alcanzan a conformar alternativas ni siquiera a generar un marco de unidad.
En cuanto al oficialismo, prefirió bancar en soledad estos embates económicos y financieros. Eligió un camino de acercamiento al poder financiero internacional, cuyo emblema mayor fue la negociación con Repsol para compensar la expropiación de abril de 2012. Con la expectativa de conseguir inversiones y créditos externos, el Gobierno prefirió no confrontar con Clarín, no gravar la renta financiera, no confrontar con el poder concentrado de las multinacionales granarias y, finalmente, no crear ámbitos de diálogo y consenso de políticas con empresarios, sindicalistas y dirigentes de otros partidos para enfrentar la delicada situación. Quizá, en términos de la real politik, de la cuota de pragmatismo que tiene la mayoría de los gobiernos, una mesa de consenso no sea valorada como un logro en sí mismo mientras que la posibilidad de lograr acuerdos con las cámaras empresarias por los precios y mantener las paritarias como espacio de fijación de ingresos sí resulta eficaz.
Con once años de continuidad, con políticas sociales de inclusión, con el apoyo de vastos sectores sociales, pero sabiendo que 2015 ya está encima y Cristina no será candidata, es que se esperaba el discurso de ayer con gran expectativa no sólo en la militancia kirchnerista, sino en vastos sectores de la sociedad.
Venezuela, en espejo. Antes de volver a la coyuntura nacional, conviene reparar en lo que sucede en Venezuela. El viernes, el presidente Nicolás Maduro presidió una mesa nacional por la paz. Mientras se desarrollaba el encuentro, y tomaban la palabra gobernadores o legisladores opositores, el presidente de Venezuela daba la novedad de un servidor público asesinado, según dijo por francotiradores, mientras despejaba una calle. El tono sereno de Maduro contrastaba con el estilo confrontativo de las primeras jornadas de marchas callejeras. La misma fiscal de Estado Luisa Ortega Díaz enfatizó que varios agentes de seguridad reprimieron, incluso de civil, como fue denunciado por sectores opositores. Todos los datos brindados por Maduro y Ortega Díaz eran seguidos atentamente por algunos de los opositores que se acercaron a ese espacio de diálogo. Cabe consignar que no concurrió el principal líder opositor Henrique Capriles ni el resto de las fuerzas que integran la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Sin embargo, sí estuvieron ex chavistas como Henri Falcón, gobernador del Estado Lara, quien marcó claramente sus diferencias con Maduro.
Podrá decirse que este gesto de distensión no es suficiente para describir la gravedad de la situación en Venezuela. Es cierto y en pocos párrafos conviene repasar algunos datos para ver que sí hay relación entre lo que pasa en ambos países. Tan cierto como que la estrategia del Departamento de Estado y los promotores de la Alianza del Pacífico pretenden hacer una caricatura burda de las dificultades que atraviesan ambos países. En primer lugar, la actual crisis viene antecedida por una victoria electoral del chavismo. Apoyándose en una campaña contra la especulación en la que intervino algunas cadenas de comercios, el gobierno bolivariano ganó en diciembre el 70% de las alcaldías con el 49% de los votos contra 40% del (MUD). Este triunfo electoral no alcanzó para encauzar los problemas generados por la inflación y el desabastecimiento. El programa de "precios justos" no prospera. En 2013, hubo una gran expansión monetaria, un índice de inflación que llegó al 56% anual. Los niveles de desabastecimiento de principios de año fueron mucho más altos, especialmente en alimentos. Las reservas, a lo largo de 2013, cayeron en 8000 millones de dólares.
En Venezuela hay cupos de divisas para quienes viajan al extranjero. También hay subsidios para las naftas. Es decir, podrían compararse a las políticas de restricciones de divisas y de subsidios al gas, la electricidad y el agua. Medidas que, por lo general, son mal recibidas por los sectores medios y que no generan un particular entusiasmo en los sectores asalariados. Pero no hay que perder la perspectiva: en 1999, por caso, la pobreza extrema era del 28,8% y la desocupación era del 16%, mientras que en 2013 resultaron de 18,3% y de 6,4% respectivamente. Venezuela, pese a ser un país petrolero, vivió el neoliberalismo y la dependencia del FMI con tanta crudeza como la Argentina. De hecho, el jueves pasado, decenas de miles de militantes chavistas salieron a la calle a conmemorar las jornadas del Caracazo, a 25 años de la cruel represión del gobierno de Carlos Andrés Pérez al pueblo para aplicar el programa de ajuste del FMI.
Este panorama, disputado y complejo, no puede ser explicado por las conspiraciones de la diplomacia norteamericana y de la ultraderecha local. Claro que hay provocadores y hubo ataques arteros contra objetivos gubernamentales. Tan claro como que un proceso transformador que desafía los poderes concentrados debe rendir examen todo el tiempo ante sus propias bases y ante los que piensan distinto. Por eso, reconocer errores es vital. Así cobra más fuerza y más sentido este impulso al diálogo de Nicolás Maduro, complementado por la publicación de los nombres de los ocho funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) que participaron directamente en la represión violenta de manifestantes.
Este clima, cambiante, empezó con una defensa cerrada del chavismo por parte de Maduro y dos semanas después entró en un diálogo que, ojalá, se sostenga. En dos semanas, hubo 17 muertos enVenezuela. Al principio, Maduro responsabilizó a los manifestantes y ahora aseguró que los agentes del Sebin actuaron por su cuenta y destituyó al jefe de esa fuerza de seguridad. El gobierno ya no apela a presentarse como víctima de un golpe de Estado en curso, prefiere el diagnóstico realista y el diálogo plural.
Perspectivas. Nicolás Maduro retomó el diálogo con Estados Unidos. Cabe recordar la reunión que el canciller Elías Jaua tuvo con el secretario de Estado John Kerry en junio pasado, que significó un grado de distensión muy grande en la relación bilateral. Es decir, los gobiernos de Argentina y Venezuela, más allá de ciertas retóricas antiimperialistas, tienen relaciones estables con Estados Unidos. Pero no alcanza con eso para paliar los problemas macroeconómicos que cada uno de los dos países sufre. Venezuela tiene la renta petrolera basada en una empresa ciento por ciento estatal como Pdvsa y, sin embargo, no logra encauzar muchas de las variables económicas con fuerte repercusión social. La Argentina tiene un superávit comercial sostenido apoyado en las exportaciones del sector primario que, debe subrayarse, continúa en manos privadas, concentradas, y con alto coeficiente extranjero.
Más allá de las coincidencias y diferencias de cada nación y de cada gobierno, en ambos casos los avances en la distribución del ingreso y de la implementación de políticas sociales fueron la base de la identificación popular con las figuras de Néstor Kirchner y Hugo Chávez, primero, así como con las de Nicolás Maduro y Cristina Kirchner, después. Pero los escenarios fueron cambiando. Las exigencias económicas y la emergencia de otras fuerzas políticas opositoras ponen sobre el tapete una cuestión de estilo de gestión, sobre todo cuando el clima social requiere duplicar la atención.
En el caso de la Argentina, la mayoría de los analistas económicos coincide en que el dólar puede quedar en la banda de los ocho pesos. Sin embargo, no es fácil saber cómo cerrarán las paritarias y cómo reaccionarán los sectores de poder económico. En su discurso de apertura, la Presidenta dio una señal que estos días podrá o no convertirse en un factor de distensión. Cristina saludó a los gremios docentes por haberse sentado a la mesa levantando el paro nacional anunciado para el miércoles 5 y el jueves 6. Mañana, cuando se retome la paritaria nacional, los argentinos sabrán si hay un camino de acuerdo y si las clases empiezan el próximo miércoles. Sería una prueba superada en un escenario donde las certezas se van construyendo día a día.
Sólo una última mención respecto del discurso de ayer de la Presidenta. Cristina cargó contra quienes cortaron la Panamericana días pasados en protesta por la condena a tres militantes por la muerte del policía Jorge Sayago, ocurrida en febrero de 2006 durante el conflicto petrolero en esa ciudad santacruceña. Cristina cargó contra ellos. Sin embargo, hay muchas denuncias sobre las irregularidades del juicio, denuncias concretas de torturas y de pruebas plantadas. Pese a ello, la Cámara Oral de Caleta Olivia, en diciembre pasado, condenó a once personas, tres de ellos a perpetuidad. La agencia Paco Urondo, que reivindica el periodismo militante en espacios kirchneristas, no dudó en publicar una entrevista a Ramón Cortés, uno de los condenados a cadena perpetua, que es empleado municipal y vecino del lugar donde murió Sayago, quien asegura ser inocente. Cortés le mandó una carta al Papa y éste le contestó de inmediato. Francisco le dijo: "Recibí su carta y le agradezco de corazón me la haya enviado. Comprendo lo que Usted me dice y quiero expresarle la seguridad de mi cercanía en estos momentos que está viviendo. Le pido, por favor, que rece por mí. Lo hago por Usted y su familia". No es difícil que el Papa haya tenido la precaución de recabar algo de información antes de contestarle a Cortés. Esta causa, sin duda, llegará ante la Corte Suprema de Justicia y quizá pueda conocerse si hubo o no manipulación.
Por Eduardo Anguita