YPF, maestros y danza de candidatos
Después de 22 meses de la nacionalización de las acciones que tenía Repsol en YPF -un 51% del total del paquete accionario-, el directorio de la petrolera española aceptó la oferta argentina. La confirmación fue el viernes, cuando desde las oficinas de Repsol en Madrid salió una comunicación a la Bolsa de Valores que de inmediato levantó la alicaída acción de esa compañía. Este es un paso casi definitivo tras la oferta hecha cuatro meses atrás en Buenos Aires por el gobierno argentino a la plana mayor de Repsol. La cifra es 5.000 millones de dólares pagaderos con una ingeniería financiera que todavía no se conoce en detalle, pero que no implicaría dólares billetes. Ese número surge de una combinación de una valuación contable de YPF del orden de 10.000 millones de dólares pero también de las razones políticas que tiene el gobierno argentino y la compañía española.
Del lado de Repsol, la semana próxima deberán presentar balance y los números no son buenos. Por eso el apuro del viernes de comunicar a la Bolsa una operación todavía no cerrada. Sin embargo, no habrá mucho suspenso: pasado mañana, el Consejo de Administración de Repsol se dio cita para informar sobre la modalidad del pago acordado.
Para el gobierno argentino, a casi dos años de la expropiación, hay un giro en el discurso público. Ya no pesa tanto el rol del Estado que recupera la soberanía sino que se pone en valor la capacidad de no entrar en conflicto con los factores de poder financiero internacional. En efecto, en orden de llegar a un acuerdo con el Club de París y tener diálogo con el FMI, la Argentina se saca de encima un conflicto más en el Ciadi (el tribunal arbitral del Banco Mundial) y marcha hacia la meta, incierta, de lograr créditos e inversiones externas. Desde el punto de vista de los números, la cifra acordada es la mitad de los 10.500 millones de dólares que reclamaba Antonio Brufau, presidente del directorio, cuando se enteró de la estatización. También es un número menor de los 5.265 euros (alrededor de 7.000 millones de dólares) que Repsol dice tener como base contable de sus reclamos.
El lado crudo del petróleo. YPF tuvo un buen 2013. Acaba de comprar Apache y ahora lidera no solo la producción petrolera sino también la gasífera. A su vez, Miguel Galuccio deposita expectativas concretas en que el yacimiento de Vaca Muerta será un soporte para la situación energética argentina que carga dos problemas diferentes, ambos asociados al crecimiento de la producción y el consumo. Uno se refiere a los subsidios del consumo de la electricidad, el agua y el gas, particularmente en el conglomerado urbano de Buenos Aires, salvo barrios y edificios considerados de ingresos muy altos. Si se les suman los subsidios al transporte público, se trata de unos 130.000 millones durante 2013, con un crecimiento de alrededor del 30% medido en pesos respecto de 2012. Significa una cuarta parte del Presupuesto nacional y unos 4,5 puntos del PBI. Aunque buena parte de la prensa del establishment se queja del supuesto desmanejo de los subsidios, está claro que algunas compañías multinacionales pueden competir en algunas licitaciones internacionales gracias a que cuentan con energía barata. El otro tema es el déficit de la balanza comercial energética: en 2013 fue de alrededor de 10.000 millones de dólares, con un aumento de no menos del 15% medido en dólares respecto de 2012.
El giro de la política gubernamental en gas y petróleo fue de pasar de Enarsa y sus convenios con Pdvsa a buscar socios e interlocutores en las big oils (las grandes multinacionales petroleras). De allí el acuerdo con Chevron en Vaca Muerta y el ingreso, en cuentagotas, de otras empresas como Pan American Energy y Total. Se trata de apuestas a mediano y largo plazo. De momento, para alinearse con las operadoras privadas, el Gobierno autorizó pagar más a los productores de gas en boca de pozo y también fuertes aumentos de combustibles durante 2013 seguidos por nuevas su