El 63% de los "ni/ni", son las "ni, ni"
El gobierno nacional anunció que otorgará 600 pesos mensuales a un millón y medio de jóvenes -el 22% del total de esta franja etaria- que según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) ronda 670 mil. Algunxs tienen un empleo precario o con un bajo salario, mientras, otrxs se encuentran actualmente sin trabajo y no estudian, son los llamados "Ni-Ni", los marginadxs de modo dual: por el sistema educativo y por el mercado de trabajo. Pero hay un dato más. El 63 % de los "Ni-Ni" son mujeres. Chicas entre 18 y 25 años que no pudieron seguir estudiando, muchas de las cuales son madres adolescentes. Un recorte de género a esta noticia tan vapuleada por la prensa canalla como por quienes añoran el peor pasado.
El proyecto del gobierno apunta a reinsertar a estos chicos y chicas o estimular su frágil permanencia en el sistema educativo, el objetivo es que terminen al menos su primaria y con suerte la secundaria. Un sector de la población por sí complejo. Hijos del sector más desfavorecido, el de la pobreza estructural y, en cierta medida, el que el sistema educativo fracasó en integrar. El mismo sector al que se criminaliza con frecuencia y se condena desde el mundo medial y adulto.
Este millón y medio de argentinxs nacía durante la década Menem-Cavallo, la que impuso políticas que hicieron estallar la peor crisis que vivimos en Argentina, de las tantas que conocimos y estudiamos. Una de las consecuencias presentes de esa gigantesca debacle tiene una de estas caras. Nadie puede ignorar lo que implica haber tenido el 60% de la población pobre e indigente, ni sus consecuencias en los primeros años de vida de humanos y humanas, lo que implica el drama del hambre, de padres sin empleo, engrosar el ejército de la pobreza estructural.
Los datos disponibles en las dos usinas informativas del presente afirman que entre 2003 y 2008, se produjo una fuerte reducción de la cantidad de chicos que no trabajan, pero no se ha mejorado en igual medida y de modo significativo el dato de la deserción escolar. Es decir, hubo más trabajo (aunque 6 de cada 10 es precario o informal), pero la deserción escolar se mantiene en esas edades, fundamentalmente en segundo y tercer año de la secundaria. La escuela no puede retenerlos, no quiere o no sabe cómo hacerlo. Y si el escenario se complica, nada que agregar, sabemos quiénes son los primeros que el sistema expulsa: Mujeres, en primer lugar las que tienen hijxs o están embarazadas; y quienes menos estudios tienen.
Los datos lo reafirman, el 63% de lxs NI/NI, son mujeres, muchas de las cuales son madres adolescentes.
Millones de niñas y mujeres en el planeta puede dar cuenta de cuánto más suele costarle a ellas salir de las prisiones de este sistema cruel que es el capitalismo patriarcal. No hay salida para ellas. No la hay sin políticas adecuadas y orientadas a ellxs.
Ahora bien, la idea es que reciban el aporte las y los jóvenes que muestren los certificados de estudios y hagan un chequeo de salud, y siempre que sus ingresos familiares sean menores al salario mínimo. ¿Puede estar mal semejante ocurrencia, venga del gobierno que venga?
Una ayuda así, una ayuda estatal pequeña, pueda ser ser la única oportunidad que tendrán estos chicxs en su vida para subir un escalón, un fugaz momento histórico que mirará a esa porción de la población condenada y les tirará una piola. Una piola que puede ser un peso más para el pasaje en colectivo, una comida nutritiva al día, un chequeo médico, un remedio, un banco en una escuela, un anticonceptivo seguro, un microcrédito, o una guardería que contenga a hijxs de madres adolescentes para que ellas puedan intentar cambiar su suerte y las de sus descendientes. Suerte que significa terminar la escuela para tener entre otras cosas, una mejor oportunidad laboral.
Este gobierno se puede haber equivocado en muchas cosas, pero no en intentar cambiar la suerte de esa condena de Sísifo que es la pobreza, una pobreza que pega de modo más intenso en niñas y mujeres.
Lxs que dicen que la ayuda de 600 pesos para los ni/ ni es "para alimentar vagos" y "para que puedan comprar birra y faso (o paco)" se equivocan. Los que acusan de demagogia a quienes ayudan a los que menos tienen, carecen de imaginación, no conocen el concepto de solidaridad, o son perversos.
Hay pocos caminos para intentar librar con éxito la batalla contra la pobreza, una de ellas es con educación. Pero como sabemos los derechos humanos están interrelacionados, entonces hay que atarlos al acceso a salud -¡también atarlo a la salud reproductiva! Y que en mucho se ata al derecho a la libertad en estas jóvenes-, derecho a alimentos, a un abrigo que los proteja de tanta intemperie; es decir, a todos los derechos humanos elementales.
Hay nichos de corrupción, que es también un mal estructural de este país, condenable absolutamente y dato insoslayable. Pero tal situación no nos exime de nuestra responsabilidad ciudadana, de hacer lo que esté a nuestro alcance para defender salud y educación públicas, los derechos conquistados, defendiendo a un Estado presente, que siga haciendo un esfuerzo especial para mejorarles la vida a los más vulnerables, entre éstos a niñas y mujeres.
Estxs chicas y chicos y- obviamente- los adultos que tiene cerca, podrán elegir una piola o una soga. 600 pesos pueda no enseñarles el significado de "década ganada", pero sí, tendrán en su haber la memoria de haber tenido al menos una oportunidad. Como lo fue hace más de 60 años, haber recibido una máquina de coser o las cubiertas de un camioncito o un juguete.
No se confundan. No nos quieran confundir. La ayuda no es para "los vagos", para "los que no trabajan ni estudian" como tituló el centenario diario regional. Porque los que afirman eso son cómplices de esa pobreza a la que enseñan a ignorar, misóginos en vista a los contundentes datos; en tanto que los que los que lo reproducen son manipulados, ciegos de odio, tanto que prefieren inclinar la balanza otra vez para los más poderosos, antes que darles una oportunidad a los que desprecian en ese acto.