El dolor, en primera persona
Esta es mi hija Ludmila de 20 años el 13 de febrero cumplía 21. Mi única hija llena de proyectos e ilusiones. El 21 de enero exactamente a las 15:15 horas la mató un ciprés antiquísimo de 25 metros de altura aplastándola dentro de su auto parado en la puerta de mi casa, un ciprés inservible en el medio de una calle con casas alrededor donde habita muchísima gente y transitan muchos autos.
Un ciprés sin controles necesarios para poder permanecer ahí, sus raíces cortas no pudieron resistir el viento, el árbol mas grande de la cuadra fue el único que cayo sobre mi hija que la mato, con la cual estaba hablando por teléfono conmigo de su futuro trabajo, entrar a la AFIP.
Esto para mí no va a quedar impune voy a tomar todas las medidas necesarias para que un ciprés plantado en medio de un barrio lleno de construcciones donde las raíces no podían explayarse más hacia los costados por las construcciones, y no medían mas de 30 cm, no mate más a nadie.
Alguien tendrá que responder por este agujero que dejaron en mi vida, que a los 46 años que tengo Dios no me va a dar la posibilidad de tener otra Luly, buena, divertida, excelente hija y con muchas ganas de vivir. Alguien más que el viento tendrá que responder, aplicándole todo el peso de la justicia.
Viviana Barroso
Mamá de Ludmila