"Ace in the hole" (1951), de Billy Wilder. El ejercicio del periodismo.
Billy Wilder fue periodista en su Austria natal y, como conocedor del oficio, dedicó dos películas al tema: "The Front Page (Primera Plana) y "Ace in the Hole (El Gran Carnaval)". Recordemos además, que el gran Billy escribió 60 películas, dirigió 26, fue nominado al Oscar por 21 y ganó 5 estatuillas. Es un cineasta reconocido y admirado por todos sus pares, por la crítica y por el público. Ha hecho algunas joyas como "Sunset Boulevard" o "Double Indemnity" dentro del drama y el cine negro, y brillantes y afiladas comedias como "The Apartment" o "Some Like it Hot".
Ace in the Hole que vendría a ser algo así como "el as en la manga", es una película que no tuvo éxito en su momento y que generalmente se la considera como menor dentro de su filmografía. Sin embargo, hay que verla para comprobar escena por escena, la enorme potencia narrativa que este gran director le imprime a esta historia, y la descarnada crítica hacia determinado tipo de periodismo; uno que se lo reconoce por su color amarillo. El enorme Kirk Douglas interpreta a Chuck Tatum, un cronista que está en las últimas y que aterriza en Albuquerque (el mismo pueblito/ciudad donde transcurre la gran Breaking Bad) a pedir, limosnear diría, un trabajo en un diario de provincias. Piensa que el destino le pondrá una noticia que lo devolverá a las grandes ligas de los periódicos neoyorquinos. En un rutinario viaje para cubrir a un grupo de gente que caza víboras cascabel (allí me acordé del periodista Bill Murray y su marmota), la noticia lo encuentra a él. Un lugareño ha quedado encerrado en viejos túneles de una antigua edificación de los indios del lugar. Está atorado y hay que sacarlo. Hay dos maneras: una rápida y una más lenta. Esta última sirve mejor para que se desarrolle el show mediático. Allí comienza la historia.
Ver el film, ver la mano de este gran director/guionista que va hilvanando plano a plano con magistral sabiduría, sin que los espectadores podamos darnos cuenta del artificio, es uno de los grandes placeres de cinéfilo. Para aquellos que gustan de la buena narración en una película, Ace in the Hole es un compendio de la firmeza de un relato bien construído. Cuando usar un fundido, cuándo y dónde cortar, cuando mover la cámara; qué plano conviene poner después de este y donde terminar la escena, son en general, pruebas vivas y palpables del buen manejo del lenguaje cinematográfico. Claro, si es Dios.
Pero además, Wilder dispara casi contra todo el sistema con una acidez y una contundencia poco frecuentes en el cine comercial del hollywood de aquellos tiempos (aunque siempre recuerdo las palabras de Martin Scorsese en ese bello documental llamado "Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano) en donde nos enseña a descubrir a esos directores que él llama contrabandistas, esos que pueden decir algo sin que se note demasiado o contradiga al sistema capitalista de los estudios o a los códigos de censura del senador Mc Carthy). Descarga munición gruesa contra el periodismo por supuesto, pero no deja de mencionar a la corrupción policial, al aprovechamiento de cualquier cosa (incluido el cine) para hacer crecer el negocio, cualquier negocio, y contra los humanos en general y su morbo repugnante. Salvo el dueño del periódico de Albuquerque, no recuerdo a nadie bueno en la ostensible galería de personajes del film. Hasta el padre de Leo, el hombre atrapado en la cueva, se suma al show y a la buena recaudación que esta noticia le genera a su pequeña gasolinera.
Hay una parte que disfruté especialmente; básicamente porque nos muestra algunas cosas que los argentinos creemos que sólo existen en nuestro jodido país (de los que bien habla Capussotto en uno de sus mejores sketchs), pero que también pueden verse en los pueblos y ciudades de la gran democracia americana. Me refiero a una escena donde la mujer de Leo habla de algunas costumbres del sheriff del condado en relación a comer sin pagar. La única diferencia es que allá es un bistec en lugar de pizza.
Algunos podrán decir que el final no es acorde al cinismo inicial con que Wilder dibuja a su personaje. Cuando terminó la película, pensé en eso y hasta me disgustó en cierta forma. Pensándola un poco más, dejándola madurar, pienso que es verosimil y acorde a determinadas acciones que lleva a cabo el personaje de Douglas. Creo que finalmente le gana la tristeza al cinismo, como siempre.
Por Mariano Benito