2011-06-12

"Betibú"

Claudia Piñeiro, autora de "Las viudas de los jueves", recorre con notable talento un territorio literario conocido. En esta oportunidad todo ocurre en el country "La Maravillosa" (antes se trataba de "Altos de la Cascada"), que se conmociona a partir del hallazgo del cadáver de Pedro Chazarreta, degollado en su sillón favorito. Su muerte recuerda la de su mujer, a la que habían asesinado unos años antes. Entre los usos y costumbres de los habitantes de los barrios cerrados, que adoran las ventajas de la vida al aire libre a media hora de la gran ciudad, el crimen pasa a ser tapa de todos los periódicos y de todos los canales de noticias, que ya tienen su móviles apostados en la entrada. Nurit Iscar, el pibe de policiales y Jaime Brena, del diario "El Tribuno", van hacia la verdad. Y conocer la verdad, a veces, es peligroso e insuficiente. Muy buena nouvelle noire de Claudia Piñeiro. Se llama "Betibú".

Claudia

Piñeiro,

que escribe hace mucho tiempo y escribe bien, de alguna manera vuelve

por sus fueros, a los que por otra parte jamás abandonó. Bien

conocida por su novela Las

viudas de los jueves,

publicada en el 2007 (todo, historia, novela y escritora se

transformó en masivo a partir de la película homónima, dirigida

por su "casi" homónimo, Marcelo

Piñeyro,

en 2009), vuelve a recorrer con notable eficacia un territorio

literario conocido, en el que todo puede ser objeto de la narración,

máxime cuando ocurren asesinatos que se relacionan. En esta

oportunidad se trata del country

"La Maravillosa" -antes se trataba de "Altos de la Cascada"-,

cuya vida se sacude a partir del hallazgo del cadáver de Pedro

Chazarreta, degollado en su sillón favorito, en el medio de living

de su casa, y cuya muerte recuerda la de su mujer, a la que habían

asesinado unos años antes en el mismo lugar: Chazarreta, ahora

exánime, había sido uno de los sospechosos de la muerte de su

esposa, Gloria Echague.

Con

un clima de "sociología de clase" y atravesando los

comportamientos "fashion" que suceden en los barrios cerrados

argentinos, cuyos habitantes adoran las ventajas de la vida al aire

libre a media hora -máximo- de la gran ciudad, el crimen pasa a

ser tapa de todos los periódicos y de todos los canales de noticias,

que ya tienen su móviles apostados en la entrada del barrio cerrado,

al sólo efecto de verificar y constatar, en vivo y en directo

durante horas, que se trata, efectivamente, del portón de entrada:

nadie dice nada. Ese puerta, especie de parodia famélica de una

Puerta de Brandemburgo poética venida a muchísimo menos, plantea la

síntesis de los nuevos hábitos sociales que modifican las

costumbres y comportamientos: no todos ingresan de la misma manera,

con los mismos requisitos ni por el mismo lugar. No todos ingresan.

Pero Claudia

Piñeiro

(Tuya,

Elena

sabe,

Las

grietas de Jara,

Las

viudas de los jueves)

no sólo plantea y desarrolla un extraordinario enigma -que además

está muy bien escrito- sino que presenta, al mismo tiempo, otro

escenario paralelo: la forma en que el periodismo, o las distintas

formas de hacer periodismo, se las ingenia para obtener y publicar

información. Se trata, además, de un caso resonante y de alto

impacto en la opinión pública (cualquier déjà

vu

con el crimen de María

Martha García Belsunce

no es mera coincidencia) en el que entran a formar parte los

protagonistas: una es la analítica, apasionada y notable Nurit

Iscar, escritora y periodista a la que el director de El

Tribuno,

uno de los diarios de mayor tirada del país, le pide que se encargue

del tema con estrategias más cercanas al relato literario o del new

journalism (que

a esta altura ya no es tan nuevo), para lo cual le consigue una casa

en el country. Y Nurit se muda allí, a ver qué encuentra, a ver qué

pasa, a ver qué escucha. Junto a ella trabajaran el veterano y

extraordinario Jaime Brena, un sabio de las redacciones y de la

Sección Policiales, quien por esas circunstancias de la vida ahora

se ocupa de notas absurdas e inconcebibles en Información General o

Sociedad, mientras que a su lugar lo ocupa un pibe, "el pibe de

Policiales", que ni siquiera saber porqué estudió Comunicación

(otro signo de las últimas épocas, estudiar Comunicación Social...),

cuya única fuente parece ser Internet y que, sin embargo,

demostrará tener "uñas de guitarrero". Entre Jaime Brena y el

"pibe de policiales", inexperto absoluto, se establece una

relación pedagógica que incluye un repaso fugaz por algunos íconos

del género como Gustavo

Germán González,

el legendario "GGG"

del no menos legendario diario Crítica,

José

de Zer

o el extraordinario "Turco" Enrique

Sdrech.

La estrella, más allá de todo, es Nurit Iscar, o Betibú,

como le dicen, en alusión a la sensual Betty

Boop,

el dibujo animado de la chica flapper,

lanzada al cine por la Paramount allá por la década del ´30, que

se recicló a sí mismo y que aún hace de las suyas como un

particular símbolo sexual. Su apodo será causa de alguna discusión

y de algún desengaño. La novela es intensa, por momentos compleja.

Pero nunca confusa. Jamás decae. La trama policial, bien planteada

en el supuestamente perfecto escenario de los barrios cerrados, se

sostiene todo el tiempo. La muerte de Chazarreta, la última hasta el

momento, es una de las formas de conocer una realidad aterradora, en

parte también pretérita. Betibú, el pibe de policiales y Jaime

Brena van hacia la verdad. Y saber la verdad, muchas veces, no

alcanza. Muy buena nouvelle

noire

de Claudia

Piñeiro.

  • Betibú,

    Claudia

    Piñeiro, Alfaguara,

    Buenos Aires, 2011.

Te puede interesar