2011-03-15

Una historia de la Guerra Fría

La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 aceleró el final de un proceso que había comenzado tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, cuando el mundo quedó dividido en dos esferas políticas y económicas bien diferenciadas: el capitalismo y el comunismo. La Guerra Fría, que evitó el enfrentamiento directo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS), tuvo numerosos capítulos: desde Yalta y Potsdam hasta la unificación alemana y la desaparición de la URSS, pasando por la Primavera de Praga, la crisis de los misiles, Nikita Jrushchov, Robert McNamara, la Guerra de Vietnam, el fenómeno Lech Walesa o la Perestroika. El libro se llama "La Guerra Fría", de John Lewis Gaddis.

Con

la Alemania nazi virtualmente derrotada (Alemania se rendiría de

manera incondicional el 8 de mayo de 1945) y el país dividió en

dos, el ejército de los Estados Unidos y el Ejército Rojo se

encontraron en las afueras de la ciudad de Torgau, a la vera del río

Elba, a fines de abril de 1945; Berlín, la capital, era poco menos

que una inmensa ruina moderna. De alguna forma, la imagen es una

manera inevitable de comenzar a repasar lo que sucedería en Europa

(y en el mundo) a partir del período que se conoce como Guerra Fría,

que se extendió desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial

hasta el desmembramiento de la Unión Soviética y la desaparición

del comunismo, circunstancias que comenzaron a ser evidentes a partir

de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989: la pared

se había construido en 1961 y "separó" aún más lo que ya

estaba separado de hecho a partir del 7 de octubre de 1949, fecha en

la que oficialmente se fundó la Deutsche

Demokratische Republik (DDR),

o la República Democrática Alemania (RDA) o Alemania Oriental o

Alemania comunista (Alemania se reunificaría el 3 de octubre de

1990)

La

historia contemporánea de Alemania y esa fotografía son una muestra

de lo que sucedería en casi todo los planos y en las más diversas

geografías: un enfrentamiento latente (y constante) entre dos

praxis políticas totalmente distintas que se disputaron la

supremacía mundial en

todos

los escenarios posibles y apelando a todas las estrategias conocidas,

excepto una: el enfrentamiento bélico directo. Hiroshima y Nagasaki

habían dado comienzo a una nueva era y en tanto y en cuanto los

soviéticos no tardaron casi nada en igualar el poderío atómico de

sus adversarios, la delgada línea del "face

to face"

no se cruzó casi nunca. Sin embargo sobran los ejemplos de

enfrentamientos reales que contaron con el apoyo de uno u otro

(Budapest 1956, Praga 1958, la Guerra de Corea, Cuba, la Guerra de

Vietnam, Chile 1973, Nicaragua, Granada, Irán, Afganistán y una

extensa lista de etcéteras).

Quien

primero, real y metafóricamente, describió el fenómeno que se

avecinaba fue Winston

Churchill,

en un conocido discurso que pronunció en Fulton, Missouri, el 5 de

marzo de 1946, poco tiempo después de haber dejado de ser Primer

Ministro británico: "Un

telón de acero ha caído sobre el continente europeo, desde Stettin,

en el Báltico, a Trieste en el Adriático. Al otro lado de esta

línea se encuentran todas las capitales de los antiguos estados de

Europa Central y Oriental... Esas famosas ciudades y todas las

poblaciones circundantes... están sometidas de uno u otro modo no

sólo a la influencia soviética sino a un altísimo y creciente

control por parte de Moscú".

El

libro de John

Lewis Gaddis,

un prolífico experto en la materia que además es profesor en la

Universidad de Yale, se ocupa de analizar las causas y las formas que

adoptó ese mundo bipolar: el capitalismo, Occidente, Estados Unidos

y las democracias liberales por un lado, y el comunismo, el Bloque

Oriental, la Unión Soviética, las democracias de partido único,

las Democracias Populares Europeas o la "dictadura del proletariado

por el otro". Lúcido y bien documentado, retrocede hasta los

inicios mismos del conflicto -la finalización de la Segunda Guerra

Mundial-, y parte de una premisa que más que una hipótesis se

transformó en un axioma: el convencimiento de que la Guerra Fría

era efectivamente inevitable porque quienes derrotaron a la Alemania

hitleriana (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión

Soviética) ya estaban en guerra entre sí de muchas maneras.

Argumenta puntual y textualmente:

"...la

guerra fue ganada por una coalición cuyos principales miembros ya

estaba en guerra, ideológica y geopolíticamente, si no

militarmente. Cualesquiera que fueran los triunfos de la Gran Alianza

en la primavera de 1945, su éxito dependió en todo momento de la

persecución de objetivos compatibles por parte de sistemas

incompatibles. La tragedia era ésta:

(Nota: aquí Gaddis

parafrasea al título de uno de los tomos de las memorias de

Churchill:

"¿Triunfo o tragedia")

la victoria exigía a los triunfadores o bien dejar de ser quienes

eran o bien renunciar a buena parte de lo que esperaban obtener tras

esta guerra".

El

libro recorre el período de manera clara y precisa (de hecho bien se

puede calificar a La

guerra fría

de "manual" y el adjetivo en ningún caso adquiere connotaciones

peyorativas) y trae a la memoria nombres, circunstancias y

situaciones que pertenecen a la historia pero que son, todavía,

demasiado contemporáneas: Potsdam, Yalta, Stalin,

Harry

Truman,

Churchill,

Fidel

Castro,

Konrad

Adenauer,

Ho

Chi Minh,

Mao,

el Plan Marshall, la OTAN, el Pacto de Varsovia, la COMECOM, el

mariscal Tito,

Dwight

Eisenhower,

Nikita

Jrushchov, Robert McNamara,

Gamal

Abdel Nasser,

John

F. Kennedy,

Walter

Ulbrich,

Chiang

Kai Chek,

Henry

Kissinger,

Richard

Nixon,

el caso Watergate, Leonidas

Brezhnev,

Ronald

Reagan,

Lech

Walesa,

Deng

Xiapoping,

Mijail

Gorbachov,

glásnot, perestroika, Erich

Honecker,

Alexander

Dubcek,

Václav

Habel,

entre otros.



El

texto ofrece una gran cantidad de datos, interpretaciones y análisis.

Es particularmente interesante la secuencia que describe la caída

del Muro de Berlín. La cronología y su exégesis sugieren que son

muchas las situaciones que son impredecibles (aún en un contexto en

el que el socialismo soviético admitía revisiones y cuando soplaban

vientos de cambio en distintos países de Europa Oriental) incluso en

sus maneras y sus formas: el Muro dejó de tener importancia de

manera poco más que casual, a pesar de las presiones y las protestas

que se sucedían en muchas ciudades situadas bajo la esfera de

influencia soviética.

Gaddis

recuerda que en medio de una Europa que cambiaba y luego de que

Gorbachov

(presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de

1989 a 1991) planteara -y llevara a cabo- su idea de perestroika

y en vísperas del cuadragésimo aniversario de la creación de la

RDA, Erich

Honecker,

jefe del Estado, advirtió, a comienzos de 1989 que cada vez eran más

los ciudadanos de Alemania Oriental que en verano viajaban a Hungría;

Hungría había eliminado su frontera con Austria al sólo efecto de

facilitarle las cosas a sus propios ciudadanos. Pero los alemanes del

Este se enteraron y comenzaron a atravesar la ex Checoslovaquia y las

propias tierras magiares "en

sus diminutos y contaminantes Trabants para cruzar la frontera a pie,

abandonando en ella a sus vehículos".

Muchos iban directamente a la embajada de Alemania Occidental en

Budapest para pedir asilo político: en octubre de 1989 había más

de 130 mil alemanes orientales en Hungría y desde Budapest dejaron

claro que no harían nada por impedir la emigración debido a

"razones

humanitarias".

Honecker,

el último presidente de la RDA, protestó duramente. Y Erich

Mielke,

ministro de Seguridad y de Inteligencia (que incluía a la Stasi, la

temible policía secreta de Alemania Oriental) acusó a Hungría de

"traicionar

el socialismo".



Muchos

alemanes del Este, incluso, habían ingresado por la fuerza a la

embajada de Alemania Federal en Praga. El 7 de octubre de 1989,

cuando se realizaban los festejos oficiales por un nuevo aniversario

de la RDA, Gorvachov

fue aclamado en medio de Berlín Oriental, ante "el

horror de sus anfitriones".

Gaddis

recuerda

que en el mismo palco y al lado de Honecker,

el general Wojciech

Jaruzelski (presidente

de Polonia y antecesor de Lech

Walesa

en el cargo) le preguntó a Gorbachov

si

entendía alemán; cuando el ruso respondió "un poco", el polaco

fue tajante: "Este

es el fin",

dijo. Para evitar la tensión que existía en Berlín Oriental luego

de la partida de

Gorbachov,

se anunció -de manera apresurada y con un decreto aún más

apresurado- a los berlineses que podían salir "por

cualquiera de los puntos fronterizos",

disposición que así redactada incluía a los puestos fronterizos

con Berlín Occidental. En un instante circuló le versión de que el

muro estaba abierto. No lo estaba, pero las multitudes ya estaban

frente a él, imposibles de controlar. "Los

guardias del puesto de control de Bornhoser Strasse se decidieron

finalmente a abrir las puertas y los extasiados berlineses orientales

inundaron Berlín occidental. En poco tiempo alemanes de uno y otro

lado se subían al muro, se sentaban en él y hasta bailaban; muchos

llevaban martillos y cinceles para empezar a derribarlo. Gorbachov

dormía en Moscú mientras tenían lugar estos acontecimientos, sin

enterarse de nada hasta la mañana siguiente. Se limitó a comunicar

a las autoridades de Alemania Oriental: "Han tomado la decisión

correcta".

El

mundo bipolar que Gaddis

recorre y explica con precisión no existe más. Incluso muchas de

sus geografías particulares son actualmente viejas denominaciones

cartográficas en desuso. En el caso de Europa, el mapa actual es

muchísimo más parecido al que se dibujó luego de la Primea Guerra

Mundial que al que existió entre 1945 y la década final del Siglo

XX: los años de la Guerra Fría.

  • La

    Guerra Fría.

    John

    Lewis Gaddis

    (RBA Libros, Barcelona, España, 2008. El original en inglés se

    editó en 2005)

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