El ataque de dos perros que terminó con cuatro cirugías y una indemnización millonaria | ANBariloche
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Responsabilidades

El ataque de dos perros que terminó con cuatro cirugías y una indemnización millonaria

La mujer fue mordida en una pierna y sufrió lesiones que alcanzaron piel, tejidos y ligamentos. Necesitó varias intervenciones quirúrgicas, un injerto de piel y tratamiento psicológico. El fallo consideró acreditado que los animales pertenecían a la demandada a partir de testimonios e indicios, pese a que nadie había visto el momento exacto del ataque.
01/09/2026 18:06 Hs.
El ataque fue acreditado a traves de los testigos que no vieron el ataque. Foto ILUSTRATIVA
El ataque fue acreditado a traves de los testigos que no vieron el ataque. Foto ILUSTRATIVA

Una caminata por una calle de Bariloche terminó para una mujer en una extensa recuperación médica y psicológica. Dos perros salieron de una propiedad sobre la avenida Tres Lagos y se abalanzaron sobre ella. Uno la hizo caer y la mordió en la pierna izquierda con tal gravedad que debió atravesar cuatro cirugías, incluida una intervención para realizarle un autoinjerto de piel.

Ahora, un fallo de la Justicia Civil de Río Negro responsabilizó por las consecuencias del ataque a la mujer a la que se atribuyó la propiedad de los animales y estableció una reparación de $20.818.991. La sentencia de primera instancia todavía no está firme y puede ser apelada.

El episodio ocurrió sobre la avenida Tres Lagos, a la altura del kilómetro 15,355. Según relató la víctima en la demanda, caminaba por el sector cuando dos perros salieron de una propiedad. Uno era más alto y llevaba un collar verde gastado, mientras que el otro era más bajo y robusto.

Fue este último el que la atacó. Primero le tiró del pantalón y le trabó el paso hasta hacerla caer. Una vez en el suelo, el animal la mordió en la parte posterior de la pierna izquierda y no la soltó. La lesión comprometió la piel, los tejidos y los ligamentos.

Una persona que circulaba por el lugar intervino para ayudarla y, poco después, uno de sus hijos la trasladó a la guardia del Sanatorio San Carlos. La gravedad de la herida hizo necesaria una primera cirugía pocas horas después del ataque y otras intervenciones posteriores.

Aproximadamente dos meses después recibió un autoinjerto de piel y durante varias semanas debió continuar con curaciones y tratamientos médicos.

El impacto tampoco quedó limitado a las lesiones físicas. La mujer recibió asistencia psicológica por estrés postraumático y durante alrededor de dos meses y medio no pudo desarrollar con normalidad su actividad profesional.

La discusión por los perros

El ataque derivó además en actuaciones de la Fiscalía y del área de Zoonosis de la Municipalidad de Bariloche. Tiempo después, la víctima inició una demanda por daños y perjuicios contra la mujer a la que señalaba como propietaria o responsable del cuidado de los animales.

La demandada negó cualquier responsabilidad. Afirmó que los perros no eran suyos y sostuvo que no tenía animales en su domicilio. También planteó que en el sector había otros perros negros que podían coincidir con la descripción realizada por la víctima.

Como antecedente de su defensa, señaló que había sido sobreseída en el Tribunal de Faltas municipal, donde no se había podido determinar con certeza quién era el propietario de los animales involucrados.

Ese punto fue central durante el juicio. Nadie había presenciado directamente el momento de la mordedura y tampoco existía una prueba que permitiera identificar de manera directa al perro que había provocado las lesiones.

Sin embargo, los testimonios de vecinos permitieron al juez reconstruir la situación que se registraba habitualmente en ese sector.

Una de las testigos declaró que conocía desde hacía aproximadamente cinco años a dos perros negros que permanecían en el lugar y que solían salir a la calle desde esa propiedad. También señaló que uno de ellos tenía un comportamiento más agresivo y que no había otros perros negros sueltos en la misma cuadra que pudieran generar una confusión.

Otro vecino relató que había tenido distintos episodios con dos perros negros que salían de esa vivienda y mostraban una actitud de ataque. Un tercer testimonio coincidió en otro aspecto: incluso cuando el portón permanecía cerrado, los animales podían salir por los costados.

El juez consideró que las declaraciones coincidían entre sí y encontraban respaldo en otras pruebas incorporadas al expediente. También tuvo en cuenta que la demandada había asegurado que no tenía perros al momento del ataque, mientras que otros elementos del proceso indicaban que sí había animales en el domicilio.

A esto se sumó que dos perros fueron registrados pocos días después del episodio. Si bien el tribunal aclaró que no podía establecerse que fueran exactamente los mismos animales que habían protagonizado el ataque, consideró ese dato como otro elemento dentro del conjunto de indicios analizados.

Una responsabilidad establecida por indicios

El fallo reconoció expresamente que no existía una prueba directa que demostrara que uno de los perros de la demandada había sido el responsable de la mordedura.

Sin embargo, el juez entendió que esa ausencia no impedía establecer la responsabilidad. Los testimonios y las demás pruebas reunidas conformaron, según la sentencia, una serie de indicios “precisos y concordantes” que permitieron considerar acreditado que los animales que atacaron a la mujer pertenecían a la demandada.

La decisión también se apoyó en el régimen de responsabilidad objetiva previsto por el Código Civil y Comercial para los daños provocados por animales. Bajo este sistema, una vez acreditado el daño y su relación con el animal, la responsabilidad no depende de demostrar que el propietario actuó con culpa.

A partir de esa conclusión, el tribunal fijó una indemnización de $20.818.991.

De ese monto, $10 millones corresponden al daño moral, contemplando el impacto que el ataque y el extenso proceso de recuperación tuvieron sobre la vida cotidiana, familiar, social y laboral de la víctima.

La sentencia corresponde a primera instancia, por lo que todavía puede ser apelada y no se encuentra firme.