Aunque la nieve siga presente, ya es momento de empezar a soñar con el jardín de primavera | ANBariloche
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AGOSTO MES DE PLANTAR

Aunque la nieve siga presente, ya es momento de empezar a soñar con el jardín de primavera

Con los días lentamente más largos y el invierno entrando en su tramo final, agosto es un buen momento para comenzar a preparar el jardín en Bariloche. Airear la tierra, mejorar el suelo, revisar el drenaje y planificar la plantación de bulbos permite adelantarse a la primavera y lograr las primeras floraciones apenas empiece a retirarse el frío.
08/08/2026 11:35 Hs.
Imágenes cortesía del vivero Manos a la Tierra
Imágenes cortesía del vivero Manos a la Tierra

Puede parecer temprano. Todavía hay heladas, quedan jornadas de nieve y muchas mañanas amanecen con el suelo completamente congelado. Sin embargo, para quienes disfrutan del jardín, agosto es uno de esos meses en los que conviene empezar a mirar un poco más allá del invierno.

No necesariamente para plantar todo de inmediato, sino para comenzar a preparar la tierra, ordenar los canteros, revisar qué sobrevivió a los meses fríos y pensar qué queremos ver florecer en las próximas semanas.

En Bariloche, además, el frío no siempre es un enemigo. Para muchas especies de bulbo es justamente parte del proceso que necesitan para desarrollarse y florecer con fuerza.

Primero, mirar la tierra

Antes de pensar en flores, conviene empezar por abajo.

Después de meses de lluvia, nieve, heladas y deshielos, la tierra puede quedar apelmazada y con poca aireación. Por eso, cuando el suelo ya no está congelado ni excesivamente mojado, se puede comenzar a remover suavemente la capa superficial.

No hace falta dar vuelta todo el terreno. En muchos casos alcanza con aflojar entre 15 y 20 centímetros, retirar piedras grandes, raíces secas y restos acumulados, y dejar que vuelva a entrar aire.

Un punto especialmente importante en Bariloche es el drenaje.

Los bulbos soportan muy bien las bajas temperaturas, pero bastante peor el exceso permanente de humedad. Una tierra que permanece encharcada puede terminar pudriéndolos antes de que lleguen a brotar.

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El tip más simple: mirar qué pasa después de una lluvia

Si el agua desaparece relativamente rápido, probablemente el suelo drena bien.

Si al día siguiente todavía quedan sectores con agua acumulada o barro muy pesado, conviene mejorar ese lugar antes de plantar.

En terrenos muy compactos puede incorporarse materia orgánica y acondicionadores que ayuden a que el suelo tenga una estructura más suelta. También puede ser útil elevar ligeramente los canteros en aquellos sectores donde el agua tiende a acumularse.

Compost sí, pero sin exagerar

Una buena incorporación de compost maduro ayuda muchísimo.

Aporta materia orgánica, mejora la estructura del suelo y favorece la retención de humedad sin convertir la tierra en una masa compacta.

Lo ideal es distribuir una capa de algunos centímetros y mezclarla suavemente con la tierra existente.

También pueden utilizarse humus de lombriz o abonos orgánicos bien estabilizados.

Hay una regla importante: más fertilizante no significa más flores.

Los bulbos ya guardan dentro de sí buena parte de las reservas que necesitan para producir su primera floración. Una fertilización excesiva, especialmente con productos ricos en nitrógeno, puede estimular mucho follaje y no necesariamente más flores.

Por eso, al momento de plantar, suele ser más importante lograr una tierra fértil, aireada y con buen drenaje que cargarla de fertilizantes.

¿Y el estiércol?

Puede utilizarse, pero debe estar muy bien compostado.

El estiércol fresco no debería colocarse en contacto con los bulbos porque puede dañarlos y generar problemas de pudrición.

Si se quiere incorporar, lo mejor es hacerlo previamente y mezclado con el suelo, nunca colocando el bulbo directamente sobre una capa de estiércol fresco.

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El gran truco de los bulbos: saber cómo colocarlos

Aunque cada especie tiene sus particularidades, hay una regla muy sencilla.

La mayoría se planta con la parte puntiaguda hacia arriba y la zona más achatada, de donde saldrán las raíces, hacia abajo.

La profundidad depende del tamaño y de la especie. Como referencia general, muchos bulbos se plantan aproximadamente a una profundidad equivalente a dos o tres veces su altura.

Y hay otra recomendación que cambia mucho el resultado visual: evitar plantarlos como soldados, perfectamente alineados.

Las flores suelen verse mucho más naturales cuando aparecen agrupadas en pequeños conjuntos o manchones.

Tres, cinco, siete o más bulbos juntos pueden generar en primavera un efecto muchísimo más atractivo que la misma cantidad distribuida de manera aislada.

¿Hay que regarlos?

Si la tierra está naturalmente húmeda por las precipitaciones de invierno, probablemente necesiten muy poca agua adicional.

Después de plantar se puede realizar un riego moderado para que la tierra se asiente alrededor del bulbo, pero luego lo fundamental es evitar el encharcamiento.

En esta época del año, en Bariloche, el exceso de agua suele representar un riesgo mayor que la falta de riego.

Cuando llegue la primavera y aumenten las temperaturas, habrá que observar nuevamente la humedad del suelo.

Las primeras flores que anuncian que el invierno se termina

Y acá aparece una de las partes más lindas de planificar el jardín: elegir qué queremos ver primero.

Hay especies especialmente adaptadas a climas fríos que comienzan a aparecer cuando todavía quedan rastros del invierno.

Entre ellas están los crocus, pequeños y muy tempranos, que pueden asomar incluso entre restos de nieve.

También las campanillas de invierno, o Galanthus, delicadas flores blancas capaces de florecer con temperaturas muy bajas.

Los narcisos son otro clásico. Resistentes, fáciles de mantener y capaces de regresar año tras año, aportan amarillos y blancos cuando el resto del jardín todavía está despertando.

Después llegan los grandes protagonistas de la primavera

Un poco más adelante aparecen algunas de las especies que más transforman los jardines.

Hablar de primavera en Bariloche es hablar, inevitablemente, de tulipanes.

Sus posibilidades de color son enormes y funcionan especialmente bien plantados en grupos, combinados con otras bulbosas más bajas.

Los jacintos, además de sus colores intensos, suman algo especial: perfume. Por eso pueden resultar muy atractivos cerca de entradas, ventanas, galerías o sectores donde se pasa tiempo.

Los muscaris, con sus pequeñas espigas azules o violetas, son excelentes compañeros. Se multiplican con facilidad y, con el paso de los años, pueden formar grandes manchas de color.

¿Qué pasa si no plantamos los bulbos en otoño?

La época tradicional para plantar muchas bulbosas de primavera es el otoño, porque necesitan pasar un período de frío antes de brotar.

Pero en una ciudad como Bariloche, donde el invierno es largo, todavía puede haber margen para algunas plantaciones tardías, especialmente si los bulbos fueron correctamente conservados y el suelo permite trabajarlos.

La floración podría retrasarse o ser algo menos abundante que la de aquellos plantados en el momento ideal, pero no necesariamente significa que haya que descartarlos.

Lo importante es no plantar cuando la tierra está congelada o completamente saturada de agua.

No cortar las hojas apenas termina la flor

Este es uno de los errores más habituales.

Cuando tulipanes, narcisos, jacintos y otras bulbosas terminan de florecer, muchas personas cortan inmediatamente todas sus hojas para ordenar el cantero.

Conviene esperar.

Mientras las hojas continúan verdes, la planta sigue realizando fotosíntesis y acumulando energía nuevamente dentro del bulbo. Esa reserva será la que utilizará para la floración siguiente.

La recomendación es dejar que el follaje amarillee y se seque naturalmente antes de retirarlo.

La flor marchita sí puede cortarse para evitar que la planta destine energía innecesariamente a producir semillas.

También es tiempo de observar, limpiar y planificar

Agosto no obliga a hacer todo de golpe.

Es un excelente mes para recorrer el jardín y observar.

Retirar ramas quebradas, limpiar hojas acumuladas en exceso, revisar tutores, ordenar bordes y detectar qué zonas reciben más sol puede ayudar a decidir dónde colocar cada especie.

También es momento de mirar los árboles y arbustos.

En algunas especies caducas, el final del invierno permite realizar podas de formación o retirar ramas dañadas. Pero no todas las plantas deben podarse en esta época: aquellas que forman sus flores sobre ramas del año anterior podrían perder buena parte de la floración si se cortan ahora.

Por eso, antes de una poda importante, siempre conviene identificar la especie.

Un jardín que empieza mucho antes de la primavera

En Bariloche estamos acostumbrados a que el invierno se tome su tiempo. Puede nevar en agosto, septiembre y, algunos años, bastante más adelante.

Pero debajo de esa tierra aparentemente quieta ya empieza a desarrollarse buena parte del jardín que veremos durante la primavera.

Preparar el suelo, mejorar el drenaje, incorporar materia orgánica y elegir correctamente los primeros bulbos permite adelantarse unas semanas y acompañar ese cambio de estación.

Porque muchas veces la primavera del jardín empieza bastante antes de que el calendario diga que llegó.

Gracias al Vivero: https://www.instagram.com/manosalatierrahuerta/  por las imagenes de esta nota.

 

 

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