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Mis ideas

Un relato de ficción literaria de Daniel Ruiz para leer antes de cerrar el fin de semana.
04/01/2026 20:08 Hs.

Desde que soy joven descubrí como mis ideas caminan por las paredes, incluso algunas hasta se cuelgan de la lámpara del techo y me observan, jamás logre hablar con ellas, pero las distinguiría perfectamente aunque no las viera, aunque estuviesen intentando esconderse de mí, ellas sabrían que yo siempre las reconocería.

No recuerdo cuando me di cuenta que eran ideas las que estaban en las paredes de mi cuarto, apiladas, unas sobre otras, yo solo sentía cuando nacían, se desprendían de mí y se agrupaban en un sector de la habitación, algunas sencillamente se mantenían aisladas un buen tiempo, hasta que tomaban coraje y se unían a un grupo.

Nunca logre ver ideas de alguien más, eso no sería lógico, la gente no anda viendo las ideas de los demás, por eso sé que nadie puede ver las mías y eso está bien, ya que es lo esperado.

Quizás, algún día hable de ellas con Belén, y si ella quiere, podre saber cómo son sus ideas. Las mías tienen formas bien definidas, y eso habla de su esencia, la cual solo yo conozco. Ellas saben que son mías y yo de ellas, y así hemos vivido siempre, nos entendemos a pesar que nunca me hablan, solo me observan. Sus estructuradas generan un atractivo especial para mí. Solo una vez creí haberlas sentido conversar entre ellas, pero no lo sé, no podría asegurarlo.

Hace tiempo que Belén desea venir a tomar el té a casa, ah insistido en que quiere verme y conversar un poco. Trataré que este ordenado cuando lo haga. En el cuarto, en la cocina y el comedor ya no hay espacio para estar, los libros lo han ocupado todo. Al principio los ubicaba en la biblioteca de madera de mi abuela Isabel, pero pronto ya no hubo más espacio y fue entonces que los comencé a colocar en pilas en el suelo, luego sobre las sillas de la casa, sobre la mesa del comedor y la mesada de la cocina, hasta que finalmente ocuparon toda la casa. Solo en mi habitación queda un pequeño espacio sobre un sector de la cama. El baño también ha sido ocupado por los libros.

La mesa que tengo contra la ventana de la habitación está repleta de libros, papeles y mi máquina de escribir que cada tanto utilizo, intentare que quede ordenada y así poder apoyar las tazas de té y las masitas secas que Belén seguro traerá para compartir. Pero no puedo prometer nada. Y si esto no es posible, nos sentaremos en la cama.

No sé de qué querrá hablar ahora Belén, la última vez me hablo de autores modernos, de nuevos textos y de lo que se está escribiendo últimamente en Bs As, pero siempre vuelve y menciona autores clásicos, tiene una obsesión por ellos.

Hace tiempo que compro libros de autores no reconocidos, con portadas raras, con títulos raros. Anoche al azar, comencé a leer uno de ellos, tome el que se encontraba sobre una pila que había en el baño. Hace años, tengo la manía de que cuando comienzo a leer un nuevo libro, en principio tomo una página al azar y leo unos cuantos párrafos, veo que me pasa con eso, y si me atrapa, sigo leyendo. Pero esta vez, lo que me sucedió fue terrible, se me estrujo el estómago, se me cerró la garganta y se me oprimió el pecho. No era posible, no podía estar sucediendo esto, mi indignación era total.

De inmediato fui al inicio del texto, todas y cada una de las palabras eran conocidas, todo absolutamente todo estaba escrito con mis ideas, estaban ahí y sentía que ahora era yo el que las observaba a ellas muy triunfantes impresas en papel. Leí el primer capítulo completo y era una copia textual de mis ideas, sabía perfectamente el final de la historia, los personajes, sus movimientos, sus vidas enteras, todo era una copia de mis ideas. Alguien debió haberlas visto y decidió robarlas. ¿Pero cómo que pudo ser posible esto?

Como es factible que alguien haya podido ingresar a mi habitación, robar mis ideas, utilizarlas y con eso escribir un libro. Yo no suelo salir de mi habitación, y cuando salgo me aseguro de cerrar bien la puerta. Por eso sé, que ellas jamás han salido de aquí.  

No podía estar sucediendo esto, mis ideas nunca han bajado siquiera las escaleras que dan al comedor de la casa, no conocen el parque, ni la calle, y por ende nadie las ha visto jamás.

Sentí como la presión en el pecho aumentaba, una sudoración fría comenzó a invadir todo mi cuerpo, no podía respirar, moría. Sentí como me moría y respire, comencé a respirar profundo, muy despacio y a tratar de entender. Y no había explicación, solo sé que alguien ingresó a mí habitación, robó mis ideas y escribió un libro con ellas.

Así que tomé coraje, mire en la tapa del libro, y vi el nombre del autor con sus iniciales J. B.

La presión se volvió a apoderar de mi pecho.

Salí de la habitación, cerré bien la puerta mirando fijamente a mis ideas, me sentía tan decepcionada de ellas, tan molesta y un sentimiento de ira comenzó a ganar espacio. ¿Cómo fue que ellas pudieron ser parte de esto? Me repetía constantemente. ¿Cómo fue que se prestaron a semejante traición?  

Bajé las escaleras esquivando la interminable pila de libros que la invadían, sabía que había un teléfono que siempre tengo con el cable desconectado, Lo busque desesperadamente y Lo encontré en un rincón, conecté el cable y esperé el tono para llamar, nunca sucedió. Debo confesar que sentí alivio. ¿Qué le explicaría a Belén? ¿Cómo le diría lo que estaba pasando?, si ella nunca ha visto a mis ideas. No lo entendería.

Subí las escaleras desconsolada, abrí la puerta y ahí estaban todas apiñadas observándome, mientras yo ingresaba y veía en ellas una risa perturbadora, no hay dudas, debieron ser cómplices. Tome el libro y las escuche murmurar, me miraban y seguían murmurando sobre mí, sabían perfectamente lo que pasaba, era claro que habían sido participes de todo y ahora yo las había descubierto.

Sentí el deseo de no volver a verlas nunca más, de que no hubiesen existido, de que no existan y no soporte más tanta traición; no pude contener el un impulso actuó por mí. Encendí la habitación, lo quemé todo, me asegure que se quedaran ahí, sin poder salir, bien encerradas. Jamás nadie volvería a ver mis ideas y mucho menos utilizarlas.

Bajé las escaleras con dificultad, mientras un humo negro y espeso ya se deslizaba por la casa, rápidamente el fuego se apoderó de todo. Desde la vereda vi como miles de libros ardían haciendo volar la tinta de sus páginas por el aire entremezcladas con el fuego que salía por las ventanas de la casa. Sentada en el cordón de la vereda vi llegar a los bomberos, cuando apagaron por completo el incendio, ya no había nada más por dentro, ni libros, ni ideas, ni nada.

Un bombero se acercó a mí, me pregunto si yo era la dueña de la casa .Necesitaba unos datos; busque en mi bolso de mano y le ofrecí mí identificación, la miró con asombro y mientras anotaba en su planilla, me pregunto  

- ¿Usted es Jana Boris, la escritora?

Mientras sus manos me cubrían con una manta.

Fin.