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Murió Luis Bravo, un ícono entrañable de la cultura barilochense

Músico, cantor, gestor cultural y creador de espacios que marcaron generaciones, Luis René “Lucho” Bravo falleció este martes a los 64 años. Nacido y criado en los barrios populares de Bariloche, dejó una huella imborrable en la música, en la cultura local y, sobre todo, en el corazón de quienes lo conocieron.
30/12/2025 16:17 Hs.
Su voz, inconfundible, marcó generaciones. Su calidez humana fue marca registrada. Foto gentileza.
Su voz, inconfundible, marcó generaciones. Su calidez humana fue marca registrada. Foto gentileza.

La noticia de su fallecimiento sacudió profundamente a la comunidad de San Carlos de Bariloche. Desde las primeras horas, las redes sociales se poblaron de mensajes de despedida, agradecimiento y dolor. La tristeza se hizo colectiva. No era solo un músico el que se iba: era un referente, un amigo, un abrazo siempre dispuesto, una voz que supo cantar con el corazón abierto.

“Con el Lucho querido se va la última gran síntesis de la bohemia popular de Bariloche. Un talento singular, tan mordaz como cálido, tan alegre como emotivo. El muchachito de la película pero, al mismo tiempo, el antihéroe rebelde y antiegemónico. Tal vez por eso se reencarne para atrás para convertirse en un as de la máquina millonaria, un Dante y Torcuato Emiliozzi (los dos) del TC, tan argentino. Amaba las carreras de la Manzana tanto como amó la radio, los discos, la noche y su gente. Y allí estará compartiendo un trago exclusivo y clandestino o subiendo la apuesta del Polaco para cantar Tinta Roja un tono más arriba. Más hondo aún, más profundo, porque nada lo achicaba. Ni las canciones en mapuzungun ni las de Frank Sinatra. Extraños en la noche sonaba creíble en su inglés del Nahuel Hue”, sintetizó en diálogo con ANB el periodista Rodolfo "Pancho" García, con sensibilidad y mirada histórica sobre la dimensión cultural de Luis Bravo. 

Luis René Bravo Juracich —“Lucho” para muchos— era barilochense de nacimiento y de identidad. De los barrios populares, de la cultura construida desde abajo, de la música como refugio y como bandera. Tenía 64 años y una vida entera dedicada al arte y a los otros.

Luis Bravo, una vida dedicada a la cultura. Foto gentileza 

Su camino musical comenzó temprano. En 1982, con apenas 21 años, debutó en la Biblioteca Sarmiento junto a Carlos Ávalos. Poco después inició su recorrido profesional en escenarios locales con el grupo Músicos del Sur. Integró formaciones como Pan Duro y BVZ, y fue fundador de Salsa del Tomate, banda que (con distintas formaciones) se mantuvo activa durante tres décadas. También formó parte de Remember Ozono y, durante ocho años, fue baterista y cantante de De Los Años, grupo dedicado al jazz y a la música de los años 60, con el que recorrió escenarios de toda la región.

Más adelante, Lucho abrazó su faceta solista como cantor de tango. Grabó dos discos —Clandestango y Tangos Clandestinos— con la participación de músicos de renombre como Juan Taglialegna, Rubén Hidalgo y Hernán Hidalgo. Su voz lo llevó a escenarios nacionales e internacionales: participó del Festival de Crespo, en Entre Ríos, junto a Hernán Lugano, y del Festival Internacional de Tango, donde compartió escenario con el Sexteto Mayor.

Fue parte de casi todas las fiestas populares de la región: la Fiesta Nacional de la Nieve, la Fiesta del Montañés en San Martín de los Andes, la Fiesta de los Jardines en Villa La Angostura, la Fiesta del Lúpulo en El Bolsón, la Fiesta de la Fruta Fina en El Hoyo de Epuyén, la Fiesta de la Cordialidad en Comallo y la Fiesta del Acampante en Villa Traful, entre tantas otras. Compartió escenarios con artistas nacionales como Piero, Marilina Ross, Juanse, Vox Dei y Las Blacanblus.

Pero su legado no se mide solo en escenarios recorridos. Lucho fue un incansable constructor cultural. Realizó recitales homenaje para rescatar a artistas locales olvidados o reconocidos tardíamente, bajo el nombre “Padres Nuestros que Están en el Ritmo”. Fue creador y productor de cuatro ediciones del festival BariRock, y su trayectoria fue reconocida por el Senado de la Nación, que (a partir de una iniciativa de la senadora rionegrina Magdalena Odarda) declaró de interés cultural su carrera artística.

No solo defendió a la cultura, sino que le dió vida al verdadero refugio cultura: El Clandestino. Foto gentileza. 

Y si hubo un espacio que sintetizó su espíritu fue El Clandestino. El mítico bar de la esquina de Belgrano y 20 de Febrero trascendió lo comercial para convertirse en un verdadero refugio cultural: música en vivo, encuentros, risas, noches interminables y una escuela informal de humanidad. Allí, generaciones enteras encontraron un lugar para expresarse.

“Gracias por tanta música, por tanta risa, por habernos hecho pasar noches increíbles en El Clande”, escribió uno de los tantos mensajes. Otro lo resumió con poesía y ternura: “Ahora sí vas a poder volar con tu bici mágica… Gracias por haber sido un buen ser humano”.

Las despedidas hablan de su dimensión humana. “Maestro, amigo, percusionista y cantor. Gracias por tanto, por siempre brindarme un consejo, por compartir siempre con el corazón abierto”, escribió Miguel Ángel Ludueña. Nan Puelo, en un texto que emocionó a cientos, habló de una época, de la rebeldía, de las canciones con “parche duro” y del coraje de poner música cuando hacía falta valentía.

“Hasta siempre Luis. Tu historia y tu cultura permanecerán siempre en quienes te recordaremos por siempre. La cultura barilochense hoy está de luto”, escribió el locutor Fernando Inostroza, poniendo en palabras un sentimiento compartido por cientos.

El 25 de diciembre, su hija Camila había compartido un mensaje que conmovió a todos: “Mi papá está en coma farmacológico. No son buenas noticias. Te amamos”. Luis Bravo había sufrido un ACV del que no logró recuperarse. Finalmente, este martes 30 de diciembre, cerca del mediodía, se confirmó su fallecimiento.

Sus restos serán despedidos el viernes 2 de enero a partir de las 13 horas en el cementerio Parque Valle del Descanso.

Se fue Lucho. Se fue un prócer de la cultura barilochense, como lo definieron muchos. Pero quedan las canciones, las risas, la generosidad intacta, la música como acto de amor y la certeza de que su legado seguirá sonando en cada rincón donde alguien se anime a cantar con el corazón abierto. (ANB)