Las raíces latinoamericanas se hicieron sentir en el segundo día del FIMBA | ANBariloche
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Las raíces latinoamericanas se hicieron sentir en el segundo día del FIMBA

Pascuala Ilabaca fue la estrella de la segunda jornada. Quedan tres días con increíbles artistas que completarán la agenda de una nueva edición del evento.
26/09/2025 10:47 Hs.
La cantante chilena Pascuala Ilabaca puso su sello personal en el FIMBA. Fotos: gentileza.
La cantante chilena Pascuala Ilabaca puso su sello personal en el FIMBA. Fotos: gentileza.

Pasó el segundo día del FIMBA y dejó increíbles presentaciones. Por un lado, la cantante y compositora chilena Pascuala Ilabaca junto a su banda Fauna en el Teatro La Baita y un doble programa compuesto por el Ensamble de Cuerdas del Atlántico Sur y la Filarmónica Jazz Band en el Teatro de la Usina en la Biblioteca Sarmiento.

El segundo día de este festival, que reúne ritmos, artistas y géneros muy diversos, se vivió como una maravillosa celebración de la música de raíz de la América más profunda, de sus latitudes más australes a su Norte más lejano.

En el caso de Pascuala Ilabaca, la artista eligió como punto de partida la bellísima cueca Por qué se fue la paloma, para enseguida impregnar la sala con los sonidos del altiplano que enmarcan El Baile del Kkoyaruna, y a continuación hacer escala en un norte bastante más alejado, con Son de la vida.

Respaldada por ese equipo de lujo, la cantante, reconocida como una portavoz del feminismo chileno, con una voz cautivante y de potencia inaudita, que por momentos se transforma en un instrumento más, paseó también por el soul, el jazz, la cumbia y hasta ciertos aires de ska, que le dieron marco a Te traigo flores, una de tatas canciones que a lo largo de sus presentaciones establecieron un diálogo directo entre la cantante y el público, que respondió sin reparos a la
invitación al baile.

En ese clima, Pascuala compartió las armonías de La luna llena con Julia Ortíz, de Perota Chingó; convocó la memoria de la cantante y actriz peruana Yma Sumac, reivindicó el perfil indigenista de la poetisa Gabriela Mistral a través de Canción Quechua y dejó en La Baita la inequívoca sensación de que en el balance final, sus shows serán recordado como una de las grandes revelaciones del FIMBA 2025.

Cuerdas argentinas y un delicioso cóctel jazzero

La usina cultural del Centro Cívico fue un escenario inmejorable para dos de los 11 ensambles de la Filarmónica de Río Negro. Los nueve integrantes de Cuerdas del Atlántico Sur, se presentaron con un itinerario que partió de la tierra colorada del Chango Spasiuk, con Mi pueblo, mi casa, la soledad, para causar al NOA a
bordo de un par de vidalas y comenzar un recorrido hacia el sur con un par de chacareras -con Facundo Catalán, del ensamble Trepún Trío, en bombo-, para detenerse en una preciosa versión de la zamba La serenateña.

Cuatro violines, dos violas, dos chelos y un contrabajo como estructura de carácter “académico” para una especie de relectura de músicas argentinas de raíz, donde la voz la aportan no solo los violines o los chelos, según la ocasión, sino también la memoria de haber escuchado muchas de
esas canciones una y otra vez.

El tango, que le cae como anillo al dedo al ensamble, tuvo su capítulo, como punto de inicio del regreso al litoral con una guarania, Che negrito; y El tero, un chamamé que merced a la expresividad de su interpretación alentó algún tímido sapucai entre el público.

El final llegó de la mano de dos piezas de Néstor Garnica, El gato de la negra y Chacarera del violín, y como frutilla del postre un guiño al gran Don Sixto Palavecino, que de andar por aquí sin dudas sería fan del Cuerdas del Atlántico Sur.

Pero como el FIMBA se trata en parte, de atravesar fronteras estilísticas sin visas ni trámites engorrosos, con los ecos del violín sachero aun resonando en el ambiente, la Filarmónica Jazz Band subió a escena para transitar un repertorio que convocó a compositores como Hoagy Charmicael (Stardust), Duke Ellington (Don’t Get Around Much Anymore), Dizzie Gillepie (Night in Tunisia) y una tan ocurrente como original pieza de Germán Lema, tecladista de la formación, que se lució en
cada una de las interpretaciones.