domingo 14 de abril de 2024

Navegando por la historia

El Cruce Andino: de expedición comercial a joya turística

En la actualidad, el Cruce Andino se erige como una travesía sin igual, uniendo Bariloche con Puerto Varas a través de una ruta que atraviesa algunos de los paisajes más impresionantes de la Patagonia.

sábado 09 de marzo de 2024
 El Cruce Andino: de expedición comercial a joya turística
Comenzó como un sueño de pioneros y hoy, es un testimonio de admiración y respeto por uno de los rincones más espectaculares del planeta. Foto: Turisur.
Comenzó como un sueño de pioneros y hoy, es un testimonio de admiración y respeto por uno de los rincones más espectaculares del planeta. Foto: Turisur.

En las tierras donde el viento dialoga con los árboles y las montañas susurran antiguas leyendas al oído de los lagos, se traza una ruta legendaria que une dos naciones a través de un viaje tan mágico como real. Este es el relato de la excursión lacustre conocida como el "Cruce Andino", una travesía que se inscribe no solo en los mapas, sino en el corazón de quienes se aventuran a descubrirla. Desde Bariloche, en la Argentina, hasta Puerto Varas, en Chile, este viaje trasciende fronteras, uniendo culturas y paisajes de ensueños.

En el umbral del siglo XX, cuando la Patagonia era aún una tierra de misterios y promesas, nació una ruta que, más allá de unir dos naciones, tejería una trama de esfuerzos humanos, visiones pioneras y el eterno deseo de preservar la belleza natural.

A finales del siglo XIX, la empresa Chile-Argentina, fundada por Carlos Wiederhold, dio los primeros pasos para abrir una ruta que conectaría Puerto Varas, en Chile, con la incipiente comunidad de San Carlos de Bariloche, en Argentina.

Atravesando los espejos de agua de los lagos Llanquihue, Todos los Santos, Frías y Nahuel Huapi, esta ruta no solo servía para el traslado de mercancías, como la lana de oveja producida en las estancias patagónicas hacia los mercados europeos vía Puerto Montt, sino que también marcaba el inicio de un vínculo profundo entre dos regiones separadas por la majestuosa cordillera de los Andes.

En el umbral del siglo XX, cuando la Patagonia era aún una tierra de misterios y promesas, nació esta icónica ruta. Foto: gentileza.

El cambio de siglo trajo consigo eventos que alterarían el destino de esta ruta comercial. La apertura del Canal de Panamá y el estallido de la Primera Guerra Mundial, sumados a la recesión en Estados Unidos, minaron la viabilidad del negocio lanero, llevando a la quiebra de la empresa Chile-Argentina. Fue entonces cuando un visionario pionero suizo, Ricardo Roth, vislumbró un futuro diferente para esta travesía.

Convirtiendo la adversidad en oportunidad, Roth transformó la empresa de transporte en una de turismo, apostando por el valor inestimable de la naturaleza y la aventura sobre el comercio tradicional.

La historia de Roth se entrelaza con la de otro grande, el Perito Francisco Pascasio Moreno, con quien compartió el sueño de proteger el vasto y virgen paisaje patagónico. La labor de Roth en la organización logística para la comisión de límites le valió el apodo de "El Zorro", reflejo de su astucia y habilidad para navegar en los complejos escenarios de la época. Esta amistad, cimentada en la exploración y el respeto por la naturaleza, sería clave en la conservación de estos territorios.

Inspirado por Moreno y movido por su propia visión, Roth se convirtió en un ferviente promotor de la creación de áreas protegidas. Su colaboración fue fundamental en la fundación del primer parque nacional de Chile, el Vicente Pérez Rosales, marcando el inicio de una era de conservación y turismo responsable en la región. 

El "Cruce Andino" es una invitación a viajar no solo a través del espacio, sino del tiempo, descubriendo en cada vuelta del camino la riqueza de nuestro pasado. Foto: gentileza.

 

Del sueño pionero al legado turístico

La epopeya del Cruce Andino, forjada por pioneros y visionarios, continúa hoy con Turisur liderando una experiencia que combina la aventura, la cultura y la inmersión en la naturaleza de una manera única y respetuosa.

La ruta, que antaño sirvió de paso para los nativos huilliches y mapuches, y luego fue trazada por exploradores y emprendedores, se transformó en un atractivo turístico emblemático que une Argentina y Chile a través de los espectaculares paisajes patagónicos de la región de los Lagos Andinos.

La aventura inicia en Puerto Pañuelo, ubicado en la majestuosa Península de Llao Llao, desde donde los viajeros zarpan hacia una experiencia inolvidable. A bordo de las embarcaciones de Turisur, se navega el brazo más importante del lago Nahuel Huapi, ofreciendo vistas imponentes y oportunidades únicas para capturar la belleza del entorno, incluido el islote Centinela, último descanso del Perito Francisco P. Moreno, padre de los Parques Nacionales en Argentina. La promesa de sorpresas continúa con la visión de la cascada Blanca y la exuberante vegetación autóctona, antes de llegar a Puerto Blest.

 

Roth lideró el primer grupo de turistas a través de este pasaje natural, transformando una ruta comercial en un emblema del turismo ecológico y de aventura. Foto: Turisur.

Blest sirve de portal a maravillas naturales como el inusual color verde de las aguas del Río Frías, provenientes de los glaciares del cerro Tronador. Los visitantes tienen la opción de alojarse en el hotel Puerto Blest, recientemente remodelado, para sumergirse completamente en la magia del lugar, explorar la Selva Valdiviana y descubrir la Cascada de los Cántaros.

La ruta se interna luego en el bosque, llevando a los viajeros hacia Puerto Alegre, para luego navegar el lago Frías hasta llegar a Puerto Frías. Aquí, tras los trámites de migración, la aventura continúa en un micro 4X4 a través de la cordillera, revelando los paisajes incomparables de la selva valdiviana hasta alcanzar la villa ecológica de Peulla.

En el corazón del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, Peulla es un testimonio viviente de la majestuosidad de la naturaleza. Rodeada de bosques milenarios, cascadas y una rica biodiversidad, esta villa cordillerana ofrece un respiro de paz y belleza, con múltiples actividades al aire libre para disfrutar.

La última etapa del viaje lleva a los aventureros a navegar el lago de Todos los Santos hacia Petrohue. Retomando la vía terrestre, se visitan los famosos Saltos de Petrohue, un espectáculo natural de agua y roca, antes de bordear el lago Llanquihue hasta la encantadora ciudad de Puerto Varas. (ANB)

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