miércoles 18 de mayo de 2022

Villa Los Coihues, el barrio donde la identidad social se construye a diario

Se caracteriza por los emprendimientos, la calidad de sus artesanos y la belleza que lo rodea. Los vecinos intentan ser autosustentables y vivir en equilibrio con la naturaleza en la que están insertos.

domingo 26 de junio de 2016
Alrededor de 3 mil personas viven en Villa Los Coihues.
Foto: Patricia Caviglia.
Foto: Patricia Caviglia.

Cada barrio tiene su historia, su trayectoria. A veces parecen todos iguales, otras veces se remarcan las diferencias que los hacen distintos entre sí. Villa Los Coihues comenzó su camino hace varias décadas atrás. ¿Cuántas? Formalmente, tres, pero hay vecinos que viven incluso desde antes en el lugar soñado.

Como característica barilochense, en cualquiera de los barrios donde una persona vaya, encontrará rasgos naturales destacables. Las montañas, los bosques, la vista a algún espejo de agua, y quizás lo que hace tan especial a Villa Los Coihues (entre tantos otros) es justamente que reúne todos esos rasgos en un solo vecindario. Con el lago Gutiérrez de fondo, las montañas pobladas de verde y los bosques profundos donde habitan diferentes especies animales, este barrio se constituyó poco a poco con un fuerte sentido de pertenencia.

Foto: Patricia Caviglia.

Las calles que lo componen están completas de diferentes cosas: un jardín maternal, una escuela, la junta vecinal, el museo, una FM, un colectivo de artesanos, almacenes, cervecerías….y la lista sigue infinitamente. Décadas atrás, cuando comenzaba a consolidarse como barrio, la distancia era casi un flagelo. Vivir en la otra punta de la ciudad fue difícil al principio, pero tuvo sus ventajas. Hoy el barrio se caracteriza por una identidad definida, por el contacto con la naturaleza y las ideas claras de sus vecinos.

Foto: Emiliano Rodríguez.

En el edificio de la Junta Vecinal, cuna de la mayoría de los proyectos sociales del barrio, nos reciben algunos vecinos que entre mate y mate narran una historia que invita a querer ser parte. Después de recorrer el lugar y conocer la forma en que viven, quedan esas ganas de pasar un tiempo por ahí.

La sociedad tiende a etiquetar y los barrios – o vecinos – no están exentos a esta costumbre. “Es un barrio de hippies”, suele escucharse decir respecto de Villa Los Coihues y es una de las preguntas que Jorge, con más de 40 años en el barrio, no tiene problemas en responder. “Si ser hippie es tener conciencia de querer una vida mejor, entonces lo somos”, dice sin vueltas.

Foto: Emiliano Rodríguez.

Quizás esta etiqueta se relacione también con la cantidad de artesanos y productores que residen allí. Una de las ramas de la producción casera que más crecimiento tuvo fue la cervecera y actualmente hay más de 12 vecinos que fabrican la propia y la comercializan. “Muchos créditos del Banquito Popular de la Buena Fe fueron destinados para eso”, dice Valeria, integrante de la Junta Vecinal en cuyo edificio ahora, después de cinco años, volverá a funcionar el Centro de Salud del barrio.

Alrededor de 800 familias, o 3 mil personas, como prefiera vérselo, componen el barrio. “Es el más extenso en superficie de Bariloche”, dice Alejandro, otro de los vecinos que vive en el lugar desde tantos años que se convierten en un “de toda la vida”.  Según los censos realizados, la población se triplicó en los últimos diez años. “La llegada de los servicios hizo que cada vez venga más gente a vivir a este lugar”, considera Jorge.

Foto: Patricia Caviglia.

Hay algo que se nota en Villa Los Coihues y no sólo en las palabras de quienes narran su trayectoria, sino en la vida misma: es una comunidad con una identidad muy marcada, para lo que trabajaron y trabajan continuamente. “Creemos que hay otras maneras de progresar y de sacar adelante un barrio”, dice Alejandro. Ejemplo de ello, hay muchos.

En agosto de 2014 se realizó una asamblea para tratar un pedido que algunos vecinos habían realizado: instalar más luminarias en las calles. Las razones estaban relacionadas con la seguridad y la accesibilidad de los habitantes. Pero el 75 por ciento del barrio decidió que no era necesario, contrario a lo que suele suceder en otros puntos de la ciudad donde la mayoría pide este servicio. “¿Cuáles fueron los argumentos para decidir que no haya más alumbrado público?”, consultamos a los vecinos que concuerdan en responder que después de mucho debatir, llegaron a la conclusión de que más luz no iba a ser más seguridad, por el contrario, significaba mayores impuestos a pagar y la pérdida de algo esencial para un barrio que vive rodeado de naturaleza. “Hay que respetar el deseo de mirar el cielo”, expresa sin vueltas Alejandro. Algo que parece tan simple y sencillo, pero que tomó jornadas de charlas, información y discusión.

Foto: Emiliano Rodríguez.

Algo similar ocurre con el servicio de transporte público que entra al barrio por las calles periféricas. Sobre esto, hubo un pedido para cambiar los recorridos por las calles internas, pero finalmente se decidió que era mejor no concretarlo. “Queremos calles seguras, sin problemas de tránsito, donde los pibes puedan seguir jugando afuera sin miedo a ser atropellados”, remarca Jorge. Que los chicos sigan pasando su tiempo en la calle, jugando en las veredas, pateando una pelota, parece ser la premisa más importante y eso se ve traducido cuando a la tarde, después de la tarea escolar, los nenes comparten espacios y actividades al aire libre.

Foto: Patricia Caviglia.

“Hay que entender que no solo existe una manera de ver el progreso”, explica Jorge y añade: “quizás para otros el desarrollo sea más asfalto, más edificios, más luminarias, pero para nosotros es que siga habiendo sentido de pertenencia, que sigamos conociéndonos, que cuando uno necesite una mano para levantar una pared todos podamos ayudar”.

“Estoy orgulloso de las iniciativas del barrio”, expresa Jorge sin rodeos. Al consultar sobre el tema de la seguridad, que preocupa a muchos vecinos de la ciudad, la solución para ellos está en conocerse entre vecinos, “saber quiénes viven al lado es fundamental. De nada sirve más policías si no sabés que la persona que entró en la casa de en frente no es tu verdadero vecino”, dicen.

Hace pocos días la Junta Vecinal cumplió 30 años y en el boletín que emiten mensualmente reza una frase que parece definir la identidad del barrio: “No es el Estado, no es una empresa; es lo que los vecinos hagamos”. Justamente, el barrio se caracteriza por un crecimiento comunitario, proyectos sociales que fueron el sueño de un grupo de personas y consiguieron el apoyo de decenas de vecinos que prestó una mano para pegar ladrillo, para armar una mesa, o cocinar un locro que será compartido entre todos. “Tenemos mucha iniciativa barrial”, resume Valeria mientras ceba los mates que acompañan la charla.

Foto: Emiliano Rodríguez.

Los jóvenes tienen un fuerte protagonismo en el barrio. Organizan festivales, eventos, realizan sus propios proyectos que serán algún día, lo que hoy es la Biblioteca, la radio o el jardín gestionado y sustentado por los propios padres. “Ver que los chicos tienen sus propias ideas es gratificante. Es ver que las semillas que fuimos tirando estos años, tienen frutos a futuro”, finalizan los vecinos. (ANB)

 

 

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