Malvinas, el barrio en el que los vecinos cubren la ausencia del Estado | ANBariloche
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Malvinas, el barrio en el que los vecinos cubren la ausencia del Estado

Se formó como un asentamiento allá por 1980. Hoy son más de mil familias que viven en el sector. Los problemas sociales aquejan a los vecinos, que buscan soluciones a través de otros caminos. Informe de ANB.
28/01/2016 00:00 Hs.
Foto: Emiliano Rodríguez.
Foto: Emiliano Rodríguez.

Hace 80 años atrás llegaban las primeras personas a instalarse en lo que hoy se conoce como  barrio Malvinas. Fueron cuatro cuadras que se multiplicaron con el paso de los años hasta abarcar prácticamente desde el río Ñireco hasta la ruta 40. Más de 1200 familias que conviven con problemas y soluciones propias.

En el barrio funcionan tres proyectos sociales que intentan buscarle la vuelta a los conflictos sociales que suelen atravesar a los vecinos. También tiene una junta vecinal activa que fue elegida democráticamente hace dos años, una escuela primaria y un Centro de Desarrollo Infantil (CDI).

Se constituyó como un asentamiento, que tomó nuevos impulsos a partir de los ’90, cuando la falta de trabajo y oportunidades, llevaron a un gran número de familias a ocupar terrenos que estaban deshabitados. Muchos de los barrios del Alto de Bariloche no escaparon a esta realidad.

 

Los problemas que aquejan al barrio

Las más de mil familias que viven en el lugar sufren las consecuencias que padecen muchos otros sectores de la sociedad: falta de servicios, conflictos sociales y abandono del Estado.

Con el paso del tiempo algunos de los problemas vislumbraron una solución, que no fue total ni mucho menos la esperada, pero que puso paños fríos a una demanda creciente. La Cooperativa de Electricidad Bariloche instaló, años atrás, transformadores para que los vecinos tuvieran conexión de energía eléctrica.

Otro de los factores críticos lo constituyen las cloacas, que puede ser el eterno problema de Bariloche. Las cuatro primeras manzanas que fueron pobladas tienen pedida y aprobada la conexión, pero continúan a la espera de que se concrete, según explicó a ANB el presidente de la Junta Vecinal, Sergio Herrero.

En los últimos dos años el barrio recibió más de 60 luminarias, que le pusieron luz a las calles que durante años amanecieron a oscuras. Aún faltan más de 150 “para que la gente no sienta que vive en una boca de lobo”, señaló el referente vecinal. Otra de las recientes instalaciones, fue la señalización de las arterias, que también ayudó para la ubicación de las personas que no conocen el lugar. “Antes pedir un taxi o un remise tenías que decirle que haga tres cuadras, que doble en la casa amarilla y que pare donde había un perro negro”, bromeó a modo de ejemplificación Herrero.

Quizás lo que más castigue a los vecinos del barrio Malvinas – como a tantos otros miles de la ciudad – es la falta de conexión de gas. En invierno, cuando el clima golpea al sector sur de la ciudad por encontrarse más alto en cuanto al terreno, los problemas se recrudecen. El frío, las casas precarias, la leña húmeda y las garrafas que no alcanzan para abastecer a una familia – o cuando el bolsillo no alcanza para comprar las garrafas – hacen sentir con fuerza la ausencia del gas natural. Sin embargo, la solución no aparece en un horizonte cercano ya que el Gasoducto Cordillerano aún no se inaugura, y cuando lo haga, solo abastecerá 3 mil conexiones de una demanda muchísimo más amplia.

 

Soluciones propias a problemas generales

Pero los problemas no terminan en la infraestructura del barrio. Lamentablemente, los estigmas sociales, la falta de trabajo y las realidades que atraviesa cada vecino, contribuyen a que se multipliquen los conflictos.

“No queremos más pibes muertos en los barrios”, sostuvo Herrero. Las soluciones, muchas de las cuales deberían ser respuesta del Estado, las buscan los propios vecinos. No es casual que en el barrio funcionen tres organizaciones sociales que quieren darle otro rumbo al destino.

Una de ellas, la más antigua seguramente, es el comedor y capacitador Gotitas de esfuerzo. Impulsado por Iiris Miñoz en el 2000, continúa hoy dando un plato de comida diario a 40 familias, además de cursos y capacitaciones para que los vecinos puedan encontrar una salida laboral, “una forma de ganarse la vida dignamente”, expresó Miñoz. En 2007 se conformó como una asociación civil, y a fines de 2015 inauguraron su propia panadería para dar una posibilidad de trabajo a quienes hicieron los cursos de cocina. “De esta manera las mujeres podrán vender su producción en cualquier parte”, comentó la mujer. Decopuage, cocina, cartapesta, corte y confección, mandalas, son sólo algunos de los talleres que brindan.

Gotitas de esfuerzo no recibe ayuda gubernamental. Funciona en el patio de Iris Miñoz, que subdividió su terreno para darle forma a ese sueño de ayudar a los demás. Todos los días desde temprano, empiezan a trabajar para darle el almuerzo o la merienda a los nenes del barrio y de los vecindarios aledaños. “Quiero que algún día deje de ser un comedor y sea un centro capacitador únicamente”, apuntó la impulsora, haciendo referencia al anhelo de ella – y de tantos más – que quieren ver familias sin hambre.

En el lugar también funciona un albergue para mujeres víctimas de la violencia familiar “que en el barrio se sufre mucho”, señaló. Pero también es un “refugio” en invierno para los que sufren inundaciones y pierden lo poco que tienen.

“Tenemos problemas muy graves”, relató la mujer, e indicó al consumo y venta desmedida de alcohol, como el más urgente para resolver.

El barrio a veces es golpeado también por la opinión del resto de los barilochenses. “Somos un barrio como cualquier otro, con gente honesta y trabajadora, que intenta salir adelante”, remarcó Herrero. El presidente barrial comenzó hace muy pocos días con un pedido de firmas para solicitar al Estado provincial y local, la construcción de un gimnasio. “Es una salida para los chicos que muchas veces no saben qué hacer. La delincuencia y los problemas se pueden solucionar antes de que empiecen”, sentenció.

Otro de los emblemas del barrio es el merendero Los Pekes, que empezó a funcionar en el verano de 2014 como una opción para los más chicos, un lugar donde tomar la merienda y hacer la tarea, pero también donde compartir horas de juegos. Yolanda Quintriqueo tampoco esperó a que le den aportes del algún gobierno o a conseguir un lugar especial. En su pequeña casa armó, como pudo, un espacio para generar nuevos encuentros y oportunidades. Los Pekes funciona lunes, miércoles y viernes durante la tarde con una copa de leche y galletitas para los más niños. Suele ofrecer apoyo escolar, paseos y cursos. La actividad no queda ahí, sino que también cuando puede hace ferias de ropa, reúne colaboraciones y ayuda a las personas que más lo necesitan. Es la “mamá” de decenas de nenes, adolescentes y jóvenes, que entran a la casa y se sienten en un hogar.

Hace dos años llegó al barrio el Taller San José Obrero. Impulsado originalmente en el barrio El Frutillar como Alto Construcciones, llegó a Nuestras Malvinas en 2014 y se instaló en un pequeño salón ubicado atrás de la capilla. Allí, un equipo de trabajo busca algo concreto: darle a los pibes una oportunidad, demostrarles que son capaces de generar otros vínculos y construir su futuro. Fernando Fernández Herrero es uno de los referentes del taller y relató que todo comenzó con la idea de generar productividad y oferta laboral, pero en el camino se dieron cuenta que los problemas sociales, las adicciones, la delincuencia y la marginalidad en la que vivían los chicos, era el verdadero meollo de la cuestión. “Notamos que el trabajo era un eje que venía a romper con la segmentación barrial”, señaló.

La cantidad de jóvenes que asisten varía de acuerdo a las épocas, a los talleres y a las ganas de los participantes, pero en los últimos dos años pasaron más de 100 chicos que aprendieron un oficio y vieron que era posible vivir de otra manera.

“Cuando los pibes están a las 4 de la mañana en la garita, tomando cerveza y no tienen padres ni laburo, cuando la sociedad los discrimina por ser ‘negros’, por ser del Alto; no tienen perspectiva de futuro, y ahí es donde tratamos de intervenir”, resumió Fernández Herrero.

El referente del taller comentó, con una satisfacción desbordante,  que son muchos los jóvenes que después de concurrir a las capacitaciones, elige retomar la escuela, buscar un trabajo estable, y de esta manera “mostrarle a sus pares que pueden, que tienen la capacidad”. Los problemas sociales generalmente son parte de la misma sociedad que los critica. “La ciudad se contradice: por un lado están los que se preocupan por mantener la imagen perfecta para el turismo, y por otro quieren mantener la mano de obra barata que les generan las barriadas”, criticó Fernández Herrero.

Actualmente el proyecto del San José Obrero es incluir a toda la familia. “Queremos fortalecer los núcleos familiares, que son los vínculos fundamentales para los chicos”, expresó. La nueva idea consta en armar huertas que sean trabajadas por el grupo familiar, quienes luego se podrán llevar lo cosechado. A futuro, el objetivo también es armar un centro de capacitación especializado en informática. Para esto apelan a la colaboración de los vecinos que tengan elementos de computación en desuso. El objetivo es darles herramientas para que los jóvenes encuentren otras oportunidades laborales.

El presidente de la Junta Vecinal hizo hincapié en el abandono del Estado, no sólo del barrio Nuestras Malvinas, sino de tantos más que no reciben fondos y lo padecen a diario. Para revertir el estigma social que está latente en Bariloche, en el barrio armaron festejos propios para el día del niño, instalaron su pino navideño a fin de 2015 y en invierno crearon el concurso de los muñecos de nieve, iniciativas que buscaban darle entidad al barrio, y hacer que otros vecinos vayan a conocerlo “porque si no siempre somos nosotros los que tenemos que ir al centro a festejar o celebrar cualquier evento”, manifestó.

De todas maneras, los vecinos del barrio Nuestras Malvinas demuestran a diario que donde falta el Estado, las ganas de mejorar tapan las ausencias y generan soluciones propias. (ANB)

Foto: Emiliano Rodríguez.
Foto: Emiliano Rodríguez.
Foto: Emiliano Rodríguez.
Foto: Emiliano Rodríguez.
Sergio Herrero, presidente de la Junta Vecinal.
Foto: Chiwi Giambirtone.
Jóvenes del Taller San José Obrero.
Foto: Chiwi Giambirtone.