El inconfesable genocidio | ANBariloche
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El inconfesable genocidio

En 100 días, entre el 7 de abril y el 4 de julio de 1994, 800.000 hombres, mujeres y niños fueron exterminados en Ruanda. La razón esgrimida es que pertenecían a la etnia tutsi o intentaron oponerse a las matanzas. Al genocidio más rápido de la historia le siguieron dos décadas de impunidad.
12/04/2014 00:00 Hs.
El inconfesable genocidio
El inconfesable genocidio

Francia protegió a numerosos sospechosos de haber planificado y ejecutado las masacres, manipuló pruebas y desvió la atención de manera desembozada. Ahora se están llevando a cabo los primeros juicios por genocidio en París, pero Ruanda, el país de las mil colinas, ha vetado la presencia francesa en el 20º aniversario de su tragedia nacional. El presidente Paul Kagame aprovechó el discurso pronunciado ante 30.000 personas en el estadio Amaharo de Kigali, para afirmar por tercera vez en dos semanas que Francia jugó un papel protagónico en las masacres. El periodista Patrick de Saint-Exupéry, que reveló cómo el Ejército francés toleró tres días de asesinatos masivos en Biserero, tituló su libro sobre aquel episodio con una fórmula elocuente: "Lo inconfesable".

La ausencia de Francia erosiona la imagen de libertador de África que ha intentado construirse Hollande tras intervenir militarmente en Malí y República Centroafricana. Edwy Plenel, director de Mediapart, ha recordado que Francia tardó medio siglo en asumir su responsabilidad directa en el Holocausto, y se ha preguntado por qué Hollande no ha ido a Ruanda a "presentar excusas, pedir perdón y decir la verdad", admitiendo que "Francia -es decir su presidencia, su Gobierno, su Estado y su ejército- fue cómplice del genocidio".

Bélgica, en cambio, hizo ese ejercicio de contrición en el año 2000, y lo repitió en 2004. En 2010, Nicolas Sarkozy reconoció la "ceguera" de Francia, sin ir más allá. Ahora, al no hacer una cosa ni otra, la Francia oficial, dice Plenel, "ha deshonrado al pueblo francés".

Los medios hegemónicos siempre han explicado el genocidio en Ruanda como un enfrentamiento tribal entre hutus y tutsis que disparó el asesinato de más de 800.000 personas, la mayoría de la etnia tutsi. Tras la matanza inicial estalló una guerra civil que dejó al país devastado, y se produjo un éxodo de proporciones bíblicas: más de dos millones de personas buscaron refugio en las naciones vecinas; y otro millón quedó desplazado dentro de Ruanda.

Para el profesor Eric Toussaint, todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio.

Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods, que, por otro lado, rechazan cualquier responsabilidad en la masacre.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia, la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992.

Para justificar la utilización de los préstamos del BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio.

El BM y el FMI omitieron denunciar las cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica a consumar el genocidio.