Homenaje

Un dinosaurio de siete metros lleva el nombre de una científica que dejó su huella en Bariloche

La nueva especie, Rinconraptor pipoae, fue bautizada en homenaje a María Laura Pipo, una paleobotánica que murió a los 30 años y participó en la campaña en la que se recuperaron los fósiles. Ariana Paulina-Carabajal, directora del Museo Paleontológico Bariloche, recordó a su compañera y contó cómo se sumó al equipo que estudia los dinosaurios del norte neuquino.

Un dinosaurio carnívoro de unos siete metros de largo lleva el nombre de María Laura Pipo, una joven científica que vivió y trabajó en Bariloche, donde desarrollaba su investigación sobre las plantas del pasado. Fallecida el 29 de mayo de 2020, a los 30 años, fue homenajeada por sus compañeros y colegas con la denominación de una nueva especie de dinosaurio descubierta en el norte de Neuquén.

Se trata de Rinconraptor pipoae, un dinosaurio terópodo del grupo de los megaraptóridos cuyos fósiles fueron recuperados en el área de Cerro Overo–La Invernada, cerca de Rincón de los Sauces. La descripción científica se publicó en la revista internacional Palaeontologia Electronica y contó con la participación de un equipo interdisciplinario de distintas instituciones, entre ellas el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET) y el Museo Paleontológico Bariloche.

Entre las autoras del trabajo figuran Ariana Paulina-Carabajal, investigadora del INIBIOMA y directora del Museo Paleontológico Bariloche; Karen Ulloa-Guaiquín, becaria doctoral; y Magalí Cárdenas, técnica del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Las tres son socias de la Asociación Paleontológica Bariloche, al igual que Laura Pipo.

Laura era una apasionada en su especialidad y compartió sus conocimientos con el grupo y la investigación. Foto gentileza 

Fue Paulina-Carabajal quien compartió el recuerdo de su compañera y explicó cómo una especialista en plantas fósiles terminó formando parte de un proyecto dedicado a los dinosaurios.

“Era una persona muy dulce, de esas que hablan y se ríen bajito, pero que tienen una personalidad y una sonrisa enorme que iluminaba su cara”, recordó Ariana. Compartían oficina y, según contó, conserva la imagen de Laura girando desde su silla para alcanzarle un mate mientras le sonreía.

Laura era becaria doctoral del CONICET en el INIBIOMA, paleobotánica egresada de la Universidad Nacional de La Plata y estaba realizando su tesis sobre plantas del Cretácico de la Antártida, con el objetivo de estudiar la evolución de los ecosistemas del pasado. Su investigación, sin embargo, también la acercó al trabajo con dinosaurios.

De las plantas fósiles a los dinosaurios

La participación de Laura en el proyecto tuvo una razón científica. El equipo que estudia los dinosaurios del Cretácico del norte neuquino buscaba incorporar conocimientos de paleobotánica para comprender mejor los ambientes en los que vivían estos animales y avanzar en el estudio de las plantas que podían formar parte de su alimentación.

“Necesitamos saber qué comían los dinosaurios herbívoros”, explicó Paulina-Carabajal al describir el origen de esa colaboración.

Antes de sumarse a las campañas en Neuquén, ambas habían compartido salidas de campo en un yacimiento cercano a Bariloche, de unos 50 millones de años de antigüedad, donde se recuperaron fósiles excepcionales de renacuajos con piel preservada, insectos y hojas. Algunos de esos materiales pueden verse en el Museo Paleontológico Bariloche.

El equipo necesitaba saber qué comian los dinosaurios y Laura aportó esos conocimientos. Foto gentileza 

El equipo de dinosaurios también venía registrando troncos y raíces fósiles en los mismos niveles geológicos que los huesos. La incorporación de Laura permitiría estudiar esas muestras y aportar información sobre la vegetación y el ambiente en el que vivieron los animales.

Así fue como la paleobotánica se sumó al proyecto de manera complementaria a su propia tesis. En noviembre de 2019 participó de la campaña en la que se recuperaron los restos que luego permitieron describir a Rinconraptor pipoae.

La preparación de los fósiles se interrumpió durante la pandemia de COVID-19, a lo largo de 2020 y parte de 2021. Cuando finalmente pudieron estudiar los materiales, los investigadores estimaron el tamaño del animal a partir de las vértebras preservadas, la tibia y el húmero, y de la comparación con especies similares.

Un nuevo depredador en el norte de la Patagonia

El hallazgo original se produjo en 2016, cuando personal del Museo Municipal Argentino Urquiza de Rincón de los Sauces, que relevaba el área en busca de otro dinosaurio, encontró los primeros restos. Las excavaciones posteriores estuvieron a cargo de un equipo interdisciplinario encabezado por el paleontólogo Leonardo Filippi, con la participación de distintas instituciones científicas y museos.

El Rinconraptor pipoae, el nuevo depredador en el norte de la Patagonia. 

El Rinconraptor pipoae medía aproximadamente siete metros de largo y se caracterizaba por sus grandes garras curvas y sus huesos livianos, con cavidades neumáticas. Los restos recuperados incluyen partes de la cola, un brazo y una pierna. Otros fósiles asignados a megaraptóridos del área podrían haber pertenecido a ejemplares de más de ocho metros.

La nueva especie también aporta información sobre la convivencia de distintos depredadores en el Cretácico Superior. En Cerro Overo–La Invernada se encontraron evidencias de megaraptóridos y abelisáuridos, dos grupos de dinosaurios carnívoros que compartieron el territorio.

“Esta nueva especie aporta información clave en relación a la interacción entre depredadores. Ahora sabemos que este fue el segundo grupo de dinosaurios carnívoros en el área, por lo que la competencia por el alimento pudo haber sido mayor de la imaginada hasta el momento”, explicó Ariel Méndez, investigador del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología del CONICET y autor principal del estudio.

Los investigadores plantean que ambos grupos podrían haber compartido el ecosistema mediante una diferenciación en el uso de los recursos, aunque el registro fósil todavía no permite establecer con certeza cómo se repartían el alimento.

El nombre del género, Rinconraptor, hace referencia a la cercanía del hallazgo con Rincón de los Sauces. El término pipoae fue elegido para homenajear a Laura, que ayudó a recolectar los fósiles.

Su ausencia dejó una huella profunda pero sus compañeros decidieron que sea eterna en el descubrimiento. Foto gentileza 

Falleció el 29 de mayo de 2020, después de atravesar un cáncer que, según recordó Ariana, avanzó muy rápido y tomó por sorpresa a sus compañeros. Su ausencia dejó una marca profunda entre quienes compartían con ella el trabajo científico y la vida cotidiana en el instituto.

Ahora, su nombre forma parte de la historia paleontológica de la Patagonia: quedó ligado a una especie que vivió hace millones de años y a una investigación en la que ella misma ayudó a reunir las piezas de ese pasado.  (ANB)

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